El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el jerarca de la Fifa, Gianni Infantino, prometieron que todos los países del mundo serían bienvenidos en el Mundial. La realidad ha sido otra: un árbitro deportado, jugadores interrogados por horas y miles de hinchas sin entrada. El torneo más grande del fútbol llegó a Estados Unidos con una sombra que ningún resultado deportivo ha logrado opacar.
El Mundial 2026 se juega en las canchas, pero también en los aeropuertos y en las fronteras. Es allí donde las políticas migratorias de Donald Trump están marcando el partido y desatando la controversia en medio del evento deportivo más grande del mundo, con hechos que han marcado la agenda, como un árbitro africano enviado de regreso a su país tras 11 horas de interrogatorio o una selección que viaja desde México en avión para jugar en Estados Unidos y regresa el mismo día. Polémica abierta.
Admisión reservada
Mientras se desarrolla el Mundial, Estados Unidos sigue intentando concretar un acuerdo de paz con Irán tras la violenta guerra que se desató en febrero luego del bombardeo estadounidense en Teherán que terminó con la vida del ayatolá Alí Jamenei. Desde entonces, las tensiones en Oriente Medio son pan de cada día y ahora se sumó la situación de la selección iraní, que clasificó al torneo, con una serie de polémicas medidas de seguridad que le impuso Washington.
Trump en su momento llegó a afirmar que los futbolistas iraníes serían bienvenidos en el torneo, pero que por su “propia vida y seguridad” podría no ser muy apropiado jugar sus partidos en Estados Unidos. Sin embargo, como si fuera una jugada del destino, por sorteo a Irán le tocó jugar sus tres encuentros en territorio estadounidense. La federación del país persa intentó que se le permitiera disputar los partidos en México, pero la petición fue rechazada.
La solución fue de todo menos tradicional; la selección iraní se está hospedando en Tijuana, del lado mexicano de la frontera con Estados Unidos, y para cada uno de sus partidos en territorio estadounidense tendrá que tomar un avión para ir a disputar sus compromisos e inmediatamente después de finalizado el encuentro, abandonar el país.
Pero no fue la única decisión contra ese conjunto: la Fifa determinó, de manera unilateral, revocar todas las entradas de protocolo que habían sido asignadas a la federación iraní de fútbol. Con ello, miles de hinchas de la nación asiática se quedarán sin ingresar a los partidos de su país, ya que a cada confederación se le da el 8 por ciento de entradas del aforo para repartir entre sus delegaciones.
Irán respondió con otro mensaje político, grabando el #168 en un membrete en la solapa de sus trajes de presentación en referencia al número de niños muertos durante el bombardeo de la escuela primaria en Minab, ocurrido en febrero de este año y del que el régimen iraní señala a Estados Unidos como responsable.
Para añadir más morbo a la competición, si Irán queda segundo de su grupo con Bélgica, Nueva Zelanda y Egipto, y Estados Unidos queda tercero en el suyo con Turquía, Australia y Paraguay, podrían enfrentarse directamente en dieciseisavos de final en un partido inédito marcado por la geopolítica.
Un Juez expulsado
Otra de las controversias más grandes de la cita mundialista fue la exclusión del árbitro somalí Omar Abdulkadir Artan, quien, tras su llegada a Miami el pasado sábado, fue interrogado durante 11 horas y enviado de regreso a su país sin mayores explicaciones en su momento, pero provocando la indignación de la comunidad futbolística internacional y la solidaridad del pueblo africano.
Había sido nombrado el mejor árbitro masculino de África en 2025 por la Confederación Africana y designado por la Fifa para el Mundial 2026. Iba en camino de convertirse en el primer árbitro somalí en la historia de una Copa del Mundo. La organización del Mundial se defendió de cualquier acusación asegurando que no tenía nada que ver con los procesos de visado de ningún integrante oficial.
Un portavoz del Departamento de Estado aseguró que Artan “es sospechoso de estar vinculado a presuntos miembros de organizaciones terroristas”, lo que “inhabilita al viajero para ser admitido en Estados Unidos”. El propio Artan respondió a las acusaciones asegurando que cree “que tienen un problema con mi país”, todo antes de volver a su tierra natal, donde fue recibido como un héroe por la comunidad y el Gobierno nacional.
Trato selectivo
Además, se reportó que Aymen Hussein, delantero de la selección de fútbol de Irak, fue detenido e interrogado durante siete horas en el aeropuerto O’Hare de Chicago al llegar a Estados Unidos. Las autoridades migratorias lo sometieron a verificaciones de seguridad adicionales mientras el resto de la delegación pasaba los controles con normalidad.
El Gobierno de Donald Trump no dio una explicación concreta y se excusó con una supuesta confusión de nombres. Cabe destacar que el padre de Hussein fue un soldado que murió a manos de Al Qaeda y su familia formó parte de los desplazados internos del país. El fotógrafo oficial de la delegación iraquí, Talal Salah, también fue interrogado durante más de 10 horas, pero en su caso le negaron el acceso al país y fue deportado.
Asimismo, se dieron denuncias de parte de las selecciones de Senegal y Uzbekistán en Estados Unidos, en las que, mediante imágenes que se hicieron virales, se mostró a jugadores y miembros de ambas delegaciones siendo sometidos a cacheos, controles con detectores de metales y revisiones con perros rastreadores. En el caso de Senegal, se difundió un video del futbolista Pathé Ciss siendo registrado en la pista del aeropuerto de San Antonio. Uzbekistán vivió controles similares antes de un amistoso en Nueva York.
La controversia creció porque algunos integrantes de la delegación uzbeka afirmaron que el control parecía aplicarse únicamente a ellos y no a la selección de Países Bajos, su rival en el amistoso. Esto solo terminó de alimentar los rumores sobre discriminación hacia los jugadores de países que Estados Unidos no considera aliados de sus intereses.
La Fifa no ha sido un actor neutral en estas polémicas. Fue la propia organización la que revocó unilateralmente las entradas de protocolo de la federación iraní, una decisión que nunca explicó públicamente y que afectó directamente a miles de hinchas. Al mismo tiempo, su silencio frente a los casos de los jugadores iraquíes y las delegaciones de Senegal y Uzbekistán contrasta con la velocidad con la que suele pronunciarse ante incidentes dentro de las canchas.
Gianni Infantino sí se refirió al caso del árbitro somalí tras una pregunta de un periodista durante una rueda de prensa en la que le cuestionó si habían perdido el control del evento. “Una vez más, no lo controlamos todo. Intentamos dialogar, hablamos. A veces también es bueno simplemente calmarse, relajarse, estar chill”, dijo la cabeza del máximo organismo del fútbol. “Siempre intentamos encontrar soluciones, pero no somos los reyes del mundo que pueden gobernar sobre gobiernos y fuerzas policiales. Somos una organización con los medios que tenemos para hacer todo lo posible”, dijo.
Con todos estos escándalos en el panorama, la pelota sigue rodando en los estadios de Norteamérica en una cita con el deporte rey que a duras penas está iniciando, pero con las polémicas antes del primer pitazo. Quedará por ver si la Fifa y los gobiernos locales logran que el centro de atención solo sea la pelota.