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Opinión

  • | 2019/12/14 00:00

    Hassan en el ring

    Lo cierto es que estamos en un juego sin reglas, en mundo pos-Trump. Las comunicaciones son a otro precio en las que aplican otras lógicas. Hassan Nassar es un periodista de esta nueva era. Más activista que comunicador.

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Volver a empezar. Es la tarea que le piden al presidente Iván Duque adelantar. No es nada fácil. Armar un nuevo gabinete con “responsabilidad política” es un camello descomunal; más aun, después de 16 meses de gobierno. Es la cuadratura del círculo.

No es un dilema que Duque se imaginó cuando armó su equipo de cuatro años. Ya ha tenido que cambiar –por decisiones de terceros– a tres ministros: Justicia, Defensa y Relaciones Exteriores. Una inestabilidad ministerial poco vista en la política colombiana que dificulta la toma de decisiones y es particularmente difícil cuando no se tiene control del remezón; a ninguno le tenía reemplazos.

Los sucesores dejan mucho que desear. La ministra de Justicia, aunque ciento por ciento uribista, no ha logrado calar. El ministro de Defensa no cambió la línea de Guillermo Botero y, por ende, no ha podido arrancar en el tema. La canciller tampoco. Ella enfrenta un dilema: o cambia la política exterior, o se queda con la de Carlos Holmes Trujillo. Mucho tilín tilín y nada de paletas.

El gabinete no ganó gobernabilidad con esos nombramientos y, por eso, las exigencias de ahora. Tristemente viene un giro al perfil de los ministros; menos técnicos, más políticos. Los ‘gabinetólogos’ estiman cinco o seis nuevos nombres para 2020.

Se da como un hecho alguien diferente en Agricultura. No hay suficiente respaldo para Andrés Valencia. Una lástima; es de los mejores y una prueba de la despolitización del campo. Espero que el reemplazo no caiga en esa práctica del pasado.

Como se anunciaba, se va el consejero de comunicaciones, Álvaro García, un hombre bueno que paga por las decisiones de otros. Es evidente que Iván Duque creyó el cuento de que el mensajero es el problema.

Lo cierto es que estamos en un juego sin reglas, en mundo pos-Trump. Las comunicaciones son a otro precio en las que aplican otras lógicas. Hassan Nassar es un periodista de esta nueva era. Más activista que comunicador.

Llega Hassan Nassar, 500 por ciento uribista y con un estilo confrontacional como le gusta a Álvaro Uribe. Hassan no es de una personalidad para hacer las paces y unir fuerzas. Todo lo contrario. Un hombre de lucha libre 24/7. Para Hassan el mundo es blanco y negro. Y punto.

Duque aceptó la recomendación del ala radical del uribismo. Es una decisión arriesgada dado su déficit de respaldo de la opinión pública. Debe pensar que las encuestas no son creíbles, y que las multitudinarias protestas son de una minoría de la población.

Hassan no será el único ajuste. Los nuevos ministros representarán una nueva manera de interactuar. Se espera una sobredosis de comunicación y una posición adversaria con los críticos. Nada de pedir perdón, para algunos, el error del anterior Gobierno.

Las redes sociales de Duque 4.0 serán claves, ya que contrató al tercero de Colombia en el tema (Hassan Nassar). Él sabe que no es con tibieza que se llega a ese ranking.

Algunos creerán que Hassan no puede imponer su estilo. Que la presidencia no permite permisividad. Que hay que adaptarse y no al revés. Lo cierto es que estamos en un juego sin reglas, en mundo pos-Trump. Las comunicaciones son a otro precio en las que aplican otras lógicas. Hassan Nassar es un periodista de esta nueva era. Más activista que comunicador.

Tampoco lo afectan los tuits del pasado en los que él se burlaba de los altos consejeros. Es parte del juego. Con el tiempo pasarán los tuits a mejores días.

Duque tomó una decisión y eso hay que aplaudirlo. No podía ser amigo de todos; no es posible en la Colombia hoy. Lo sorprendente es que optó por el camino no esperado. Cuando se pensaba por una gran apertura, fue al contrario. Reafirmó su posición a la derecha.

El 2020 va a ser un año duro. La primera prueba se dará en los próximos días con la votación de la reforma tributaria. Habrá que ver si el anuncio del nombramiento de Hassan Nassar en Palacio suma o resta votos. Lo que sí es claro es que volver a cubrir periodísticamente la Casa de Nariño es otra vez divertido.

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