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Opinión

  • | 2018/10/27 14:05

    El reportero y el arzobispo

    Mientras monseñor Tobón celebra la benévola acogida al victimario, los niños que sufrieron sus abusos no han encontrado justicia.

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Juan Pablo Barrientos, periodista de la W Radio, encontró la prueba reina de una mentira del arzobispo de Medellín, monseñor Ricardo Tobón Restrepo, quien además es el vicepresidente de la Conferencia Episcopal de Colombia. Lo grave del caso es que la mentira del señor arzobispo sirvió para proteger y reubicar por fuera de su diócesis a un cura señalado de pederastia y suspendido de su ministerio sacerdotal como consecuencia de esos hechos.

Barrientos, reportero riguroso e insistente, ha publicado quizás la investigación periodística más completa sobre abusos de sacerdotes a niños. Bajo el título ‘Dejad que los niños vengan a mí’, el periodista ha documentado decenas de casos de pederastia cometidos por sacerdotes.

Uno de esos supuestos criminales es el padre Roberto Antonio Cadavid Arroyave, quien ha sido objeto de numerosas denuncias por abuso sexual de menores, durante su desempeño como sacerdote, capellán y rector de colegios parroquiales en Antioquia.

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La investigación de Barrientos señala que en 2005 el padre Cadavid tuvo que encerrarse en la casa cural de la iglesia de Nuestra Señora de Chiquinquirá, en Bello, a esperar a que vinieran a sacarlo escoltas armados porque habían surgido denuncias por abusos sexuales contra dos niños. Una de las víctimas era familiar de un miembro de una banda delincuencial que operaba en la zona y quien ofreció tomar la justicia por su propia mano.

La Unidad Investigativa del diario El Tiempo siguió el caso y encontró el revelador testimonio de una de las víctimas: “Yo era el monaguillo de la parroquia de Nuestra Señora de Chiquinquirá, en Bello, Antioquia, y el padre Roberto Cadavid era el rector del colegio y párroco de la iglesia. Él sabía de la mala situación de mi familia y me dijo que sirviera de mesero en la celebración del Día del Profesor. Se terminó muy tarde y me dijo que me quedara: esa noche abusó de mí”.

Mientras monseñor Tobón celebra la benévola acogida al victimario, los niños que sufrieron sus abusos no han encontrado justicia


Sin importar las denuncias, el padre Cadavid fue nombrado en otra parroquia, la de Santa Ana en la zona de Manrique, y en otro colegio donde continuaron los abusos. El Tiempo publica copia de un cheque girado de la cuenta del Colegio Pablo VI a una de las presuntas víctimas, que habría tenido el propósito de asegurar su silencio. También hay una declaración notarial en la que alguien se compromete a no denunciar al cura a cambio de 88 millones de pesos.

Pese al rastro imborrable de sus abusos, el padre Cadavid apareció ejerciendo como sacerdote en Estados Unidos. En marzo de este año, Juan Pablo Barrientos le preguntó al arzobispo de Medellín sobre el caso:

–¿Cómo terminó en Estados Unidos?

–No sé, porque él está desvinculado de la arquidiócesis –respondió monseñor Ricardo Tobón.

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–Pero estuvo hasta el verano (junio) del año pasado en Estados Unidos –insistió el periodista–. Uno se imaginaría que tendría que haber tenido permiso de la Arquidiócesis de Medellín o la de Brooklyn. ¿Cómo es el proceso de un sacerdote que se va? Me imagino que usted lo tiene que autorizar…

–No –negó tajantemente monseñor– una persona que está desvinculada de la arquidiócesis o suspendida, como fue la primera etapa de él, procede en libertad como un ciudadano que actúa según lo que mejor le conviene.

–¿Ustedes nunca se enteraron de que él estaba en Brooklyn ejerciendo en una parroquia? –insistió el reportero.

–No supe eso –aseguró el arzobispo.



Sin embargo, dos documentos firmados por el propio arzobispo Tobón y entregados hace unos días al periodista Barrientos por la Diócesis de Brooklyn desmienten elocuentemente a monseñor.

El primero es una carta del 29 de noviembre de 2012, en la que monseñor Tobón presenta al cura Cadavid ante el obispo de Brooklyn, monseñor Nicholas Anthony Dimarzio, en estos términos: “El Padre Roberto me ha pedido le permita ejercer su ministerio en la Diócesis de Brooklyn. Le agradezco la acogida y el acompañamiento que le pueda brindar. De mi parte tiene licencia para servir en la misión que Usted le quiere confiar”.



Tres años después, en febrero de 2015, el arzobispo de Medellín volvió a escribirle a su par de Brooklyn, autorizando la extensión de la visa estadounidense del cura Cadavid. Allí dice: “Le agradezco de corazón la benévola acogida a este sacerdote”.



Mientras monseñor Tobón celebra la benévola acogida al victimario, los niños que sufrieron sus abusos no han encontrado justicia.

Por casos similares, el papa Francisco ha removido de sus puestos a altos jerarcas en Estados Unidos y en Chile. 

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