OPINIÓN

Gloria Díaz Martínez

Motos: ¿el problema o la solución de movilidad en Bogotá?

Ante el desastre vial en Bogotá, son cada vez más el número de ciudadanos que se suben a una motocicleta… Sin embargo, otro sector de la ciudad dice estar “mamado” de las motos.
16 de noviembre de 2022 a las 10:26 a. m.

Desde hace muchos años, aprendí a manejar moto en Guaduas, Cundinamarca, el pueblo de mamá. Cada vez que llegábamos al pueblo, junto a mis primas, conducíamos una FZ50 blanca que nos servía para llegar pronto a la casa de la abuela. Con el paso del tiempo y mientras comencé mi función pública, la fui dejando un poco de lado.

Hoy muchos años después y ante el desastre vial que se vive a diario en Bogotá, junto a mi esposo decidimos subirnos nuevamente a la moto, esta vez no solo con el fin de movilizarnos más rápido, sino para ponernos en los zapatos de los más de millón doscientos mil ciudadanos que utilizan este vehículo como su medio de transporte.

Problemáticas tan recurrentes como los huecos, el deterioro de la malla vial, la falta de señalización e imprudencia de los conductores, son apenas algunos de los factores que hacen que los motociclistas sean los más afectados por siniestralidad.

Según cifras del Observatorio de Movilidad de Bogotá, durante este año han fallecido más de 150 personas en accidentes de tránsito con este tipo de vehículos en la capital. Esto equivale a un aumento de las fatalidades del 14,3 % con respecto al mismo periodo de 2021, cuando las autoridades de tránsito habían registrado 129.

Si bien es cierto que las vías están en pésimo estado para todos los actores viales, para las motos resulta todo un reto movilizarse por la ciudad, sumándole a esto la inseguridad y sin contar lo que significa ser mujer motociclista en Bogotá. A diario nos vemos expuestas a diferentes tipos de acosos, insultos y otras situaciones repudiables, que ahora que lo vivo en carne propia me hace sentir una completa admiración hacia todas ellas.

Según Miguel Gómez Martínez, presidente de Fasecolda, en promedio las personas de 25 a 35 años son las que más usan motocicletas, 78 % hombres, y con el paso de los meses, son cada vez más las mujeres que se suben a las motos. Aunque nuestra participación es menor, Gómez asegura que somos mucho más responsables al momento de circular por la ciudad y respetar la normatividad de tránsito.

¿Pero por qué los ciudadanos están comprando moto?

Ante tanta inmovilidad en la ciudad, son cada vez más el número de ciudadanos que se suben a una motocicleta. De acuerdo con gremios como la Andi y Fenalco, la industria y la importación de motocicletas, reportó un incremento en ventas del 41,5 % en los primeros nueve meses del año con un acumulado de 396.873 unidades.

Según Bogotá Cómo Vamos, hoy en la ciudad circulan cerca de 2′400.000 vehículos. De estos, el 50 % son automóviles, el 20 % motocicletas. Solo 5 % corresponde a transporte de servicio público y 2 %, a taxis. Esto significa que por cada tres habitantes hay un vehículo a motor y por cada motocicleta, cuatro carros.

Todas estas estadísticas resultan preocupantes, ya que se refleja un claro panorama de inmovilidad, que se agudiza por una deuda histórica con la infraestructura vial de la ciudad, así como un precario servicio de transporte público, por lo que los ciudadanos prefieren subirse a una moto y de cierta forma “arriesgar sus vidas” que seguir metidos en el articulado de TransMilenio dos o tres horas al día.

Entre tanto, otro sector de la ciudad dice estar “mamado” de las motos, y en cierta medida les hallo la razón ante tanta imprudencia que se ve en las vías… Hay mucha gente que cree que el Código de Tránsito no opera para las motos, piensan que pueden andar por los andenes, meterse en contravía, subirse por los separadores, pasarse los semáforos en rojo, entre otro montón de maromas con las que salen algunos “motociclistas” que pareciera les regalaron la licencia, poniendo en peligro su integridad y la de los demás. Para ellos, las normas de tránsito son simbólicas y esto se refleja en los altos niveles de accidentalidad.

Sin duda, el ideal de una movilidad sostenible implicaría desestimular el uso del transporte privado para aumentar el servicio público de transporte de calidad y otros medios de transporte alternativos. Pero por el momento, desafortunadamente esta es la realidad de Bogotá, y si se mantiene el ritmo de crecimiento del parque automotor, para 2025 existirán más de tres millones de vehículos motorizados en la ciudad.

Lo que queda ahora es tener en cuenta esta nueva realidad, contemplando fuertes sanciones para los infractores, capacitando más a los conductores, y desde luego, adaptar las vías de la ciudad incluyendo dentro de los próximos Planes de Ordenamiento Territorial la distribución de todo un sistema vial que integre franjas de separación para estos motorizados, con el fin de ofrecerles a los usuarios mayor seguridad, velocidad, economía y comodidad.

¿Y qué está pasando con el Soat?

De acuerdo con un informe publicado por la Agencia Nacional de Seguridad Vial, de cada 100 accidentes que hay en Colombia, 87 son vinculados a motos. Adicionalmente, estos actores viales se convierten en los grandes evasores del Soat, el seguro que los protege en caso de que haya algún tipo de accidente. Cerca del 80 % de las motos que circulan en nuestro país no tienen Soat y son las mayores causantes de siniestros viales por imprudencias e incumplimiento de las normas de tránsito. A esto se le suma el valor del seguro que en muchos casos asciende a los 655.000 pesos.

Pero la escasez del documento va más allá. A finales del año pasado, el Congreso aprobó una ley que restringía las comisiones que las compañías aseguradoras podían reconocer a los intermediarios del Soat, por lo que les puso un techo del 5 % del valor del seguro, esto produjo que muchos de los intermediarios que antes vendían el seguro ya no les resultara tan rentable, ya que además, para venderlo, se requiere una serie de requisitos técnicos y costos asociados.

Por lo pronto, el llamado es al Ministerio de Transporte para que, mediante estrategias efectivas, agilice estos procesos y se haga toda una labor de seguimiento para reducir los niveles de evasión y accidentalidad. De igual manera, tener en cuenta la inclusión de políticas públicas que logren garantizar los derechos de los motociclistas y demás actores viales alrededor del país.