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Opinión

  • | 2019/05/14 09:12

    Pensiones: me pasé al sistema público

    La urgente reforma al sistema general de pensiones es nuevamente parte del debate público. Este tema estuvo presente en la candente discusión del Plan de Desarrollo y seguirá siendo protagonista de la agenda del Gobierno nacional. Son muchas las voces expertas que califican dicha reforma como de carácter inaplazable, siendo el esquema actual regresivo, insostenible e inequitativo.

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Mi aporte a esta discusión lo hago desde mi propia experiencia: en meses recientes me pregunté cuál de las opciones disponibles me era de mayor beneficio. Esto para un asalariado de 45 años con relativas condiciones favorables en su estabilidad y proyección laboral, además de un privilegiado acceso a expertos y a literatura técnica sobre la materia. Mi conclusión fue inequívoca: yo debía tramitar de inmediato (como efectivamente lo hice) mi traslado desde el fondo privado en el que me encontraba desde hace más de una década, hacia el sistema público administrado por Colpensiones.

 En el proceso para llegar a esta conclusión entendí la urgencia de la reforma y la importancia de que este debate se adelante con plena transparencia para los ciudadanos. Pocas cosas más importantes para la calidad de vida del adulto mayor (y por esa vía para la estabilidad social del país) que contar con una pensión digna y un apropiado acceso a servicios de salud.

 Un primer elemento a destacar es la diferencia esperada en el monto de la mesada pensional al comparar los dos regímenes que conviven actualmente. En condiciones normales para trabajadores que devenguen varios salarios mínimos, las mensualidades para beneficiarios de los fondos privados serán entre la mitad y un tercio de las que recibirían en el esquema público. Esto es, una persona típica con estabilidad laboral que devengue hoy en día, digamos, tres millones de pesos al mes, esperaría una jubilación en Colpensiones con una mesada de unos dos millones de pesos. La misma persona recibiría un salario mínimo en un fondo privado.

 Esto se debe a la condición de prima media del sistema público, en donde el valor de la mensualidad corresponde a una fracción del salario promedio de los últimos 10 años laborados y en el que el mismo Estado asigna los recursos que sean del caso para garantizar tales montos. Este es un esquema regresivo dado que personas de altos ingresos recibirían mayores contribuciones del erario.

 Siendo cierto que no es sostenible que se genere déficit en los aportantes, en un contexto de envejecimiento de la población, la pregunta que sigue es si el modelo actual de los fondos privados es la solución óptima. Por ejemplo, ¿somos plenamente conscientes quienes estamos en edad productiva que estos fondos pueden implicar en muchos casos menores ingresos de jubilación?

 Otra consideración pertinente es que los administradores de los fondos privados operan con reglas similares a la banca de inversión, en donde no solo no garantizan la rentabilidad de los portafolios, sino que cobran sus cuotas de intermediación así se hayan generado pérdidas en los mismos. Entendiendo que hay múltiples factores a considerar, si esto fuera mi decisión, yo optaría por tener los ahorros de mi vida en títulos CDT con menores riesgos, rentabilidad fija y sin cuotas de manejo.

 La solución no es fácil e incluye grandes cambios en nuestra cultura de ahorro, una política efectiva de formalización y un análisis comparativo de buenas prácticas internacionales. También es fundamental que esta conversación suceda de cara a los ciudadanos, haciendo uso de un lenguaje que pueda ser entendido por todos. Del mismo modo, este debate tiene profundas implicaciones éticas al momento de elegir la vocería de la clase trabajadora. En lo que a mí concierne, ese papel no lo deben asumir los fondos privados, quienes ya están suficientemente ocupados defendiendo su agenda. Ellos no necesariamente representan mis intereses ni el de la mayoría de colombianos.


*A partir de hoy y los miércoles cada 15 días estaré publicando esta pieza gracias a la generosidad de Semana y su equipo editorial. Espero estar a la altura de los colegas columnistas y que mis reflexiones sean útiles para la magnífica audiencia de la revista

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