¿Dónde queda Colombia?”, se preguntó un día Shizu Tan cuando su marido le dijo que viajaría a un lejano país a enseñar matemáticas. Juntos lo buscaron en un mapa porque en Japón poco se sabía sobre Suramérica. “Habíamos escuchado de Brasil o Perú, pero Colombia nos resultaba un misterio”, diría años después.
Aventurarse no fue sencillo. En 1957 el profesor se postuló al cargo porque lo consideraba “una buena oportunidad para conocer otro mundo”. Pero cuando le llegó la noticia, lo tomó por sorpresa. Ya había construido una vida con Shizu y Yuri, su hija recién nacida. Sin embargo, incumplir el compromiso adquirido era un acto antipatriótico.
Así que lo hizo como una “locura juvenil”. Yu Takeuchi partió del puerto de Yokohama, navegó durante 40 días por el Pacífico y en diciembre de 1959 atracó en el puerto de Buenaventura, con 32 años de edad, 50 dólares en el bolsillo y el conocimiento como su tesoro más valioso. Meses después arribó el resto de su familia.
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Takeuchi era científico con especialidad en física teórica, licenciado en Educación de la Universidad Imperial de Tokio y un amante de los números. Además, se había desempeñado como profesor de colegios y de la Universidad de Ibaraki. Su perfil tenía la perfecta combinación de ciencia y pedagogía, habilidades requeridas con urgencia en un país como Colombia.
Una vez instalado, comenzó a trabajar como profesor en la Universidad Nacional, en su incipiente departamento de matemáticas. Las difíciles condiciones no significaron un obstáculo para él, pues al crecer en un país devastado por la guerra había aprendido a responder con ingenio ante las adversidades.
Ignacio Mantilla, exalumno y exrector de dicha universidad, recuerda que “resolvía ejercicios en las clases con herramientas caseras que fabricaba, cosas que veía en la calle y recetas de cocina”. Las clases resultaron inspiradoras para sus alumnos, pero Takeuchi supo que no serían suficientes para difundir el conocimiento por todos los rincones del país. Mantilla cuenta que por esa época “los libros eran costosos y había que comprarlos importados y en inglés”. Entonces, el japonés se embarcó de nuevo, esta vez en la aventura de financiar y escribir textos de matemáticas en español, fáciles de entender y, sobre todo, al alcance de todos.
Convirtió su casa en una auténtica imprenta. Tenía una antigua máquina de escribir, una impresora, instrumentos para cortar papel; e involucraba a toda su familia en el trabajo editorial. “Los sábados y los domingos mis dos hermanos y yo dábamos vueltas alrededor de la mesa compaginando los libros, para luego coserlos y pegarles la cubierta con goma”, cuenta Caori, su hija menor.
De esta forma publicó más de 30 libros que llegaron a los rincones más apartados del país e incluso a México. Vendía los textos a precios muy inferiores a los costos y aunque en ocasiones no le pagaban, seguía produciéndolos. En una ocasión su esposa se alarmó por la situación y él dijo: “No importa, los regalamos porque lo importante es que los utilicen”.
Era un hombre sencillo. Quienes lo conocieron mencionan que en medio de las corbatas de la época él vestía jeans y suéteres de lana tejidos por su eterna compañera. Además, recorría el país “montado en un bus cualquiera, entre las gallinas y los soldados, para dar conferencias”, como recuerda su hija.
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No era un académico ansioso por los reconocimientos, pero debido a su ardua labor, estos llegaron. Recibió decenas de distinciones de universidades y asociaciones de estudiantes en el país, el Ministerio de Relaciones Exteriores lo condecoró con la Orden de San Carlos en grado Oficial. Incluso recibió la prestigiosa Orden del Sagrado Tesoro, otorgada por el gobierno japonés.
Gracias a los esfuerzos que hizo hasta el día de su muerte el 26 de diciembre de 2014, se formaron los primeros matemáticos colombianos, que luego fueron considerados los padres de la disciplina en otras universidades y replicaron el conocimiento por todo el país. Por eso se autodenominaba “el abuelo de las matemáticas”. Sin Takeuchi, nadie sabe cómo se contaría la historia de esta materia en Colombia.
*Periodista Especiales Regionales de SEMANA

