Paloma Valencia pasó de convertirse en una de las candidatas más opcionadas a suceder a Gustavo Petro –porque se alzó con más de 3,2 millones de votos el pasado 8 de marzo, incluso superó la votación del Centro Democrático al Senado y la consulta en la que participó consiguió 5.857.395 respaldos– a estar hoy en el tercer lugar en las encuestas. Según todas las mediciones, tiene poco chance de pasar a una eventual segunda vuelta presidencial.

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En las últimas semanas ha habido equivocaciones; implosiones en su partido; ataques a Abelardo de la Espriella, a quien antes manifestaba que apoyaría en dado caso frente a Iván Cepeda, y alianzas con cuestionados políticos.

Valencia llega debilitada a unas elecciones en las que la derecha terminará fracturada y tendrá que trabajar desde el próximo lunes primero de junio para recomponerse y enfrentar a Cepeda, si finalmente hay una segunda vuelta y no se materializa un triunfo el domingo 31 de mayo por parte de ninguno de los aspirantes.

La candidata del Centro Democrático y su fórmula vicepresidencial, Juan Daniel Oviedo. Foto: Colprensa

La candidata no logró aglutinar a su alrededor al Centro Democrático en pleno. Y repitió la historia de Óscar Iván Zuluaga en 2022, cuando se convirtió en el candidato único de su partido.

En este caso, Valencia perdió, de entrada, dos grandes apoyos que no logró recuperar: María Fernanda Cabal y Paola Holguín, dos de las generales derrotadas en la elección presidencial y que no la respaldaron. La familia de la primera se fue con Abelardo de la Espriella y la segunda se quedó quieta, a la espera de una segunda vuelta.

“Me ha dolido, esperaba contar con mis generalas”, reconoció Valencia. Detrás de ellas, una estela de uribistas renunciaron al Centro Democrático y se pusieron las rayas del Tigre: José Félix Lafaurie, Carlos Fernando Mejía, Milla Romero, Alejandro Corrales, entre otros.

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La elección de Juan Daniel Oviedo como fórmula vicepresidencial atizó más el fuego en el Centro Democrático. El martes de esta semana, Daniel Briceño, el congresista más votado del Centro Democrático, lanzó el último misil contra el economista.

“Todo iba bien hasta que llegó Juan Daniel Oviedo, no comulga de ninguna forma con lo que nosotros pensamos”, reconoció Briceño, quien además es el jefe de volanteo de Valencia. Igualmente, el Partido de la U se fraccionó y parte de sus congresistas terminaron donde De la Espriella alegando “fuego amigo”.

Paloma Valencia y Juan Daniel Oviedo en el cierre de campaña. Foto: Colprensa

La estrategia de Valencia de atraer los votos del centro ideológico con Oviedo como vicepresidente pudo funcionar porque él alcanzó más de 1.200.000 electores el 8 de marzo, pero no toda la derecha vio con buenos ojos esa movida.

La propia María Fernanda Cabal reconoció, en su momento, a SEMANA que tenía “una encrucijada”. Y no la superó. Y es que la fórmula de Oviedo –a quien el uribismo más duro cataloga como petrista– no generó un consenso. Algunos lo señalan de ser “mamerto”, pese a que fue director del Dane en el gobierno de Iván Duque, y unos más lo critican porque no se declara abiertamente uribista. Respeta al expresidente Álvaro Uribe, le reconoce sus logros, pero no disimula sus diferencias. “Él no es uribista”, le dijo a SEMANA la exministra María del Rosario Guerra.

Oviedo, por su parte, ha insistido en que el país cambió y los colombianos, más allá de uribistas y petristas, quieren trabajar para vivir dignamente. Y por eso, cuando su nombre se escuchó para ser fórmula vicepresidencial de Valencia, él habló de unas condiciones y líneas rojas que incomodaron a la derecha.

Paloma Valencia y Nicolás Pérez. Foto: Suministrado a SEMANA

Como si fuera poco, el uribismo no ve con buenos ojos que Oviedo haya sido franco y hablara de su respaldo exclusivo a Valencia en primera y segunda vuelta.

En una entrevista, el exdirector del Dane no se comprometió a apoyar a Abelardo de la Espriella en caso de que pase a la segunda vuelta y, tal como termina esta campaña presidencial, difícilmente respaldará al Tigre. Una de las grandes incógnitas es qué pasará con él si Paloma Valencia, eventualmente, no gana este domingo.

La cercanía y lealtad de Paloma Valencia con Álvaro Uribe gustó al uribismo puro y duro, pero no cayó bien en los sectores del centro ideológico, a quienes la candidata buscó conquistar. En Santa Rosa de Osos, Antioquia, propuso en abril de 2026 al expresidente como ministro de Defensa y las redes sociales le cayeron encima.

No desprenderse de la figura del jefe de la Política de Seguridad Democrática forma parte de las cuentas de cobro en su contra porque un buen número de su electorado quiso verla como una figura propia, con experiencia y que brillara con luz propia. Los viajes de la mano con el expresidente por varios departamentos no le permitieron –a juicio de varios analistas consultados por SEMANA– mostrarse como una candidata autónoma.

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Paloma acudió a varias estrategias para arrebatarle la segunda vuelta a Abelardo de la Espriella; entre ellas, aliarse con los partidos políticos tradicionales y varios de sus líderes condenados o acusados por corrupción.

El senador John Moisés Besaile, del Partido de la U, la apoya abiertamente y fue condenado en primera instancia por la Corte Suprema a 69 meses de prisión por falsedad ideológica en documento público agravado. “Es hora de que una mujer llegue a la presidencia, apoyemos a Paloma Valencia para que sea la primera mujer en lograrlo”, dijo recientemente en plaza pública.

Paloma Valencia enfrentó días difíciles en los últimos días antes de elecciones. Foto: Colprensa

El senador Didier Lobo, del Partido Cambio Radical, también le anunció su apoyo público, pero la Sala de Instrucción de la Corte Suprema acusó y llamó a juicio a Lobo porque cuando fue alcalde de La Jagua de Ibirico, César, en 2012, protagonizó un presunto detrimento patrimonial de 1.492 millones de pesos en un contrato. “Colombia necesita decisiones firmes, pero también responsables. Hay coincidencias con Paloma Valencia”, dijo.

El congresista Wilmer Carrillo, del Partido de la U, y defensor de Gustavo Petro en la Comisión de Investigación y Acusación de la Cámara, también respalda a Valencia, pese a que fue condenado en primera instancia por un contrato sin el cumplimiento de requisitos legales que celebró cuando fue secretario de Infraestructura de Norte de Santander. “¿Dónde están los amigos de Wilmer Carrillo?”, preguntó el animador de un evento político de Paloma Valencia en Cúcuta el pasado 9 de mayo.

Paloma Valencia no rechazó los polémicos respaldos y su defensa se enfocó en que no ha feriado puestos burocráticos con los partidos políticos.

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El remate de la campaña no ha sido favorable para la candidatura uribista que ilusionó, en su momento, a centenares de mujeres en el país. Con el peso de las cifras de las encuestas en su contra, el desespero y el ambiente de una posible derrota sobre su candidatura, reforzó el equipo de estrategas, trajo a su lado a Danny Quirós, consultor político y publicista costarricense que entró a la contienda con una estrategia más radical que terminó por estallar a la derecha: agudizar el discurso contra Abelardo de la Espriella, quien se ganó un importante voto uribista.

Si Paloma Valencia –quien convirtió a De la Espriella en su principal enemigo político a vencer, por encima de Iván Cepeda– no pasa a segunda vuelta, rompería la tradición que apunta a que en Colombia, en los últimos 20 años, ha ganado el que diga Uribe, como ocurrió en 2010 con Juan Manuel Santos e Iván Duque en 2018.

El domingo quedará demostrado si el Tigre, con una versión más radical, digital y moderna en la derecha, se quedó definitivamente con el potencial electoral de Paloma Valencia.