SEMANA: Recientemente, ha habido un debate sobre las diferencias en la cantidad de empleo formal que mide la UGPP y la que mide el Dane, ¿no deberían coincidir?

Piedad Urdinola: Las cifras que produce el Dane están enmarcadas, obligatoriamente, en los estándares de entidades multilaterales como la Ocde, ONU, Banco Mundial, CEPAL y OIT, entre otras. Esas metodologías no cambian ni se ajustan dependiendo de una administración en particular, y eso nos da tranquilidad y certeza de los resultados que le presentamos al país en cada uno de los indicadores que medimos. Por eso, las cifras laborales del Dane, basadas en la Gran Encuesta Integrada de Hogares, siguen los estándares de la OIT. Bajo esa metodología, un trabajador formal no solo debe cotizar a salud y pensión, sino trabajar en una empresa formal, con contabilidad completa y registro mercantil. En cambio, los registros administrativos, como la Pila, muestran cotizantes, que no necesariamente son ocupados. Por eso el Dane depura esa información en el Registro Estadístico de Relaciones Laborales, para excluir casos como jubilados, rentistas, voluntarios, aprendices o estudiantes de posgrado en salud. Son fuentes que miden objetos distintos y, por ende, llevan a resultados diferentes sin que esto implique errores en la cifra definitiva. Es natural que no coincidan.

Economía creció en abril 3,34% de acuerdo con el Dane: así quedó el ISE para este mes

SEMANA: ¿Cómo explicar al público que una cifra puede mejorar, aunque muchas personas no sientan esa mejora en su vida diaria?

P.U.: El promedio del país no refleja la vida de cada hogar. Una cifra nacional puede mejorar mientras muchas familias siguen enfrentando dificultades, y ambas cosas pueden ser ciertas. Por ejemplo, una reducción de la pobreza puede convivir con situaciones críticas en algunas regiones, así como un aumento en la ocupación no necesariamente refleja la realidad de un joven que lleva meses buscando empleo. Por eso, el Dane no se queda solo en los promedios: también mide brechas entre territorios y poblaciones. Ese trabajo permite entender mejor las diferencias del país y entregar información útil para focalizar programas y ayudas en quienes más lo necesitan.

SEMANA: ¿Siente que en Colombia se entiende bien el papel del Dane o todavía se le ve solo como la entidad que publica inflación, desempleo y PIB?

P.U.: El Dane es el espejo del país, y hoy ese espejo es más nítido e incluyente. Sin duda, siempre será necesario generar mayor cultura estadística, y en eso hemos hecho un esfuerzo grande; parte de nuestro trabajo ha sido que el país entienda todo lo que el Dane produce. Y así ya nos consultan para datos demográficos, diferencias socioeconómicas y temáticas ambientales. En estos cuatro años hicimos mucho más: el Censo Económico, después de 34 años; se redujo el rezago de las estadísticas vitales de más de dos años a nueve meses; se avanzó en las cuentas económicas ambientales; se amplió la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo a Amazonía y Orinoquía, y se trabaja en las primeras cuentas nacionales de inclusión del mundo.

Unidades económicas en Colombia, según el Dane. Foto: El País

SEMANA: ¿Cuál es el indicador más malinterpretado por los colombianos?

P.U.: No sé si hay uno particular, aunque todavía hay gente que se pregunta, medio en broma, “¿y dónde hace mercado el Dane?”, y la respuesta es en demasiados lugares a la vez: cada mes nuestros encuestadores recorren plazas, tiendas de barrio, grandes superficies y supermercados de todo el país anotando, producto por producto, el precio del huevo, del arroz, del arriendo, del pasaje, de los servicios públicos; en fin, tenemos una base de datos de 320.000 registros con variaciones de precios. La inflación no sale de un modelo de escritorio, sale de hacer mercado en todas las regiones. De nuevo, lo que ocurre es que esa cifra es un promedio de cientos de productos en todo el país, y no tiene por qué coincidir con la cuenta de una sola familia, que compra unas cosas y no otras en una ciudad particular del país.

SEMANA: ¿Qué cifra la ha sorprendido más desde que está al frente del Dane?

P.U.: Durante más de tres décadas, Colombia tomó decisiones económicas sin tener un marco censal actualizado, sin medir la economía popular y sin contar con un enfoque de género y étnico-racial del tejido empresarial colombiano. No sabíamos con precisión cuántas unidades económicas teníamos, dónde estaban ni quién las dirigía. Toda esa realidad productiva existía a partir de las encuestas económicas, pero era muy borrosa para las cifras, y dimensionar por fin su tamaño fue lo que más me impactó. Sacar adelante ese censo, después de 34 años de no hacerlo, es uno de los legados de los que más orgullosa me siento. Le entregamos al país el mapa de su propia economía, y eso ya no se va a volver a perder.

Solo 2 de cada 10 hombres preparan alimentos en el hogar. Dane presentó la encuesta de uso del tiempo libre

SEMANA: Si tuviera que escoger tres grandes cambios que está viviendo Colombia según las estadísticas, ¿cuáles serían?

P.U.: Hay tres Colombias conviviendo en una, y por fin las podemos ver con datos. La primera es demográfica: el proceso de envejecimiento se aceleró con la pandemia y estamos ad-portas de vivirlo. El envejecimiento es un premio para todas las sociedades, porque es mejor vivir más años, pero impone unos retos muy fuertes. La segunda es la transformación del mundo del trabajo: la digitalización, robotización e inteligencia artificial han llegado a revolucionar la forma como producimos y es un cambio permanente. El reto ya no solo será entender cuántos colombianos y colombianas trabajan, sino bajo qué reglas y en qué condiciones. Y la tercera es la preparación ante el cambio climático, siendo un país megadiverso y tropical. Por eso, sabiendo que una de nuestras ventajas competitivas es esa riqueza medioambiental, es importantísimo contar con el Sistema de Cuentas Económicas Ambientales, que nos dará una idea de esa riqueza y del buen o mal aprovechamiento que demos de ella.

SEMANA: ¿Cuál es la cifra que más le preocupa hoy de Colombia?

P.U.: La explotación sexual y comercial de niños, niñas y adolescentes. Es un flagelo que Colombia nunca había podido medir. Lideramos la primera caracterización estadística oficial sobre el tema para el país, y los resultados son desgarradores: al menos 22.697 víctimas entre 2015 y 2025, siendo 81,8 % niñas y adolescentes. Sabemos que esta primera medición es un piso, porque solo cuenta los casos que llegan a las autoridades y que todavía hay amplio margen de mejora, pero el reto está en seguir madurando esta medición. Ponerle número a algo que no se miraba fue, para mí, lo más doloroso y, a la vez, lo más importante que hicimos. Porque lo que no se mide se invisibiliza y se relativiza, y mi mayor deseo es que esta medición se siga haciendo: solo cuando un horror así tiene cifra oficial, la sociedad puede perseguirlo, los datos se vuelven motor para la acción y esa acción debería llevarnos a que algún día esa cifra sea cero.

Por primera vez, Colombia cuenta con una medición oficial que dimensiona la explotación sexual comercial de niñas, niños. Foto: Montaje Jesús Chacín/El País, con fotos de: (Colprensa) y (Dane)

SEMANA: Por otro lado, ¿qué fue lo que realmente pasó en el hackeo del Dane? Quedó la sensación de que no hubo total claridad en el desenlace de esas investigaciones.

P.U.: Déjenme empezar por la buena noticia: hoy el Dane está mucho más preparado que nunca para enfrentar cualquier eventualidad de ciberseguridad. El ataque ocurrió en noviembre de 2021, antes de mi llegada al Dane. Como en muchos ciberataques, las motivaciones son difíciles de establecer y no siempre se identifica un responsable puntual. Sin embargo, era claro que el rezago tecnológico de 20 años aumentaba el riesgo de nuevos ataques; por eso superar esa brecha fue una prioridad. Priorizamos esa inversión y la entidad se convirtió en la segunda del país en alcanzar los más altos estándares de ciberseguridad.

SEMANA: Finalmente, ¿cómo blindar la independencia técnica del Dane cuando las cifras pueden incomodar al Gobierno, al sector privado o a la opinión pública?

P.U.: Para blindar la independencia técnica del Dane impulsamos y sacamos adelante la Ley 2335 de 2023, la Ley de Estadísticas, que fortalece la reserva estadística y obliga a producir información con los más altos estándares de calidad, usando técnicas recientes y buenas prácticas internacionales. También busca consolidar a Colombia como una potencia estadística regional y global. Las cifras del Dane son un bien público: están documentadas, son verificables y sirven al Estado, las empresas y la ciudadanía. El Censo Económico, por ejemplo, permite medir productividad y conocer costos e ingresos promedio por sector o ciudad para tomar mejores decisiones. La confianza que el país depositó en el Dane durante estos años es una garantía esencial de su independencia técnica y credibilidad pública institucional.