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Opinión

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*El audio de este artículo está hecho con inteligencia artificial.

Quiero excusarme, incluso con Hassan Nassar, por haberme salido de casillas esta semana, en medio de una entrevista. Nunca debí perder el control, pero me dolieron mis hijos y mi esposo, me dolió el honor que he cuidado durante 46 años de mi vida.

Creo que caí en una trampa que premeditadamente me tendió el provocador consejero de comunicaciones del gobierno. Yo tuve una reacción humana, inaceptable en mi papel de periodista. Él decidió atacarme de manera muy baja con información privilegiada que misteriosa y convenientemente le llegó a sus manos, en lugar de responder las preguntas que le hice sobre la utilización del avión presidencial.  

Hassan iba con un objetivo: atacarme con algo personal para descalificar mis cuestionamientos. 

Él me engañó, él no iba a cumplir su papel de vocero, él iba listo a masacrarme. Hoy pienso que a Julio Sánchez Cristo, o a Néstor Morales no les habría hecho lo mismo, solo por poner cualquier ejemplo. A no ser que la nueva estrategia del Gobierno Duque sea callar al periodista que se atreva a criticarlos con chantajes derivados de asuntos personales, logrados con inteligencia muy rápida y verificaciones, antes de cada entrevista. A cuántos les tendrán guardados de verdad. Grave y peligroso. 

Llamé a Hassan de buena fe para que el programa del martes a las doce no saliera sin la versión de palacio. Me dijo que hablaría 24 horas después en la radio. Le expresé que esperar tanto no era buena idea. Se negó. Pero luego, cuando armó el plan, me escribió  que me daría “la primicia”. Eso sí, me pidió que como vocero del Gobierno Duque no lo pusiera a debatir con nadie. Ante un tema tan sensible, acepté. Ya al aire, lo saludé amable, le permití hablar sin interrupciones más de seis minutos, pero cuando le hice la primera pregunta, sacó su primer as bajo la manga, me habló de la protección que les presta a mis hijos la UNP, por desgracia amenazados como consecuencia del trabajo de su mamá. Gracias a Hassan ya todo el país lo sabe, incluso los delincuentes. Yo contesté de manera transparente y seguí la entrevista. Le insistí en por qué los invitados de la familia presidencial no se fueron en un vuelo comercial y pagaron sus tiquetes. Nassar me sacó lo que para él era mi más ‘grande pecado’: haber viajado en el avión presidencial en el Gobierno Santos en una misión oficial por la canonización de la Madre Laura. Todos los invitados iban con sus esposos y esposas, por protocolo. Yo además fui a trasmitir el momento para La FM. No me fui a escondidas, no le pedí al presidente que me invitara y mis jefes estuvieron enterados. Hubo más periodistas en la ceremonia y varios de los más importantes empresarios de Colombia. A nadie le queda duda de mi posición crítica frente a Juan Manuel Santos. Yo no valgo un viaje en el avión presidencial. Pero Hassan me señaló. Su mensaje era, cállese que usted no puede preguntar ni cuestionar al presidente Duque porque usted ha viajado en el avión de los presidentes.

De ser así, la gran mayoría de directores de medios estarían impedidos. Muchos, si no todos, han hecho este tipo de viajes. Pero él esa lista no la sacó. Él quería ponerme a mí en entredicho. De los demás seguro sintió miedo. Ojalá publique no solo ese viaje si no todos los de los últimos 20 o 30 años.

15 minutos después de estar al aire, Hassan me habló de hipocresía y doble moral. Estallé y pasó lo que ustedes saben. Al final nunca contestó lo que debió contestar como vocero del Gobierno. Cargo para el cual lo considero no apto, al margen de la rabieta. 

Este episodio, que repito, no debería haber ocurrido, ha movido las fibras. Lo comprendo. Incluso, algunos colegas han pedido mi cabeza o han calificado el hecho como la “muerte” del periodismo. ¿En serio?, ¿un enojo que no justifico es lo peor que le ha pasado al periodismo de Colombia? 

Grave que algunos periodistas hayan decidido ser fichas a sueldo de los carteles de la droga, los paras, las Farc o el ELN. ¿No será que todos los que comieron en la coca de los millonarios contratos del Gobierno Santos para hablar en favor de la paz  fueron peores? Ni qué decir de todos los habilidosos periodistas-negociantes que no han dejado de beneficiarse de todos y cada uno de los gobiernos durante décadas y están ricos.

¿Lo que hice fue tan catastrófico como para que el maestro Juan Gossaín, a quien admiro y quiero, sienta vergüenza de ser periodista? Él durante décadas ha visto lo peor de muchos colegas. Estoy segura de que en sus recuerdos tiene casos ejemplarizantes que de verdad nos sonrojan.

Jamás hago ni siquiera un retuit a las críticas que les hacen a otros periodistas. No me sumo al linchamiento, ni pertenezco a la sociedad del mutuo elogio.

Que este y el otro salen en los papeles de Panamá, que alguno tiene a toda su familia colocada en cargos públicos, que aquel la embarró al aire. No, no me aprovecho, porque detesto el canibalismo. Pero siempre me quedo callada cuando me caen. Me sorprende por ejemplo la pila Camila Zuluaga, quien llegó al espacio de Blu, al mediodía, a replicar el modelo que yo implementé en La W y ahora está adolorida y sufriendo por el periodismo que yo hago. Sería bueno que ella invierta esa energía en crear algo propio y que conecte con la gente. Le iría mejor. 

Por Néstor Morales, que es muy buen periodista, solo siento angustia, debe ser muy difícil y agobiante ser el cuñado del presidente y tener que defenderlo obligatoriamente todos los días. 

Del Círculo de Periodistas de Bogotá acepto el llamado de atención, pero respetuosamente los invito a que sean más activos y agudos frente a los verdaderos problemas del gremio. 

No he recibido emisoras de los gobiernos, como algunos que disfrutan de jugosas rentas por tenerlas alquiladas. Ni ningún otro beneficio económico. No utilizo mis relaciones con las fuentes como lo hacen algunos del circulito bogotano para obtener beneficios y prebendas. Siempre he vivido de mi sueldo. Hoy incluso tengo dos hermanos desempleados porque soy incapaz de llamar al presidente o a sus ministros para que los empleen. 

Lo que hice no lo vuelvo a hacer. Pero el país que me conoce sabe que tengo carácter y que soy transparente. Aquí el periodismo está más vivo que nunca y lleno de periodistas valientes y admirables. Los colombianos esperan que todos los que desempeñamos este oficio estemos a la altura y no hagamos trampa para sobresalir subiéndonos en el cadáver de los otros colegas. Hay algunos que mueren por verme fuera de combate. Conozco sus intrigas. 

No sé si el presidente Iván Duque autorizó a Hassan Nassar a hacer lo que hizo. Me gustaría saberlo. ¿Estará la inteligencia del Estado dispuesta a volverse la mano derecha del Gobierno y del provocador Hassan que quiere ganar los debates nacionales atacando a los periodistas y no respondiendo como debe ser, que es por lo que le pagamos como vocero? En todo caso la polémica del avión murió como querían en el Gobierno. Yo quedé avisada, como debería estar toda la prensa colombiana. Pero con humildad acepto que me equivoqué, perdón. 

Gracias a los que me han entendido y apoyado. 

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