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El Gobierno Petro y su polémica relación con Nicolás Maduro, Daniel Ortega y Miguel Díaz-Canel, de Cuba

El presidente Petro cumplió con lo prometido en campaña: restableció relaciones con Venezuela, Cuba y Nicaragua. ¿Qué busca con cada uno de estos países, criticados por los defensores de derechos humanos y la comunidad internacional?


Tal como lo anunció en campaña, el presidente Gustavo Petro les dio un giro de 180 grados a las relaciones internacionales. Sin importar los amargos antecedentes con Venezuela, Cuba y Nicaragua, el nuevo mandatario ya tendió puentes con dichos gobiernos. Petro forma parte de una izquierda ideológica que también es dominante en esos países.

El presidente tiene intenciones políticas y comerciales con sus nuevos aliados. Sin embargo, sus planes traen consigo un gran desafío, dado que la comunidad internacional tiene bajo la lupa a esos regímenes por violación a los derechos humanos.

Con Nicaragua, el escenario es complejo. Aunque Petro ha dicho que tiene como política no entrometerse en los asuntos internos de otras naciones, no puede ignorar lo que sufre ese país: un ataque sistemático contra la Iglesia católica y la prensa. Hoy, el mundo observa con cautela cada paso de Daniel Ortega, calificado de comandar una auténtica tiranía.

Desde que llegó a la Casa de Nariño, Petro no ha pronunciado una sola palabra sobre los desmanes de Managua. Al contrario, le envió un guiño al nombrar como embajador al exsenador de la Alianza Verde León Fredy Muñoz, investigado por la Corte Suprema por supuesto narcotráfico. Con esa decisión, el líder del Pacto Histórico restableció las relaciones fracturadas en el Gobierno de Iván Duque.

Resulta apresurado afirmar que Petro será un apoyo estratégico para Ortega en la región. “Pensaría que no será aliado ni apoyará una dictadura como la de Nicaragua, con la cual tenemos diferendos”, aseguró el internacionalista Marcos Peckel.

El desafío para el nuevo embajador Muñoz será monumental. Por eso, ha preferido mantenerse alejado de la prensa. Colombia y Nicaragua están enfrentadas en un litigio ante la Corte Interamericana de La Haya por mar territorial en San Andrés, Providencia y Santa Catalina. Eso siempre tensiona el ambiente.

“Las relaciones hay que mantenerlas, a pesar de que sean antagonistas. Así lo ha hecho Cuba con Estados Unidos en las crisis más graves”, señaló el excanciller Julio Londoño Paredes.

¿Cómo manejará Petro esta incómoda situación con Nicaragua? La respuesta es incierta. Esta semana, la OEA condenó los atropellos de Ortega, pero Colombia no hizo presencia en la cita y no votó la posición en bancada. Eso fue una complicidad del Gobierno Petro con Nicaragua, según dijo el excandidato presidencial Federico Gutiérrez.

En medio de la tormenta, el embajador designado de Colombia ante la OEA, Luis Ernesto Vargas, explicó que Colombia se retiró de la votación porque él no se ha posesionado. Su argumento no cayó bien entre distintos sectores políticos. “Lo único que le puedo decir es que lo de Nicaragua no es ideologización (por parte de este Gobierno)”, le dijo a SEMANA la vicecanciller Laura Gil, la misma funcionaria que, en su calidad de académica, dijo en su momento que el exembajador Alfredo Rangel fue expulsado y no retirado de Nicaragua por interferir en asuntos internos de ese país. El exdiplomático del Centro Democrático ofició desde Bogotá los últimos meses del Gobierno Duque.

Con Venezuela, el restablecimiento de las relaciones parece tener más forma. El solo nombramiento de Armando Benedetti como embajador ante Caracas demostró el nivel de importancia que le otorga Petro a la diplomacia con el vecino país. Benedetti es hoy uno de los principales consejeros del presidente.

Recientemente, Petro y Nicolás Maduro conversaron telefónicamente y esos primeros diálogos ya dejan resultados: los gremios de ambas naciones avanzan en conversaciones y este jueves, en Cúcuta, se dieron cita los embajadores y los empresarios colombianos y venezolanos.

Entre Bogotá y Caracas hay una agenda que no se cumplirá en menos de seis meses. La idea es que el restablecimiento sea gradual y, en su punto máximo, el flujo comercial pueda llegar hasta los 10.000 millones de dólares.

“La política internacional, sin duda, lleva sus tiempos”, dijo el gobernador de Táchira, Fredy Bernal. Francisco Santos, exembajador de Colombia en Estados Unidos, le dijo a SEMANA que Petro está dejando por fuera a la mitad de los venezolanos en medio de su plan. Se refirió de esa manera al líder Juan Guaidó y a la Asamblea Nacional de Venezuela.

Santos insistió en que Petro tiene en sus manos la posibilidad de obtener un gran triunfo diplomático si su único interés es comercial y garantizar que al otro lado haya democracia. De lo contrario, buscaría “darle un oxígeno a la dictadura de Nicolás Maduro”.

“Petro debe jugar a fondo para que las elecciones de Venezuela en 2024 sean transparentes; se conforme un consejo electoral nuevo y se libere a los presos políticos”, sostuvo. Pero si eso no ocurre, según el exembajador, “lo único que hará Petro es dejar a un dictador que va a joder a Colombia durante los próximos 30 años y eso sería imperdonable”.

Pero esas exigencias a Venezuela tendrán poco futuro. La diputada Ilenia Medina, cercana al Gobierno oficialista de Maduro, le anticipó a SEMANA que para que se dé el restablecimiento de relaciones “no deben existir condicionamientos de las partes”.

Es decir, lo más probable es que el nuevo Gobierno, al menos en esta primera parte de la negociación, se centre en lo comercial y obvie asuntos delicados como la presencia de disidencias de las Farc y del ELN en Venezuela.

“Si nos centramos en catalogar a uno u otro como terrorista o narcotraficante, nunca superaremos los problemas”, dijo Rafael Piñeros, de la Universidad Externado. Puso de ejemplo al presidente de Estados Unidos, Joe Biden, cuando cesó algunas restricciones frente a la venta de petróleo venezolano, tras la guerra entre Rusia y Ucrania.

Tampoco es claro el papel que cumplirán las Fuerzas Armadas de ambos países. El ministro de Defensa venezolano, Vladimir Padrino, anunció recomponer las relaciones militares, pero aún no hay confianza porque eso implica compartir información de inteligencia. Para nadie es un secreto que hay nexos entre militares de ese país con grupos armados ilegales. La muerte de varios exjefes de las Farc en Venezuela en los últimos meses es la principal prueba de cómo el país vecino se convirtió en una retaguardia para dichos grupos criminales.

Por ahora, está descartado un encuentro entre Petro y Maduro. “Si lo hacen se meterían un gol. No necesitamos ver a Maduro en Colombia para restablecer relaciones”, añadió Piñeros.

Con Cuba, el presidente Petro tiene un interés particular: los diálogos de paz con el ELN. El mandatario tiene claro que la isla puede resultar útil en ese propósito. El nuevo Gobierno ya ha hablado de un “desagravio” a Cuba por el conflicto diplomático permanente con el Gobierno Duque.

En La Habana permanece la cúpula de esa guerrilla, y la anterior administración fue vehemente en exigir su extradición a Colombia para que respondan por el atentado terrorista contra la Escuela General Santander en Bogotá, en enero de 2019, en un hecho en el que murieron 23 uniformados.

Tal como lo reveló SEMANA en 2021, en los últimos años Colombia vio con escepticismo a Cuba e incluso consignó en informes que ese país tenía planes de injerencia y podría ser una amenaza para la seguridad nacional.

Petro tendrá que evaluar cada paso con Venezuela, Cuba y Nicaragua. Restablecer las relaciones puede ser una promesa a cumplir, pero al mismo tiempo se trata de una apuesta arriesgada, tratándose de países seriamente cuestionados en el contexto internacional.

Poner a Colombia del lado de los malos, y tener una actitud pasiva frente a las graves violaciones a los derechos humanos y las libertades civiles, económicas y políticas, nunca será una buena apuesta.