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Así se puede consumir el té de cúrcuma para mejorar la sensibilidad de la insulina

La cúrcuma contiene fibra dietética; vitaminas C, E y K; niacina; sodio, entre otras.


La sensibilidad a la insulina es la capacidad de la insulina para reducir los niveles de glucosa circulante, lo que ocurre mediante dos mecanismos: estimula el uso de glucosa por parte del músculo y, en menor proporción, de la grasa, y suprime la producción hepática de glucosa, según explicó la revista Medwave.

Por ello, el portal Gastrolab Web reveló que el té de cúrcuma sirve mejorar la sensibilidad de la insulina, pues “los compuestos de la cúrcuma le otorgan grandes propiedades medicinales a esta especia. Sus aceites volátiles (turmerone, atlantone y zingiberene), proteínas, resinas y azúcares, también contribuyen a su poder sanador. Además, para completar su perfil de ‘reina de las especias’, también contiene fibra dietética, vitaminas C, E y K, niacina, sodio, calcio, potasio, cobre, magnesio, hierro y zinc”, de acuerdo con el grupo Sanitas en España.

Así las cosas, para obtener los beneficios se debe hervir una taza de agua y se agregan dos cucharaditas de cúrcuma en polvo.

Sobre la misma línea, el portal Healthline indicó otros remedios naturales para mejorar la sensibilidad de la insulina:

1. Dormir bien: la mayoría de los adultos necesitan de siete a ocho horas de sueño por noche para una buena salud y funcionamiento mental.

2. Practicar ejercicio: las nuevas directrices de la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomiendan por lo menos de 150 a 300 minutos de actividad física aeróbica de intensidad moderada o vigorosa por semana para todos los adultos, incluidas las personas que viven con afecciones crónicas o discapacidad, y un promedio de 60 minutos al día para los niños y adolescentes.

3. Reducir el estrés: el estrés genera alteración en ciertas hormonas que pueden afectar el funcionamiento de la insulina.

4. Bajar de peso: se considera un peso saludable, aquel que permite mantenerse en un buen estado de salud y calidad de vida.

5. Aumentar el consumo de fibra soluble: este tipo de fibra se encuentra en el salvado de avena, la cebada, las nueces, las semillas, los fríjoles, las lentejas, las arvejas (chícharos), y algunas frutas y verduras.

6. Agregar frutas y verduras de varios colores: así la persona asegura que toma diferentes tipos de nutrientes. Cuantos más colores haya, más nutrientes va a tener un plato y si son frescos aún mejor.

7. Reducir los carbohidratos: en promedio, alrededor del 45 % de las calorías que consumen las personas con diabetes deben provenir de carbohidratos.

8. Reducir el consumo de azúcar añadida: la Organización Mundial de la Salud (OMS) señaló que la “nuevas directrices de la entidad recomiendan que adultos y niños reduzcan su ingesta diaria de azúcares libres a menos del 10 % de calorías totales. Las directrices también señalan que una reducción aún mayor, al menos del 5 %, o aproximadamente seis cucharaditas por día en una dieta de 2.000 calorías, proporcionaría beneficios adicionales para la salud”.

9. Añadir hierbas a la alimentación: jengibre, cúrcuma, ajo y semillas de fenogreco son algunas recomendaciones.

10. Tomar té verde: esta bebida es muy buena para ayudar con la digestión, previene los síntomas gripales, contribuye a reducir la fiebre y el dolor de garganta.

11. Tomar vinagre de manzana: puede prepararse en casa, comprarse en el supermercado o en tiendas de productos naturales y contiene ácido acético, y nutrientes como vitaminas B y vitamina C.

12. Evitar las grasas trans: son el peor tipo de grasas alimentarias, y se encuentran de manera natural en pequeñas cantidades en algunos productos de origen animal como la carne roja, el queso y la leche entera, y son de origen sintético que hace que los aceites líquidos se vuelvan sólidos. Se pueden encontrar en la margarina y en ciertos bocadillos que se compran en el supermercado o en un restaurante, en productos de panadería y en frituras.

13. Tomar suplementos: cromo, magnesio, berberina y resveratrol son algunas recomendaciones.

De todos modos, antes de consumir el alimento, lo primero que hay que hacer es consultar a un experto de la salud para que sea este quien guíe el proceso e indique que es lo más adecuado para cada persona, pues la información antes dada de ninguna manera sustituye la asesoría médica.