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Jorge Barón - Foto: Jorge Barón

Bogotá: la capital del terror

Por: Jorge Barón

Sumergida en la impunidad, los malos manejos, la negligencia y el crecimiento exponencial de las bandas criminales, existe un lugar donde los ladrones no le temen a la justicia, ya que están dispuestos a dar la vida por delinquir. Encontramos en esta ciudad, un gobierno deficiente, con grandes muestras de negligencia, y que, además de ello, han demostrado que el control del orden público, y la lucha contra el crimen organizado ¡Les ha quedado grande! En este tétrico lugar, la gente no puede disfrutar de una caminata en el centro o cualquier espacio público por miedo a ser asesinados o robados. Estas características nos pueden recordar a Ciudad Gótica, la ciudad de los cómics de Batman, donde el vigilante enmascarado desarrolla una lucha sin fin contra la escoria criminal de la ciudad. Sin embargo, y resaltando que todo parecido podría y debería ser coincidencia, estoy describiendo a la ciudad de Bogotá. Un lugar donde las fantasías maquiavélicas de autores de Batman como Alan Moore, se quedan cortas comparados con la crueldad e injusticia que se vive en la capital del terror, tal como decían los abuelos, “hay casos en donde la realidad supera la ficción”.

Es así como los atracadores y asesinos de Bogotá se tomaron la ciudad, afectando directamente a las personas. De hecho, la situación es tan crítica que cada hora que pasa roban a 12 ciudadanos, generando así 293 personas atracadas cada día. Es tan grave la situación, que los delincuentes atacan a sus víctimas a plena luz del día, cómo fue el caso de una señora que fue arrastrada por la calle solo por quitarle el bolso, de hecho, hasta los mismos ladrones se enfrentan a la fuerza pública, generando tiroteos en las calles de la ciudad. En cuanto a asesinatos, hubo un incremento de un 12 % entre 2021 y 2022, demostrando que los criminales y las nuevas modalidades de hurto son creadas y tienen una intención psicópata de generarle daño al ciudadano de a pie. Sin embargo, que les impide a estas nuevas bandas criminales tener compasión por los transeúntes, llevándolos a asesinar inocentes, como el caso del joven acuchillado a sangre fría el pasado 30 de diciembre en el TransMilenio o el asesinato de un niño de 7 años ocasionado por un ataque sicarial. Por otra parte, también se tiene las casas de pique en las que torturan y asesinan personas, localizadas en Suba, Engativá y Chapinero. Otro factor que provoca el aumento de los índices de inseguridad, es la situación de hacinamiento en las cárceles de la capital del país, la cual supera un 292 %. Por ese motivo, muchos criminales de delitos menores permanecen en las U.R.I.S por meses y algunos son absueltos. De hecho, de 88 criminales que entran, 72 son dejados puestos en libertad debido a la poca efectividad del sistema y que estos cometieron crímenes menores, dejando así solamente a asesinos y violadores tras las rejas.

Es deber de la alcaldesa mayor, del Concejo de Bogotá y del Estado, el dedicar una buena porción del presupuesto de la ciudad para crear más instituciones penitenciarias. A diferencia de lo que propone el ministro de Justicia, que quiere cambiar el código penal para que los presos trabajen en empresas de día, al igual que los jueces utilicen más el recurso de casa por cárcel, ¿cómo es posible que el ser criminal da más beneficios que ser un colombiano trabajador? Solo espero que el trabajo sea gratis, porque si se les da salario, sería la prueba máxima de que el Gobierno Petro promueve el delito. Señor ministro, nosotros no estamos en Noruega donde las cárceles parecen hoteles.

De esta manera y bajo un ejercicio de política pública, yo propondría que los mismos reos pudiesen ser utilizados como mano de obra gratis para construir nuevos proyectos carcelarios que beneficien a toda la sociedad colombiana. Adicionalmente, ayudaría a nuestra fuerza pública que está desmoralizada por el trato que le da el Gobierno nacional y local, aumentando los beneficios subsidiarios para la policía para que así más jóvenes quieran defender esta institución, lo cual es competencia del Estado. Por otra parte, cambiaría el régimen presupuestal actual para poner a la seguridad como primera prioridad, comenzando, una verdadera guerra contra las pandillas.

Con estas cifras tan alarmantes, ¿Cómo esperamos que el turismo y la inversión económica, crezca para que estas sigan generando empleo y riqueza para nuestra ciudad? Cómo es posible que con un presupuesto de 28,5 billones de pesos no tomen como primera prioridad el combate contra la delincuencia, al igual que la creación de nuevas cárceles para que los criminales le teman una vez más a la justicia y los ciudadanos puedan tener la oportunidad de vivir en paz.