Por muchos años se creyó que el corazón era la fuente de donde emanaban las emociones. Hoy se sabe que es el cerebro en donde se fabrican estos sentimientos, pero el corazón sigue siendo el que más se afecta con ellos. Por eso, los cardiólogos deben conocer el estado emocional de sus pacientes para ver cómo está el físico de este órgano. Porque el corazón no es un parte aislada, como lo dice el cirujano cardiovascular Jaime Calderón, “sino una pieza del cuerpo muy noble que siempre interactúa con el cerebro, donde sí residen las emociones y los pensamientos (específicamente en la amígdala) que a su vez dirigen los comportamientos. Una sensación de odio y ansiedad lo afectan negativamente. Asimismo la felicidad también hace feliz al corazón”, dice. El miedo y el dolor pueden también causar heridas en él y lo mismo el estrés emocional.
Algunos llaman a esa conexión tan estrecha Síndrome de corazón roto y los expertos lo asocian a desengaños afectivos, o a la muerte de un ser querido o incluso a una noticia que genera un shock muy grande. La depresión es también un factor de riesgo para enfermedad cardiovascular porque una persona deprimida desarrolla neurotransmisores que a su vez generan respuestas en el organismo. “Es lo mismo que sucede con el estrés”, dice el experto. “pues cuando esta respuesta se instala en el organismo, este libera cortisol y eso aumenta la frecuencia cardiaca y eleva la presión arterial”, explica, y sumados a otras realidades bioquímicas determinan acciones que son dañinas no solo para el corazón sino a todo el sistema cardiovascular.
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El estrés es una reacción sistémica que puede tener un origen interno o externo. Curiosamente, “un acto quirúrgico, aun con un paciente anestesiado, puede llegar a generar estrés, y por eso a la gente joven con corazón sano que le operan una amígdala le puede dar síndrome de Takotsubo, una reacción exagerada ante el estrés que produce falla cardiaca y que si no se trata es fatal”. También puede suceder con un rompimiento amoroso o la muerte de la pareja.
Esto nos lleva a pensar que es importante estar conscientes de las emociones, algo que los griegos sabían hacer cuando hablaban de “conócete a ti mismo”. Es un proceso fundamental en el viaje por la vida. “Las emociones naturales, el miedo, el odio, la envidia y la pasión no son buenas ni malas, sino que todo depende de cómo se controlan. Cuando se hace se aligeran y lo importante es saber que si las conocemos, las podremos dirigir mejor para que actúen positivamente sobre el corazón y el cerebro”.
El factor emocional, en general, es importante aunque hay que saber que la enfermedad cardiovascular es multifactorial. “Estas enfermedades tienen factores con pesos distintos. Por ejemplo, sabemos que la herencia tiene un peso importante, y ahora que se hace secuenciación genética se puede descubrir qué riesgo tiene un individuo en términos de herencia genética frente a una enfermedad. Fumar cigarrillo, es el segundo factor en peso de importancia, pero hay muchos más: la diabetes por ejemplo, los trastornos de lípidos y la depresión pueden jugar un papel importante en términos generales. También se sabe que la contaminación del aire y un ambiente laboral inadecuado perjudican el perfil de riesgo, porque todo ello actúa en lo emocional, lo que a su vez se expresa en lo bioquímico”.
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Recientemente la fundación que Calderón preside hizo una campaña que se llamó 50 promesas para el corazón con el fin de celebrar el mes de este órgano. La idea es comprometerse con una acción que lleve a un cambio hacia el cuidado de la vida. “La que más me gusta es trata de oír a la gente y no hablarle a la gente sino con la gente, sin prejuicio, y ser más empático y poderme situar en el sitio del otro”, dice.
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Estar consciente del ahora, también es importante porque, según él, está en la línea de la enseñanza griega de conócete a ti mismo. “Cuando me doy cuenta de que estoy en el momento de ahora posiblemente no genere pensamientos negativos sino positivos e introduzca elementos de tranquilidad al espíritu. Otro compromiso interesante puede ser contestar el teléfono de pie, no importa si es fijo o celular. Esto es bueno para el corazón porque el movimiento es fundamental el cuerpo humano que está diseñado para hacer ejercicio y no para estar quietos”.
