El crecimiento de las plataformas digitales en Colombia ha abierto nuevas alternativas de ingreso para miles de personas, pero también ha expuesto una realidad laboral cada vez más frágil.
Una investigación de la Universidad del Rosario titulada “El nuevo panorama del trabajo informal en plataformas digitales en Colombia” advierte que este modelo está profundizando la informalidad y dejando a cientos de miles de trabajadores sin protección social.
El estudio, liderado por el profesor y sociólogo Óscar Javier Maldonado, estima que entre 200.000 y 400.000 colombianos dependen actualmente de plataformas como Rappi, Uber o Didi para su sustento. Sin embargo, las condiciones bajo las que operan distan de ser estables o suficientes para garantizar un ingreso digno.
Las cifras reflejan esa brecha. De acuerdo con datos de Fedesarrollo, un repartidor puede ganar en promedio $867.000 mensuales por 35 horas semanales, mientras que un conductor alcanza cerca de $1,2 millones por 44,6 horas.
En la práctica, esto se traduce en casos de personas que trabajan más de 70 horas a la semana sin lograr ingresos equivalentes al salario mínimo, lo que pone en evidencia la relación entre tiempo trabajado y remuneración real.
Este fenómeno ocurre en un mercado laboral que ya enfrenta altos niveles de informalidad. En Colombia, cerca del 55,4 % de los trabajadores está en condiciones informales, y el modelo de plataformas, lejos de corregir esta situación, tiende a ampliarla al operar bajo esquemas de vinculación flexible que no garantizan prestaciones sociales ni estabilidad.
Además de los ingresos, el estudio alerta sobre los riesgos laborales. Una encuesta citada indica que el 36,8 % de los repartidores ha sufrido accidentes de tránsito, mientras que el 33,3 % reporta enfermedades asociadas a su actividad, en un escenario donde la mayoría no cuenta con cobertura en seguridad social.
El problema no es solo inmediato, sino también de largo plazo. Cerca del 10 % de estos trabajadores está próximo a la edad de jubilación sin garantías de pensión, lo que agrava un panorama en el que solo el 40 % de los colombianos cotiza al sistema pensional.
Esto implica que una gran parte de quienes hoy dependen de estas plataformas podría enfrentar la vejez sin ingresos estables. Para la academia, el fenómeno refleja un desfase entre la transformación del mercado laboral y la capacidad de regulación.
Según Andrés García Suaza, decano de la Facultad de Economía de la Universidad del Rosario, el país enfrenta un “mal equilibrio”, donde las nuevas formas de trabajo avanzan más rápido que las normas que deberían garantizar condiciones justas.
Aunque la reforma laboral de 2025 introdujo por primera vez regulaciones para trabajadores de plataformas, especialmente repartidores, el estudio advierte que persisten vacíos importantes, en particular para los conductores, lo que deja sin resolver buena parte del problema.
El avance de la economía de plataformas plantea un dilema estructural. Por un lado, amplía oportunidades de ingreso en un entorno de alta necesidad laboral; por otro, consolida un esquema donde la flexibilidad se traduce en desprotección.
El reto, según los investigadores, no es frenar este tipo de modelos, sino evitar que su crecimiento se base en la precariedad.
En juego no solo está el presente del empleo en Colombia, sino la sostenibilidad del sistema laboral y la calidad de vida de quienes dependen de estas nuevas formas de trabajo.