Brinsa ha logrado ‘descomoditizar’ productos básicos, como la sal o los blanqueadores, y, además, se ha convertido en un proveedor clave para el sector industrial.

En un proceso de integración vertical, cuenta con tres negocios: dos de consumo masivo, con marcas muy fuertes como Refisal, en sal, y Blancox, con un portafolio de productos de aseo para la limpieza del hogar y de la ropa. Y el tercero, una operación industrial que toca casi transversalmente a todas las industrias de Colombia con diferentes químicos.

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Explica Karen Brazdys, presidenta de la firma, que Brinsa como grupo cerró el año pasado con ingresos por 1,4 billones de pesos con un crecimiento superior al 10 por ciento. “Cuando miramos solo Brinsa Colombia, las ventas fueron del orden de 1,2 billones, también con un crecimiento de doble dígito”, señala.

Colombia representa el 87 por ciento de los ingresos del grupo, y la composición de sus ingresos es de cerca del 30 por ciento por el negocio de la sal, otro 30 por ciento, el negocio industrial con químicos, y el 40 por ciento restante en productos de aseo con Blancox.

La compañía tiene otras tres filiales: una empresa en República Dominicana, con producción de sal; otra en Costa Rica, con dos plantas –una de sal y otra de alimentos–, y también cuenta con una firma de transporte de operación logística en Colombia. Además, desde República Dominicana y Colombia exporta a más de diez países, entre ellos sus filiales, actividad que representa el 10 por ciento de sus ventas con marcas como Refisal y Blancox, y también productos químicos que tocan transversalmente las industrias y servicios en la región. “Por ejemplo, el año pasado nos ganamos todo el negocio para tratar el agua de Panamá con el cloro producido por Brinsa”, dice la presidenta de la compañía y anticipa que, como este, hay muchos otros negocios en la región.

850 Millones de pesos Sumaron las inversiones de Brinsa en los últimos cinco años. Buscaban reemplazar importaciones y modernizarse. Foto: Brinsa / API

La meta es llegar a ingresos por 2,3 billones de pesos en 2030 en una ruta estratégica que plantearon en un lustro a partir de 2025.

Por ejemplo, en la tarea de darle valor a un commodity como la sal de consumo masivo, defiende su posición competitiva con presentaciones tradicionales, como la de las bolsas y ‘el salerito’ de mesa, pero también busca valorizar esa categoría con productos especiales. “Nuestra meta hoy es mantener más o menos un 15 por ciento de nuestras ventas a través de esas sales valorizadas, como sal marina, sal parrillera y sal del Himalaya, y trabajamos una serie de lanzamientos que en algunos casos son de iniciativas o de un portafolio que puede ser in and out”, agrega la ejecutiva.

Brazdys destaca la tarea de la empresa para lograr lo que llama “la soberanía productiva” y dejar de importar o reducir el producto que se trae del extranjero de insumos clave, como la soda cáustica. “El año pasado hicimos una ampliación del 50 por ciento de esa capacidad productiva y hoy el país se podría abastecer del producto que fabrican Brinsa y algunos otros competidores, pero no habría necesidad de importar. Hace un par de años lanzamos al mercado una sal que se llama Farmasal, que hasta hace dos años era una sal importada y se utiliza para limpieza de equipos de diálisis”.

Y agrega: “Hicimos toda la certificación necesaria para garantizar que el país supla sus necesidades con producto nacional y no necesite importar, y el año pasado también hicimos una inversión grande, que estamos poniendo en marcha este año, y es un producto para el tratamiento de acueductos y de aguas recreativas, hasta ahora importado, pero a partir de un par de meses será producido en Colombia por nosotros”.

De hecho, Brinsa produce el cloro con el que se trata cerca del 87 por ciento del agua que se consume en Colombia.

En los últimos cinco años, las inversiones de Brinsa han sido del orden de 850.000 millones de pesos, buscando no solo la “soberanía productiva”, sino la modernización, ampliación y eficiencias de sus capacidades industriales y logísticas, para poder responder a la demanda que tiene en Colombia y en los países que atiende.

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Brazdys, por ejemplo, destaca que una de las grandes inversiones del año pasado fue una nueva refinería que tiene una optimización de consumo de energía, adicional a lo que llamó “un proceso de transición energética muy positivo”. También resaltó inversiones a nivel logístico. “Primero, en un centro de distribución hicimos una ampliación de nuestra capacidad de almacenamiento, pero el año pasado también hicimos una inversión grande en un centro de distribución especializado en sal “con una tecnología de primera línea que también trae consigo unas eficiencias importantes”.

Además, hace un par de años la compañía hizo una apuesta en una empresa de transporte y operación logística que se llama Solvexa, donde estamos invirtiendo en nuevas flotas, pero también en la apertura de operadores logísticos en el país.

Para ella, la demanda ha venido en aumento y cuentan con “una respuesta muy favorable del mercado colombiano, no solo de Refisal, sino también de Blancox. Las eficiencias operativas y la modernización nos ayudan a estabilizar los costos y a tener un muy buen desempeño durante el año. De los primeros seis meses de 2026 podríamos decir que están ganados; esperemos que los próximos seis meses sigan con la misma dinámica”, advierte Brazdys.

En las filiales productivas en República Dominicana y Costa Rica, buscan trasladar la iniciativa que desarrollaron en Colombia de modernización, optimización y eficiencias.

Frente a posibilidades en otros mercados, Brazdys afirma que están revisando y leyendo las oportunidades en la región por su presencia desde Colombia y la que tienen en Centroamérica y el Caribe. Y allí aparece Venezuela. “Estamos listos para atender la demanda que esté disponible con los productos nuestros, no solo los de consumo masivo, sino también los de industria”.

Karen Brazdys: “Estamos listos para atender la demanda que esté disponible con los productos nuestros, no solo los de consumo masivo, sino también los de industria”. Foto: Brinsa / API

Para ella, el entorno ha estado muy movido, con cambios legales, como una nueva reforma laboral, impuestos adicionales a productos ultraprocesados, exigencias en etiquetados, altas tasas de interés y un dólar muy volátil.

Y lo explica de una manera muy clara: “A nosotros nos aprueban el presupuesto en noviembre, pero empieza el año y nos encontramos con un aumento del 23 por ciento en el salario mínimo, un Sicetac por encima de lo previsto, nuevas exigencias regulatorias y unas tasas de interés más altas de lo que esperábamos, pues confiábamos en que el año pasado empezarían a bajar. Tenemos que cumplir, sí o sí, la meta trazada para 2030. Para lograrlo, debemos avanzar en eficiencias, mejorar la gestión interna, modernizar procesos y buscar mejores negociaciones en materias primas y materiales de empaque. Eso implica adaptarnos rápidamente, tanto interna como externamente, y hacer los ajustes necesarios para garantizar el cumplimiento de los objetivos previstos. Hasta ahora lo hemos logrado”.

Brazdys lleva una década en la compañía y asegura que no han tenido un año que se haya comportado como esperaban que lo hiciera. Manifiesta que han sido “lo suficientemente resilientes” para adaptarse a los diferentes momentos y exigencias del entorno y de los países, y a las regulaciones para cumplir el número que tienen planteado a ese 2030. “Todos estos años han sido y son hitos volantes para garantizar ese número que vemos ya muy cerca”, dice la ejecutiva.

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Está convencida de que el país seguirá desarrollándose y avanzando. “Entonces, acá no se ha parado ninguna inversión, pero tenemos un reto grande: garantizar que las inversiones que estemos ejecutando traigan los retornos que nos planteamos. Y, además, seguir entregando una propuesta de valor sólida que sea bien recibida por el consumidor y por las empresas, no solamente en Colombia, sino en toda la región”.

Finalmente, le manda un mensaje al nuevo Gobierno: “Aprendamos a trabajar y a remar juntos, así como a construir una Colombia cada vez mejor. Eso requiere un trabajo colaborativo para llegar más rápido a ese norte que tenemos trazado hacia una Colombia que todos queremos”.