En una economía, el tema social es clave, pues, a la larga, las estrategias de manejo de recursos públicos tienen sentido si se reflejan en un mayor bienestar para los ciudadanos. Para eso votan por una u otra propuesta política en elecciones: para tratar de lograr una mejor calidad de vida promovida desde el Gobierno.
De ahí la importancia de la estadística de pobreza monetaria en 2025 que reveló el Dane, y que tendrá que estar en el visor de cualquiera que sea el programa de gobierno que sea elegido por los colombianos.
La última cifra oficial era la de 2024, cuando el indicador se ubicaba en un 31,8 %, mientras que la pobreza extrema era de 11,7 %; este último, catalogado como el nivel más bajo de pobreza monetaria desde 2012.

Bajonazo en pobreza extrema
Según los datos presentados por la directora del Dane, Piedad Urdinola, el indicador pasó ahora al 28 % en el total nacional, partiendo de que la línea de pobreza corresponde a un ingreso de 482.041 pesos. Implica entonces que la pobreza monetaria, que es la que da una foto más nítida de cómo están viviendo los colombianos, pues, de tener dinero en el bolsillo depende si se puede o no comer las suficientes calorías para tener salud.
En el caso de la pobreza extrema, para 2025 se ubican en esa franja los colombianos que solo reciben 236.580 pesos al mes, monto que a duras penas les alcanza para el consumo básico. En este segmento, la estadística indica que hay un 9,6 % de colombianos en esa condición, lo que también implica una reducción pues la estadística estaba en 11,7 %.
Menos pobres en la zona urbana
El informe del Dane evidencia las disparidades entre el campo y la ciudad. El porcentaje de pobres en las áreas urbanas es menor que en las áreas rurales dispersa.
Las ciudades tienen un 6,9 % de pobreza, lo que implica una reducción de 1,8 % frente a 2024 (era de 8,7 %).
Por su parte, la pobreza monetaria extrema en los centros poblados y zonas rurales dispersas fue del 19,1 %, equivalente a una disminución de 2,7 % frente a 2024, cuando fue del 21,8 %. Entre tanto, en 2025, la incidencia de la pobreza extrema en los centros poblados y rural disperso representaba 2,8 veces la incidencia en las cabeceras (19,1 % frente a 6,9%).

La desigualdad no tuvo una caída profunda
Aunque las cifras de disminución de la pobreza monetaria animan, pues en números netos, si en 2023 había 17,5 millones de pobres y en 2025 son 14,4 millones, la desigualdad no tuvo una caída profunda, según afirmó la directora del Dane.
La herramienta para establecer si hubo o no avances en desigualdad es el coeficiente de Gini, que en 2025, que en el total nacional fue 0,531 desde el 0,551 que se tenía en 2024.
En cabeceras municipales la estadística registrada fue de 0,507 desde 0,530. En los centros poblados y zonas rurales dispersas el coeficiente de Gini fue 0,476 para 2025 mientras en 2024 era de 0,482.

La pobreza está concentrada en las mismas ciudades
El desarrollo que permite oportunidades, tanto en lo laboral como en el acceso a servicios sigue concentrado en las grandes ciudades. Así lo evidencia el hecho de que Quibdó se ubicara como la capital con mayor pobreza monetaria: 61,7 %, es decir, más del doble del total nacional y, de hecho, la ciudad registra un crecimiento de este indicador (2,1 % más en comparación con 2024). En el extremo opuesto se ubicaron Manizales y Medellín con el 13,2 % y el 16,7 %, respectivamente.
Bogotá, la capital del país, redujo la pobreza monetaria de 19,6 % en 2024, a 17,8 % en 2025, casi dos puntos menos.
Entre tanto, en la foto de pobreza extrema se evidencian las profundas brechas. La ciudad con menor porcentaje de esa condición en 2025 fue Manizales, con el 2,5 %, seguida de Medellín, con el 3,1 %. En contraste, la ciudad con mayor incidencia de pobreza monetaria extrema en 2025 fue Quibdó, con el 32,5 %, seguida de Riohacha, con el 23,3 %.

Este es el ingreso por habitante
De acuerdo con la información presentada por Urdinola, el ingreso promedio por habitante (per cápita), que era de 1.054.223 pesos en 2023 pasó a 1.281.590 pesos, lo que implica la suma de 111.820 pesos más (9,6 % más), lo que la funcionaria atribuye a efectos del mayor ingreso laboral y redistribución de la riqueza. Claro está, también esta estadística evidencia las grandes desigualdades regionales que hay.
