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Opinión

  • | 2018/04/21 22:15

    Sumisión

    ¿Qué vienen siendo el presidente Santos y el fiscal Martínez? ¿Cómplices de la DEA? ¿Víctimas chantajeadas por la DEA? ¿Héroes de los Estados Unidos? ¿Las tres cosas a la vez?

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Decía el Libertador Simón Bolívar que “los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia para plagar de miserias a la América en nombre de la libertad”. Sin duda los suramericanos hemos puesto bastante de nuestra parte en la creación de nuestras propias desgracias. Pero tampoco cabe duda de que los gobiernos de los Estados Unidos nos han ayudado bastante a agravarlas.

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O bien directamente, mediante intervenciones militares que empezaron con la de México a mediados del siglo XIX y se repitieron 20 o 30 veces hasta la de Cuba en los años sesenta del siglo XX (o la de Venezuela mañana, en el siglo XXI); o bien por interpuesta persona, a través de gobernantes locales sometidos “por coacción o convicción” (para parafrasear a uno de ellos, nuestro entonces presidente Ernesto Samper). Los pocos que no se han dejado ni convencer ni coaccionar han sido prontamente derrocados, desterrados o asesinados, o terminaron suicidándose, como el brasileño Getulio Vargas o el chileno Salvador Allende. Muy pocos se han atrevido a resistir. Solo se me ocurre uno: el cubano Fidel Castro, que escapó a cien tentativas de asesinato y murió de viejo.

Traigo a cuento estas viejas historias porque me parece que nuestro ya casi expresidente Juan Manuel Santos y nuestro futuro presidente y hoy fiscal general Néstor Humberto Martínez no son de los que resisten o se suicidan, sino más bien de los que se agachan: por convicción o bajo la coacción. Como lo estamos viendo en el caso de (para decirlo en términos de la justicia norteamericana, a la que allá apodan “the best justice money can buy”) DEA versus Santrich.

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Yo no sé si el dirigente de la Farc y exmiembro del Secretariado de las Farc Jesús Santrich estaba en el negocio del narcotráfico. Pero tampoco lo saben ni Martínez ni Santos, a quienes se lo contó la DEA, la agencia antidrogas norteamericana, con pruebas que ellos llaman contundentes y concluyentes sin haberlas visto. Puede ser que sí, puede ser que no. Y puede ser incluso que el proyecto de negocio, que no llegó a cuajar, no sea delito en Colombia, donde la “conspiracy” que alega el juez de Nueva York no equivale al “concierto para delinquir” de aquí, y además no se hizo fuera del territorio colombiano, por lo cual el delito, si lo hubiere o hubiese, no sería extraditable. Leguleyadas. Porque, como señala en El Nuevo Siglo el exmagistrado de la Corte Suprema Jaime Arrubla Paucar, en lo referido a las extradiciones pedidas por los Estados Unidos “todo puede pasar”, porque “hemos visto que terminan acomodándolo”.

Y puede ser que todo sea también (todo a la vez: no son hechos mutuamente excluyentes) uno de los habituales montajes de la DEA a través del “entrapment” o entrampamiento, su táctica favorita, y tal vez única, para capturar narcotraficantes: la DEA no intercepta sino las drogas que ella misma transporta, y no captura sino a los narcotraficantes que ella misma induce a narcotraficar. Es justamente el caso de Rafael Caro Quintero, el mexicano con quien nos dicen que Santrich pensaba mandar su alijo de 10 toneladas de cocaína. Un narco que venía de pasar nada menos que 28 años en la cárcel, a la que había ido a dar hace 30 por denuncia de la DEA, que lo había persuadido de que colaborara con la CIA en el financiamiento de los “contras” antisandinistas de Nicaragua con las ganancias del narcotráfico. Como se recordará (aunque me temo que no se recuerde) en tiempos del presidente Ronald Reagan, y a espaldas del Congreso norteamericano, la CIA y la DEA montaron un complicado engranaje mediante el cual las ganancias de la CIA con la exportación de drogas ilegales hacia los Estados Unidos servían para financiar la lucha contra la revolución sandinista en Nicaragua bajo la dirección del narcocoronel Oliver North, que luego quiso ser senador, y se hizo millonario vendiendo sus memorias, y no solo recibió un perdón presidencial por sus delitos sino que fue proclamado por Reagan “héroe de los Estados Unidos”.

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Y entonces: ¿qué vienen siendo el presidente Santos y el fiscal Martínez? ¿Cómplices de la DEA? ¿Víctimas chantajeadas por la DEA? ¿Héroes de los Estados Unidos? ¿Las tres cosas a la vez?

Lo que sí queda claro una vez más es que los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia para… etcétera. 

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