La ceremonia de posesión terminó. Los aplausos se apagaron, los invitados internacionales regresaron a sus países y las calles de Cali, convertida por primera vez en la historia en sede de una transición de mando presidencial, volvieron poco a poco a la normalidad. Sin embargo, para el presidente Abelardo De La Espriella apenas comienza la verdadera prueba.
El nuevo mandatario recibe un país con profundas diferencias entre las regiones, una infraestructura inconclusa y decenas de proyectos estratégicos que durante años han esperado financiación, decisiones políticas o simplemente voluntad para salir adelante. Gobernadores, alcaldes, empresarios y dirigentes gremiales coinciden en que el primer examen del nuevo Gobierno no estará únicamente en las reformas que presente al Congreso, sino en su capacidad para destrabar las grandes obras que podrían cambiar la economía nacional.
En el Pacífico, en Antioquia y en la costa Caribe, la lista de prioridades parece interminable. Son proyectos que llevan años sobre los escritorios de Bogotá y que, según las autoridades regionales, ya no admiten más aplazamientos.
El Valle del Cauca es uno de los departamentos que llega con una agenda más ambiciosa. La gobernadora Dilian Francisca Toro y el alcalde de Cali, Alejandro Eder, han coincidido en que el desarrollo de la región dependerá en buena medida de que el Gobierno nacional asuma compromisos concretos con las obras que fortalecerán el principal corredor logístico del país.
El proyecto que encabeza esa lista es el Tren de Cercanías del Valle del Cauca, una iniciativa concebida para transformar la movilidad entre Cali, Jamundí, Yumbo, Palmira y otros municipios del área metropolitana.
Durante los últimos años, el proyecto avanzó en estudios, diseños y estructuración financiera, pero su ejecución dependerá del respaldo definitivo del Gobierno nacional. En el Valle consideran que ese apoyo será determinante para convertir en realidad una obra que durante décadas ha permanecido en el papel.
Buenaventura concentra otra parte de las grandes expectativas. El principal puerto colombiano sobre el Pacífico continúa enfrentando problemas estructurales que afectan su competitividad frente a otros terminales marítimos de América Latina. Uno de ellos es el dragado permanente del canal de acceso.
Antioquia: cinco exigencias
Si el Valle del Cauca llega al nuevo Gobierno con una agenda de infraestructura para consolidar el Pacífico colombiano, Antioquia aterriza con un panorama marcado por las diferencias que sostuvo durante los últimos cuatro años con la administración de Gustavo Petro.
“El presidente Abelardo De La Espriella recibe una Colombia en los rines. El país debe pagar 590 billones de pesos adicionales en los próximos cuatro años y de eso nos dejó 200 billones de intereses. Los ministros dirán que no hay plata, pero como los antioqueños no somos de la queja, sino del hacer, nuestra propuesta es un paquete de victorias para Antioquia en los primeros 100 días de gobierno”, afirmó el gobernador Andrés Julián Rendón.
La principal apuesta del departamento tiene nombre propio: el Ferrocarril de Antioquia. Aunque para muchos pueda parecer una idea del pasado, el proyecto representa una de las iniciativas logísticas más ambiciosas del país. La recuperación del corredor férreo permitiría conectar centros industriales, reducir costos de transporte y complementar la red vial que hoy soporta casi toda la carga del departamento.
Rendón le pidió al nuevo Gobierno agilizar la entrega parcial de los corredores Bello-Cabañas y Cabañas-Grecia, avanzar en la obtención del derecho de vía que permita extender la conexión hasta la costa Caribe y destrabar los permisos técnicos necesarios para intervenir el histórico túnel de La Quiebra.
Considerado uno de los proyectos de infraestructura más importantes del país, el complejo vial ha avanzado entre dificultades financieras, diferencias institucionales y retrasos en la ejecución de algunas obras complementarias.
Las peticiones del Caribe
Si Antioquia pone sobre la mesa ferrocarriles, túneles y carreteras, la región Caribe llega con una agenda todavía más amplia. Allí la discusión no gira únicamente alrededor de la infraestructura física. Los empresarios advierten que el desarrollo económico también depende de resolver problemas estructurales como la crisis energética, la inseguridad y la pérdida de competitividad logística.
Durante los últimos años, los departamentos de la costa han insistido en que Colombia no podrá consolidarse como una potencia exportadora mientras el Caribe continúe enfrentando dificultades para aprovechar plenamente su ubicación estratégica frente al océano Atlántico.
La lista de prioridades es extensa, pero los gremios coinciden en un mismo diagnóstico: el nuevo Gobierno debe tomar decisiones desde el primer día si quiere convertir a la región en uno de los motores del crecimiento nacional.
Efraín Cepeda Tarud, uno de los principales dirigentes empresariales del Caribe, resume esa preocupación en una frase: la descentralización solo tendrá sentido si viene acompañada de inversiones reales.
Para el dirigente gremial, el Gobierno del presidente Abelardo De La Espriella tiene la oportunidad de saldar una deuda histórica con la región, impulsando proyectos que durante años han permanecido en discusión sin lograr despegar.
La recuperación de la navegabilidad del río Magdalena aparece entre las prioridades. No se trata únicamente del principal afluente del país. Su recuperación permitiría disminuir costos logísticos, facilitar el transporte de carga y volver a convertir al río en una verdadera autopista para la economía nacional.
Durante décadas, Colombia abandonó esa posibilidad mientras el transporte terrestre absorbía casi toda la movilización de mercancías.
Los empresarios consideran que recuperar el Magdalena tendría un efecto comparable al de construir una nueva gran carretera para el país.
Pero el río no es la única apuesta. La construcción del Tren Regional del Caribe vuelve a aparecer en la agenda de prioridades.
La iniciativa pretende integrar varios departamentos de la costa mediante un sistema ferroviario moderno que facilite tanto el transporte de pasajeros como el movimiento de carga.
Para los gremios, este proyecto tendría un efecto similar al que el Tren de Cercanías promete para el Valle del Cauca o el Ferrocarril de Antioquia para el noroccidente del país.
Otra de las grandes expectativas está concentrada en el desarrollo integral del Canal del Dique. Más allá de su importancia ambiental, los empresarios consideran que esta obra representa una oportunidad para mejorar la navegabilidad, fortalecer la infraestructura hidráulica y reducir los riesgos asociados a inundaciones que durante años han afectado a decenas de municipios.
A ello se suma la necesidad de modernizar la infraestructura portuaria. Sin embargo, hay un tema que supera incluso a las carreteras y los puertos: la crisis energética.
De acuerdo con el sector empresarial, garantizar tarifas competitivas y seguridad en el suministro eléctrico resulta indispensable para atraer nuevas inversiones.
“La cuestión energética es prioritaria porque impacta directamente la competitividad y la generación de empleo. Si queremos que el Caribe sea un motor económico, tenemos que garantizar condiciones que permitan producir y crecer”, aseguró Efraín Cepeda Tarud.