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La historia detrás de la primera filarmónica indígena de Colombia

En medio de las montañas antioqueñas, Alejandro Vásquez encontró uno de sus propósitos de vida: crear y dirigir la primera filarmónica indígena del país, que está integrada por niños, niñas y jóvenes de la comunidad emberá.


Gracias al particular sonido del violín, que oía en la grabadora de un vecino, a Alejandro Vásquez se le despertó el amor por la música, a los 10 años. Hoy no solo es el director general de la Filarmónica Metropolitana del Valle de Aburrá, sino un buscador constante de talentos y empoderador musical, pasión que lo llevó en 2017 al resguardo indígena Marcelino Tascón, en el municipio de Valparaíso, Antioquia.

Allí vive una comunidad del pueblo emberá chamí, con la que empezó a trabajar. “Ellos son muy tímidos con alguien nuevo. Pero al ver que la gente llega con buenas intenciones, que quiere compartir y aprender de ellos, se van soltando. Tienen su trapiche y su cultivo, pero sus dificultades económicas son grandes. Entonces uno intenta que, por medio de la música, piensen en otras cosas y disfruten haciendo música”, comenta Vásquez en el primer episodio de la segunda temporada de Mejor Colombia, un pódcast que recopila historias de resiliencia contadas desde el corazón de las regiones del país.

La que se convertiría en la primera filarmónica indígena del país arrancó a través de la fundación Música para la Paz, que buscaba la iniciación musical de niños, niñas y jóvenes del resguardo. “Ellos tenían contacto con el piano –organeta– y con la guitarra, y acababan de recibir los primeros instrumentos de viento. Cuando volví al resguardo, llegué con los instrumentos orquestales, los de cuerda frotada. Habían montado una canción completa en español, y otras que mezclaban emberá y español, en las que hablaban de la madre tierra, del cuidado, de que todos somos iguales”, agrega Vásquez.

Fue así como en 2019, a través de la corporación social Pasión y Corazón, se creó la Orquesta Filarmónica Emberá, que armó Vásquez con la certeza de cambiar vidas y potencializar las habilidades musicales de los niños y los jóvenes de la comunidad.

“Empezamos a combinar dos géneros: el indígena emberá y la ‘capunía’, que es el de la gente blanca, para ver qué salía. A primera apariencia, a la gente de la comunidad no le sonó mucho. Pero luego, al ver que en medio de la ceremonia o de la medicina se tocaba un violín, una trompeta, y que eso daba más alegría, lo aceptaron mucho más. Fue un proceso muy lindo. Nos gustó mucho a los jóvenes, nos ayudó a animarnos más y a decir: ‘Esta tarde ensayemos, saquemos un nuevo tema’”, comenta Enmanuel Caicedo, de 17 años e intérprete de la trompeta.

Hasta el momento han ofrecido conciertos en Medellín y Jericó. Incluso, dos de los niños viajaron a México para tocar junto a la Filarmónica Metropolitana.

Aunque la historia de la primera y hasta ahora única filarmónica indígena de Colombia apenas comienza, Alejandro Vásquez ya está cumpliendo una parte importante de su objetivo: que los niños puedan descubrir otras realidades y tener nuevas oportunidades a través de la música.

Escuche el episodio de Mejor Colombia en Semana.com y en las plataformas de audio Spreaker, Spotify y Deezer.