Han pasado casi siete años desde que en China se detectaron por primera vez en la ciudad de Wuhan síntomas de un virus que cambió el ritmo del mundo y dejó una cuenta de cobro dramática: más de 7 millones de muertos y efectos irreparables en la economía y las sociedades.
Ahora Estados Unidos, con el Gobierno Trump a la cabeza, vuelve a abrir la herida buscando explicaciones sobre los orígenes del virus y de las medidas de bioseguridad.
Todo empezó gracias a que el inmunólogo Anthony Fauci invocó este miércoles 29 de julio su derecho constitucional a no autoincriminarse. Se negó a responder las preguntas que le formuló el Comité de Seguridad Nacional y Asuntos Gubernamentales del Senado de Estados Unidos durante una audiencia convocada por el senador republicano Rand Paul, de Kentucky, para indagar sobre el origen del covid-19 y el manejo de la pandemia por parte del Gobierno estadounidense.
“Aunque me duele hacerlo, por el respeto que tengo por el Poder Legislativo y mi historial de décadas cooperando con el Congreso, bajo consejo de mis abogados invocaré mi derecho bajo la Quinta Enmienda de la Constitución para abstenerme de responder sus preguntas”, dijo Fauci ante el Comité. Así, volvió a sembrar dudas sobre su labor como director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas (NIAID) y asesor médico principal del presidente durante la pandemia.
La audiencia fue particularmente candente: Fauci acusó al senador de tener una “obsesión desquiciada” con él y de buscar, según dijo, verlo “tras las rejas”. Paul anunció que el Comité votará el 5 de agosto una resolución de desacato contra el exfuncionario por su negativa a declarar. El legislador cuestionó, además, la validez del recurso de Fauci a la Quinta Enmienda, argumentando que el expresidente Joe Biden lo indultó preventivamente antes de dejar el cargo.
Un discutido origen
La audiencia se produjo en momentos en que la administración Trump ha vuelto a hacer eco de la teoría de la fuga de laboratorio en la posición oficial del Gobierno. Desde abril del año pasado, el sitio web de la Casa Blanca aloja una página titulada ‘Lab Leak: The True Origins of Covid-19’, que reproduce las conclusiones de un informe del Subcomité Selecto sobre la pandemia de coronavirus, un panel de mayoría republicana de la Cámara de Representantes.
El documento sostiene que “un incidente de laboratorio vinculado a investigación de ganancia de función es el origen más probable” del virus. Asimismo, acusa a Fauci de haber impulsado, a través de la publicación científica The Proximal Origin of SARS-CoV-2, una narrativa de origen natural para desacreditar la hipótesis contraria.
Además, durante la audiencia, Rand Paul revivió registros y correos electrónicos de Fauci en los que el científico escribió que estaba “casi seguro de que el virus evolucionó naturalmente a partir de un salto de especie, aunque (...) mantengo la mente abierta a la posibilidad de una fuga de laboratorio”. Y agregó: “El hecho de que dos alternativas sean posibles no significa que sean igualmente probables”, algo que desde la comunidad científica se le ha restado importancia por reflejar cómo fue evolucionando el consenso científico, pero para los teóricos de la conspiración es una prueba más sobre el origen artificial de la infección.
Esa teoría contrasta con el estado actual de la evidencia científica disponible. En junio de 2025, el Grupo Científico Asesor sobre los Orígenes de Nuevos Patógenos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que trabajó durante tres años con 27 expertos, concluyó que “el peso de la evidencia disponible sugiere un contagio zoonótico”, ya sea directamente desde murciélagos o a través de un huésped intermediario, aunque sin cerrar por completo otras hipótesis.
En diálogo con SEMANA, Hugo Mario Galindo, médico epidemiólogo y presidente de la Sociedad Colombiana de Medicina Preventiva, asegura que, si bien no se sabe con certeza el origen del virus, “hay elementos que han alimentado esa hipótesis. Uno de ellos es que el principal instituto donde se investigaban coronavirus estaba ubicado precisamente en Wuhan, ciudad donde aparecieron los primeros brotes. Además, algunos investigadores reportaron casos con síntomas compatibles con covid-19 desde 2019, lo que ha llevado a plantear interrogantes sobre una posible relación entre las investigaciones y los contagios iniciales”.
Asevera también que no se difundieron estudios de tratamientos potencialmente efectivos. “Nosotros replicamos parte de esa experiencia con autorización de las autoridades sanitarias y encontramos mejorías sintomáticas en pacientes con cuadros graves. Considero que este tipo de investigaciones merecieron una mayor difusión. Por ahora, lo prudente es esperar a que surjan nuevas evidencias”, señala sobre los orígenes del virus en China.
El Gobierno Trump afirma que la recomendación de 2 metros de distancia que llevó al cierre de escuelas y negocios en todo el país “fue arbitraria y no se basó en la ciencia”. Cita, además, un testimonio de Fauci a puerta cerrada ante el Comité en el que el propio inmunólogo habría dicho que esa cifra “simplemente apareció”, haciendo crítica directa a una de las medidas más conocidas para evitar el contagio del virus.
El documento sostiene que “no hubo evidencia concluyente de que los tapabocas protegieran eficazmente a los estadounidenses del covid-19” y acusa a los funcionarios de salud pública de haber cambiado de posición sobre su eficacia “sin proporcionar datos científicos a los estadounidenses”. De igual manera, se señala que los confinamientos prolongados causaron “un daño inconmensurable” tanto a la economía como a la salud mental y física de los estadounidenses, con un efecto particularmente negativo en los más jóvenes.
Luis Jorge Hernández, médico epidemiólogo y coordinador del Observatorio de Salud Pública, señala en SEMANA que “la evaluación científica distingue entre la urgencia del momento y el conocimiento acumulado posterior, justificados en su momento. Al inicio de la pandemia, ante un virus desconocido y sin vacunas, las medidas de distanciamiento, tapabocas y restricciones severas estuvieron justificadas bajo el principio de precaución para evitar el colapso hospitalario”.
Sin embargo, sostiene que, “con los años de evidencia acumulada, hoy sabemos que varias reglas carecían de un sustento sólido. Por ejemplo, la norma de distanciamiento estricto de 2 metros o la desinfección masiva de superficies no tenían una base cuantitativa robusta. Asimismo, los confinamientos prolongados y el cierre extendido de escuelas generaron impactos socioeconómicos y de salud mental cuya efectividad real contra la transmisión fue muy desigual en comparación con el daño causado”.
Por ahora sigue el debate en Estados Unidos sobre la labor de las autoridades sanitarias durante la pandemia. Si los legisladores lo aprueban, Fauci podrá ser obligado a declarar nuevamente, esta vez sin la capacidad de poderse acoger a la Quinta Enmienda, que le permite guardar silencio sobre cualquier caso en el que esté involucrado. Mientras tanto, la comunidad científica lucha por esclarecer las dudas sobre lo que vivió el mundo durante la pandemia.