Recorrer los pueblos del departamento de Boyacá se ha convertido en uno de los planes turísticos más atractivos para viajeros nacionales y extranjeros que buscan historia, naturaleza y cultura en un mismo destino.
Este territorio se caracteriza por conservar una gran cantidad de municipios con arquitectura colonial, tradiciones vivas y paisajes naturales que cautivan a quienes lo visitan. Entre ellos, sobresale el pueblo de Busbanzá, antes llamado Boazá.

Más que un municipio, desde la Administración Municipal se le describe como un resguardo indígena, perteneciente a la comunidad chibcha.
En el pasado, el caserío estaba bajo el gobierno del cacique Boazá, motivo por el que fue bautizado con este nombre. Sin embargo, en 1610, cuando llegaron los españoles a esta población cambiaron su denominación, pasando de Boazá a Busbanzá.
De acuerdo con esta misma entidad, este municipio es uno de esos destinos de Boyacá ideales para hacer turismo religioso, pues cada año recibe a numerosos fieles provenientes de distintas regiones del departamento, atraídos justamente por su tradición religiosa.

Allí, el primer miércoles después del 20 de enero se celebra la fiesta de los patronos de la población, Santa Lucía y San Nicolás de Tolentino, una tradición religiosa que congrega a varios fieles y devotos de pueblos cercanos.
El homenaje que se le rinde en este pueblo boyacense a Santa Lucía, santa oriunda de Sicilia, Italia, conocida como la patrona de los ojos, así como a San Nicolás de Tolentino, se lleva a cabo en su iglesia principal, conocida por su estilo colonial.
Este templo se mantiene como una valiosa reliquia arquitectónica que guarda parte de la historia y la devoción del lugar. Hasta el año 1878 albergó una imagen original de Santa Lucía, la cual fue sustraída. Tras este suceso, se adquirió una réplica que hoy continúa siendo objeto de veneración en el valle de Floresta y Busbanzá.
Con una extensión total de 35 kilómetros cuadrados, este municipio se encuentra a unos 88 kilómetros de Tunja, la capital departamental. Su ubicación le permite conectarse fácilmente por carretera con poblaciones cercanas como Corrales, Duitama, Gámeza, Floresta y Santa Rosa de Viterbo.


Gracias a esto, los visitantes pueden recorrer la zona sin complicaciones y descubrir los encantos que guarda cada rincón de la población que, entre otras cosas, se destaca por su tierra fértil, donde se cultivan productos como papa, maíz, trigo, cebada, habas, arveja, fríjol y diversas hortalizas.
Estos cultivos no solo aportan color y vida al paisaje, sino que también reflejan la tradición agrícola que ha caracterizado históricamente a sus habitantes, reconocidos por su espíritu trabajador y la calidez humana con la que reciben a sus visitantes.
