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| 6/23/2018 7:30:00 PM

Las 102 licencias para cultivar cannabis medicinal

El gobierno ya otorgó 102 licencias para cultivar marihuana para uso medicinal a firmas nacionales e internacionales, entre las que están algunas de las más grandes del mundo. Colombia tiene todo para convertirse en el líder de este nuevo negocio de ‘yuppies’ verdes.

Marihuana medicinal: panorama de los cultivos en Colombia Algunas empresas, como Medcann, están muy avanzadas en el cerramiento de desarrollo de sus primeros cultivos, mientras que otras están cumpliendo los complejos trámites. Foto: Medcann

La marihuana aparece como una alternativa para millones de personas que no encuentran en los medicamentos tradicionales un alivio para algunas enfermedades o sus síntomas. También se perfila como una gran oportunidad de negocio y desarrollo del campo y la economía colombiana.

En efecto, en los últimos meses ha llegado una avalancha de solicitudes de empresas que quieren cultivar de forma tecnificada y con altísimos controles esa planta satanizada y perseguida por años, pero que ahora se muestra como una alternativa real para muchas regiones y para el campo.

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Hasta esta semana, el Ministerio de Justicia había expedido 102 licencias en 16 departamentos, de las cuales 8 son para obtener semillas. La mayoría están concentradas en Cundinamarca, Antioquia, Cauca, Valle, Tolima, Magdalena, Santander, y Caldas. A su vez, el Ministerio de Salud había entregado, a comienzos de junio, otras 43 licencias –muchas también para sembrar– para producir medicamentos que contengan cannabidiol. Esta sustancia se extrae de la flor de la planta y sirve para elaborar cremas, pomadas, inhaladores, espráis, cápsulas o gotas. Estas han mostrado virtudes para el párkinson, epilepsia, esclerosis múltiple, dolor crónico, depresión o para ayudar en las náuseas y vómito a las personas en tratamiento de quimioterapia.

En la lista hay empresas nuevas, entre ellas las más importantes en este renglón de Canadá, Estados Unidos, Australia e Israel. Desde hace unos meses Avicanna, una innovadora canadiense que lleva más de tres años trabajando con la Universidad de Toronto en varios medicamentos, desarrolla cerca de Santa Marta unas 20 hectáreas. Tras evaluar y visitar varios países, esta empresa le apostó a Colombia por las razones que mueven a todas: sus normas de avanzada, su ubicación geográfica, sus bajos costos de producción y un clima ideal para estos cultivos: 12 horas de sol y 12 de oscuridad todo el año.

Los costos también han sido un poderoso argumento: mientras producir un gramo de cannabidiol cuesta 3 dólares en Canadá y 1,75 dólares en el estado de Colorado, en Colombia apenas llega a los 35 centavos de dólar.

La marihuana medicinal se perfila como una gran oportunidad de negocio y desarrollo del campo y la economía colombiana.

También se decidió por Colombia Aphria, uno de los principales jugadores del cannabis medicinal en el mundo, que opera en Estados Unidos, Alemania, Brasil y Argentina, entre otros. Vic Neufeld, presidente y director ejecutivo de este gigante canadiense dijo que Colombia es un destino en el que muchos quieren estar, ya sea para cultivar, procesar y exportar la resina o incluso para procesar o vender productos. “Mientras que en Canadá, adaptar un acre para cannabis medicinal puede costar 2 millones de dólares, sin contar el alto consumo de energía para mantener la temperatura y luminosidad en invierno, acá los costos de implantación pueden ser entre 300.000 y 400.000 dólares. Esto sin contar los bajos costos de producción, puedes tener plantaciones al aire libre y contar con una mano de obra cualificada”, asegura.

El negocio del cannabis medicinal mueve unos 11.000 millones de dólares y se estima que será de 54.000 millones de dólares en 2025. José Manuel Restrepo, rector de la Universidad del Rosario, cree que en un corto plazo, así suene sorprendente, la producción de cannabis medicinal puede superar los 1.000 millones de dólares, cifra que sobrepasa las exportaciones de banano y flores juntas. Y estima que podrían aumentar a 4.300 millones de dólares, lo que equivale a la producción conjunta de flores y café. Este renglón, estima Restrepo, tendría un impacto a mediano plazo de entre el 0,2 y 0,5 por ciento del PIB nacional y del 15 por ciento del PIB de la agricultura.

Para Alejandro Gaviria, ministro de Salud, es claro que “el país está empezando a escribir una historia agroindustrial positiva en torno al cannabis medicinal. Si logramos avanzar, Colombia debe convertirse en epicentro de la producción y exportación de cannabis para uso médico y científico”. Sin embargo, aún hay cuellos de botella y aspectos por mejorar.

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El senador Juan Manuel Galán, quien lideró el proyecto de ley que permitió el uso medicinal del cannabis, admitió que el panorama es alentador, pero han aparecido algunas barreras. Una es la financiación. Las entidades financieras temen abrirles cuentas, recibir transferencias internacionales o darles créditos a este tipo de empresas.

Se trata de un sector legal, científico, reglamentado y con procesos de inspección, vigilancia y control muy completos, en el que las compañías deben pasar varios filtros del Estado y los cultivos son excesivamente vigilados, pero todavía enfrenta la desconfianza de algunos sectores. “Están georreferenciados, tienen doble cerramiento, barreras de acceso, sistemas de vigilancia, grabación las 24 horas del día y trazabilidad de todo lo que hacen. Es más fácil sacar un billete de las bóvedas del Banco de la República que una mata para uso recreativo”, dice Rodrigo Arcila, presidente de la Asociación Colombiana de Industrias de Cannabis (Asocolcanna), que reúne a empresas como Cannavida, Khiron Colombia o Pharmacielo. Además, estas empresas tienen altísimos estándares y controles porque allí se cultiva la materia prima de medicamentos y productos de consumo humano.

Para resolver los problemas de bancarización, el jueves la Junta Directiva del Banco Agrario aprobó por petición del gobierno y varios ministerios abrirles cuentas, ofrecer créditos y facilitar el traslado y movimiento de recursos. Esto con el fin de darles confianza a las demás entidades financieras.

Para obtener una resina o aceite con alta concentración de cannabidiol se requieren plantas con una genética muy desarrollada, como la que hay en Canadá. En ese y otros países, se deben gastar grandes sumas de dinero para simular el clima tropical.

Los demorados trámites fitosanitarios son otro cuello de botella. En Colombia no hay plantas ni semillas para producir las flores de alto contenido de cannabinoides, mientras que en Canadá, por ejemplo, han hecho millonarias inversiones para obtener 40, 60 o más variedades. “Las trabas han hecho que, incluso, ya se vean semillas y plantas de contrabando”, dice el senador Galán.

Aras Azadian, presidente de Avicanna, comparte ese punto de vista. Le dijo a SEMANA que Colombia puede beneficiarse del conocimiento y desarrollo de muchas empresas y otros países desarrollados. Esta multinacional de biotecnología busca integrar verticalmente un cultivo eficiente con su extenso conocimiento científico y experiencia. Pero aún espera las decisiones que tomen el Invima y el ICA.

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Un tercer cuello de botella para superar son las restricciones impuestas hace años por el gobierno y el Invima a la planta del cannabis, junto a la coca y la amapola. Este proceso en trámite permitirá producir y comercializar productos, unos de venta libre y otros con restricciones, en especial, los que contengan altas dosis de cannabinoides y no porque puedan tener algún efecto psicoactivo.

Y los médicos e instituciones de salud plantean un cuarto escollo. Al ser un tema nuevo, hay algo de prejuicio, desconfianza y temores frente a los beneficios que puede tener en un mundo en el que las decisiones se toman con evidencias científicas. Y las hay por los efectos positivos para el dolor o la epilepsia refractiva en los niños, entre muchas otras. “En mi caso, usé gotas de cannabis para manejar las náuseas. Tenemos que tener la mente abierta y debemos ser parte de las investigaciones y estudios que se están haciendo en el mundo”, dijo el ministro Gaviria.

De ahí la necesidad de que en el Estado una cabeza reúna a todas las partes del cannabis medicinal y trabaje para que Colombia se posicione como líder mundial de este producto. Y no solo en cuanto a cultivar la planta y extraer la materia prima, sino en cuanto a elaborar y exportar productos que satisfagan las necesidades de un mercado gigantesco. Al fin y al cabo, solo en Colombia puede abarcar 5 millones de personas, en América Latina unos 65 millones y más de 150 millones en el continente americano.

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