Qué aburrición seguir hablando o escribiendo del odio que hay en esta campaña. Los de Abelardo contra todo el mundo, los de Cepeda contra Oviedo, por ser gay y contra Paloma, por ser mujer, y también –no hay que excusarlos– algunos de Paloma, que confrontan con la misma virulencia de los demás.
Lo que nadie puede negar es que Juan Daniel Oviedo es la gran revelación de esta campaña. Le ha dado aire a la política con su autenti-
cidad, su espontaneidad, su manera de comunicarse, y, además, con la seriedad de sus mensajes que sin la prosopopeya de unos y de otros, le llegan al ciudadano del común.
Lo cierto es que hay un grupo inmenso de ciudadanos, que son de centroizquierda, centroderecha y centro-centro difíciles de definir, pues se mueven para un lado y para el otro y, no nos digamos mentiras, definen elecciones. Ese centro fue el que eligió a Gustavo Petro porque representaba un cambio fundamental y con su narrativa logró vender una idea de lo que iba a hacer su gobierno, que los convenció, pero luego los traicionó.
Hoy se dan dos fenómenos con ese centro. El primero, es que tienen una gran desilusión, una parte importante de ellos, con lo que Petro hizo en el gobierno luego de la expectativa que generó cuando llegó al poder. Se sienten traicionados, se sienten frustrados. Tienen rabia porque no cumplió lo que prometió y, al contrario, lo ven como un presidente racista y misógino, en abierta contradicción con lo que defendió a lo largo de su vida política y, con mayor razón, durante su campaña presidencial.
Lo segundo, es que ven con inmensa preocupación lo que puede ser un gobierno de extremos. No les llama la atención Cepeda o Abelardo, pero sí tienen claro que tanto uno como otro representan un gran peligro para la democracia. Obvio, el temor frente a Cepeda viene de su historia y de su cercanía con Petro, y tienen claro que haría una constituyente y así acabaría con la separación de poderes y con las libertades, entre ellas la de expresión, que hoy vemos en riesgo cuando Petro utiliza el gobierno, sus instrumentos, su poder y sus esbirros para hacerlo, con el absoluto silencio cómplice de su candidato.
Este último es un tema para otro columna, pero nunca en la historia moderna de Colombia, desde la dictadura de Rojas Pinilla, cuando cerró periódicos, habíamos visto un ataque a los medios de comunicación y a los periodistas, como hoy se da por parte de un gobierno supuestamente democrático. Como dice el dicho, si así es el desayuno, ¿cómo será el almuerzo y cómo será la comida? Queda claro y el anuncio es lo suficientemente contundente: la libertad de prensa moriría con Cepeda, como murió con Chávez y con Maduro.
Pero volviendo al tema de este escrito, lo que Oviedo representa para esa clase media y para esos jóvenes aburridos con todo lo tradicional no tiene nombre, y el hecho de que Paloma Valencia lo tenga como su fórmula vicepresidencial muestra lo que ella es, una mujer de carácter y de principios, pero que incluye y no excluye como lo hacen los sectores radicales a los que se enfrenta. También, de paso, muestra lo que Oviedo es: un hombre sensato que se la juega por Colombia y que entiende que su carrera política, que quizás podría haber tenido más éxito si no aceptaba ese cargo, es importante, pero más lo es el futuro del país.
A la campaña le ha metido un vibra increíble, pues su mensaje no es el tradicional y acartonado de la mayoría de los candidatos, sino uno que rompe la tradición y la comunicación política que hasta ahora habíamos visto en las campañas tradicionales. Va más allá, incluso burlándose de sí mismo o de la bailada de otro candidato a la Vicepresidencia, pero con un humor sano y no ese nocivo y tóxico que hoy vemos por todos lados.
Usó el “usted no sabe quién soy yo” para contar de su accidente y porque hoy habla con ese acento de gomelo, que la verdad es hasta divertido. Y las campañas de la mazorca y de las frutas son geniales, llenas de humor y de contenido. Le llegan a todo el mundo. Luego, su manera de acercarse a la gente y de hablarle claro es un plus que, sumado a su conocimiento, que expone en foros temáticos serios, agrega muchísimo valor como candidato a la Vicepresidencia.
Y el otro tema, el de fondo, por el que acusan a Paloma y a Oviedo, y a quienes los seguimos, de ser tibios o más de lo mismo, incluso ser de izquierdas o no lo suficientemente feministas como de manera absurda, algunas se refieren al caso de Paloma. Oviedo es abiertamente gay. ¿Y? ¿Por eso no le puede servir a Colombia? ¿Lo vamos a excluir? El mensaje de la campaña de Paloma, sumando ganamos todos, no es carreta y la selección de Oviedo lo deja claro. Como también queda claro que van a hacer respetar la Constitución y los derechos que ya hay en ella y las decisiones judiciales y políticas que han tomado las Cortes y el Congreso. ¿Es eso malo? No.
La verdad, la campaña de Paloma y Oviedo es una brizna de viento fresco. En este mundo de odios, de terror, de exclusión, de polarización y de mentiras, está dupla que habla claro, que le llega a la gente y que dice aquí están todos bienvenidos, vale la pena que lleguen al poder.
