SEMANA: Un día es la esposa del papá de Miguel Uribe Turbay y al otro, la del candidato presidencial. ¿A qué hora pasó?
DELIA JARAMILLO: Hay cosas en la vida que llegan y hay que hacerlas bien. No es el sueño de mi vida ni me gusta ser primera dama, pero estoy haciendo esta campaña con mucho amor. Perder un hijo y de la forma en que lo perdimos nosotros, especialmente Miguel Uribe Londoño, porque yo tengo una hija y nietos que él vio nacer y crecer, es difícil. Él perdió a su único hijo y eran muy apegados. Miguel (hijo) no iba a ninguna parte si no iba Miguel (papá). En casi todos los paseos estaban juntos.
SEMANA: ¿Cómo le parece la candidatura presidencial de su esposo?
D.J.: Miguel es un empresario exitoso, una persona muy preparada, toda la vida se la ha pasado aprendiendo, estudiando, es un hombre supremamente culto y con una memoria formidable. No le digas la fecha de tu cumpleaños porque te recuerda el resto de tu vida. Llevo 28 años con él y con frecuencia me entero de que estudió cosas que yo no sabía. La vida de él ha sido llena de retos que ha sabido sortear con sabiduría; se puede decir que es una persona estoica en todo el sentido de la palabra. También tiene otra virtud: una salud espectacular, que se la atribuyo a que duerme muy bien. Creo que la aspiración presidencial nació a raíz del discurso que pronunció en la catedral de Bogotá, en el sepelio de nuestro hijo, cuyo propósito era darle importancia al expresidente Álvaro Uribe, a quien hemos querido mucho. Pensamos en él, en la tristeza de que no pudiera asistir porque tenía casa por cárcel en ese momento. Ese discurso se lo dedicó Uribe Londoño a Uribe Vélez. Después empezó todo el mundo a llamarlo a pedirle que fuera el candidato. Me dio dolor de estómago porque no me gusta la política. Cuando me empezaron a llamar, me disgusté con algunas personas. Llevaba tres días de haber enterrado a mi hijo y ¿cómo así que voy a exponer a mi marido? Están locos, decía. Los asesores de Miguel me preguntaron y les respondí que ni loca. Quería paz y que él no corriera peligro. Miguel Uribe Londoño sí quería llevar las banderas de su hijo, pero, si yo no quería, no lo hacía.
SEMANA: ¿Qué la cambió de decisión?
D.J.: Mi hija, una mujer maravillosa, ejemplar administradora de negocios de Eafit y quien ha estudiado mucho sobre familia, me dijo: “Mamá, el duelo de Miguel (papá) no lo soportará si no lleva las banderas de su hijo. Y tampoco lo hará sin ti. Te necesita más que nunca. Ayúdalo”. A los cuatro días, cuando él estaba dormido, le toqué la rodilla y le dije: “Lindo, tomé una decisión. Te voy a acompañar por tres razones: por ti, por Miguel y por Colombia”.
SEMANA: ¿María Claudia Tarazona respalda a Miguel Uribe Londoño?
D.J.: No se está metiendo en política. Lo respalda a nivel familiar. Hay una relación muy buena; además, es una mujer muy divertida. Ya ni nos vemos porque en este mundo de campañas no me veo con nadie. Estoy alejada de las personas que amo por este tema de campaña. No quiere meterse en política porque está dedicada a sus hijos; se levanta y lleva a Alejandro a cuanta clase haya. Dedicación absoluta. Es muy buena mamá y el niño está muy apegado a ella. A nosotros también. Cada vez que puedo robármelo, somos muy felices. Nos fascina. Cuando ella me dice: “¿Me haces un favor?”, yo respondo: “Alejandro, pero por Dios, qué emoción tenerlo. Amamos a ese niño”.
SEMANA: ¿Ha sentido deslealtad de los que fueron amigos de Miguel Uribe Turbay?
D.J.: Nunca fui cercana a la política de Miguel (hijo) porque me estresaba. Vivía muerta de miedo por un atentado. Ocho días antes de lo ocurrido con Miguel me vi con un amigo en la finca, nos sentamos a conversar y cuando ocurrió esta tragedia me escribió: “Delia, no lo puedo creer, ese día me contaste dos veces que tenías mucho miedo de un atentado contra Miguel”.
SEMANA: Acompañó a su esposo a Rionegro a verse con Álvaro Uribe, donde se habló del futuro político de Miguel Uribe Londoño tras la muerte de su hijo. ¿Qué pasó allí?
D.J.: Como el presidente Uribe le dijo a Miguel que la familia eligiera al candidato presidencial, sentimos como un privilegio el hecho de tenernos en cuenta, pero no era así. Teníamos todo el derecho porque habíamos entregado a un hijo que había trabajado 14 años en política, que se había dedicado al Centro Democrático, que amaba al presidente Uribe. Primero, el presidente le hizo la invitación pública en Zoom a mi esposo. Cuando conversamos María Carolina Hoyos, María Claudia, Miguel papá y yo, estuvimos de acuerdo en que quien debía ser el candidato era Miguel (papá). Cuando fuimos, Uribe no se esperaba eso. Pensaba que era otra persona y Miguel le dijo: “Presidente, hablé con la familia y la persona que va a entrar a ser precandidato soy yo”. Él se asustó. No esperaba eso y le propuso que por qué no mejor encabezaba la lista al Senado. Esa no era la idea; el objetivo era llevar y defender las banderas de nuestro hijo porque en el Centro Democrático no hay quien las defienda como su padre. Por otro lado, eran obvias las dificultades con María Fernanda Canal, Paloma Valencia y Andrés Guerra. Fueron necios con Miguel hijo y también con Miguel papá. El presidente Uribe dijo que consultaría el tema con los precandidatos.
SEMANA: Álvaro Uribe se sorprendió con el anuncio de Uribe Londoño.
D.J.: Sí, a él no le gustó, pero lo aceptó porque pensó que no iba a hacer nada. Era muy notorio que Uribe, a quien quiero mucho, pero me decepcionó, no quería.
SEMANA: ¿Por qué la decepción con Uribe?
D.J.: Porque no fue justo. Cuando a Miguel le hicieron esa gavilla entre los cuatro candidatos y el director del Centro Democrático, Gabriel Vallejo, el presidente Uribe no se metió, a pesar de que le pedimos ayuda. Lo viví. Fuimos a contarle la verdad y a decirle que nos estaban maltratando. Voy a poner un ejemplo simbólico: el presidente Uribe tenía seis hijos, los cinco candidatos y Gabriel Vallejo. Estaban agarrados y él cogió las llaves de la casa, echó llave a la puerta y se fue para ver quién quedaba vivo. Él no quiso hablar con nosotros.
SEMANA: ¿Imaginó que expulsarían a su esposo del Centro Democrático?
D.J.: Eso iba para allá, vimos que nos iban a hacer trampa. Por eso mi decepción. Miguel nunca le dijo a Álvaro Uribe que se iba a retirar; le dijimos que estábamos muy aburridos con el maltrato porque a Miguel le cambiaron siete veces las condiciones y al final ni sabíamos cuáles eran. Andrés Guerra, a quien también le tenía aprecio, y ya no, se salió de la candidatura porque no sonaba ni tronaba. Y se fue a despotricar de Miguel en los medios de comunicación y Uribe no dijo nada.
SEMANA: ¿Y cómo vio la posición de Cabal? Fue muy tensa la relación.
D.J.: Ella, su esposo y su hijo maltrataron tanto a los dos Migueles que, finalmente, le pasó lo que le iba a ocurrir a Miguel Uribe Londoño. En la elección de los precandidatos hubo un problema con las encuestadoras y María Fernanda terminó comiéndose su propio preparado. Eso era lo que Miguel no quería y a ella se lo hicieron. La forma en que sacaron a Miguel fue ilegal y sucia. Él no se lo merecía porque hizo las cosas bien y cuadruplicaba a las candidatas. A él le hicieron trampas por todos lados, hay testigos.
SEMANA: ¿Cree que esa relación entre Uribe Vélez y Uribe Londoño se pueda arreglar?
D.J.: Solo queremos que Colombia tenga un gobierno democrático que respete y cumpla la Constitución. Y haremos lo que tengamos que hacer para que este país salga de esta tragedia, que vuelva a apoyar la empresa privada, que finalmente es la que les da trabajo digno a los colombianos. Queremos un presidente que gobierne en democracia. No entiendo por qué están destrozando este país para que los pobres sufran más.
SEMANA: ¿Cómo ve la candidatura de Paloma Valencia? ¿Podría haber unión en segunda vuelta con su esposo?
D.J.: No tengo ni idea. No sé de política.
SEMANA: ¿Y cómo le parece la aspiración de Abelardo de la Espriella?
D.J.: Me da mucho pesar lo que nos hizo. También le tengo afecto, pero no sé por qué habló a nombre de mi esposo. Eso no se hace. Y también Álvaro Uribe, ¿por qué no nos escuchó? Quien nos ofreció la vicepresidencia varias veces fue Abelardo de la Espriella y salió una versión de que fuimos nosotros los que se la fuimos a pedir. Abelardo después se refirió al tema reconociéndolo. Fue una vaina mal hecha por todos lados; no fue justo con nosotros.
SEMANA: ¿Se ve como primera dama?
D.J.: Me tengo que ver, pero que quiera, no.
SEMANA: Si se convierte en primera dama, ¿qué haría?
D.J.: Las primeras damas, generalmente, son mujeres muy sociales dedicadas a ayudar a las personas más vulnerables. Tengo el mejor ejemplo del mundo: Nydia Quintero, una mujer muy allegada a nosotros, jugábamos dominó los fines de semana, era muy amorosa, un ejemplo espectacular. No recuerdo otra primera dama que trabaje por una causa social por Colombia y deje un legado que tenga continuidad. Hacen cosas y desaparecen cuando finalizan los gobiernos. Ella creó la Fundación Solidaridad por Colombia, que maneja muy bien María Carolina Hoyos, y qué maravilla que esas obras trasciendan.
SEMANA: ¿Por qué la llaman el otro ángel de Miguel Uribe Turbay?
D.J.: Cuando llegué a la vida de mi esposo, Miguel Uribe Londoño, Miguel Uribe Turbay tenía 11 años. Llegué en un momento en el que muy pronto hubo problemas muy difíciles porque en ese tiempo le hicieron a él una acusación falsa, que trajo muchos problemas. Lo acompañé en todo el desarrollo del tema y Miguel (hijo) y yo nos fuimos encariñando. Era muy niño y muy celoso; me costó mucho trabajo metérmelo al bolsillo.
SEMANA: ¿Cómo hizo?
D.J.: Me tocó jugar con las estrellas de las Tortugas Ninja porque él, en su orfandad de su madre, Diana Turbay, era aferradísimo a Miguel Uribe Londoño. Aparecí y él pensó que le iba a quitar a su papá. Me sentaba a hablar con él, le explicaba que no le quitaría a su padre. Que tampoco reemplazaría a su mamá, le prometí quererlo mucho y ser su amiga. Y lo hice. La relación siempre fue excelente. Nunca tuvimos un problema. Hubo respeto mutuo. Los dejaba que vivieran juntos en su casa, en su desorden, porque los dos, muy estudiosos, entonces vivían llenos de libros, periódicos; esto era un apartamento de intelectuales y no me metía. Un día Miguel hijo me preguntó: “¿Por qué no te casas con mi papá?”. Y le respondí: “Porque me odiarías. Yo no me aguantaría ni tu desorden, ni tus rumbas, ni tus llegadas a las 4:00 a. m. con tus amigos (risas)”. Él era muy joven.
SEMANA: Y se casó con Miguel Uribe Londoño solo cuando Miguel Uribe Turbay contrajo matrimonio con María Claudia Tarazona.
D.J.: Claro. El acuerdo era que hasta que Miguel hijo no se fuera de su casa no nos casábamos. Es que no hubiera funcionado. A uno no le gusta que la mamá lo regañe. Menos una señora que es mamá dos, porque la palabra madrastra no me suena. No se inventaron una palabra bonita para esa relación. Soy la mamá dos de Miguel. Lo llamo hijo. Es que tenía 11 años cuando lo conocí y se nos fue de 39. En la juventud fue bonito ayudarlo en ese proceso de conseguir novia y no saber qué decirle, qué darle. Era supremamente apasionado y lo aconsejaba. Quería darles regalos todos los días. Logré que diera un regalo al mes (risas). Le enseñé a bailar y fue buen alumno. Era un joven genio. Todo lo hacía bien hecho. Estudió piano, pero también era autodidacta, tocaba acordeón, guitarra, todo instrumento que cogía porque tenía buen oído.
SEMANA: Usted fue modelo y fotógrafa. ¿Cómo es eso?
D.J.: Era alta, superflaca, una mujer atractiva. Tenía características para ser modelo, pero eso no pasaba por mi mente. Un día en Cali entré a un bar de moda con unas amigas, una prima, y un señor me preguntó si era modelo y me contó que una amiga buscaba una. Le di el teléfono, era un peluquero muy famoso. Estaba recién separada, mejor dicho, en la olla. El modelaje y las ventas tenían relación y esa señora representaba a dos marcas, recorría las ciudades más importantes de Colombia con una maleta gigante llena de ropa. Yo era su chofer, su niñera, porque ayudaba a cuidar a su hijo, modelo, todo. Aprendí a trabajar. Me coticé muchísimo. Modelé con Danilo Santos, Patricia Mills, Lucero Cortés, Giovanni Lanzoni, Patricia Quintero, entre otros. Fui la coreógrafa de la mayoría de los desfiles.