Los recientes eventos sísmicos han llevado a muchas familias a preguntarse qué pasaría con sus finanzas y su patrimonio ante una emergencia o un eventual fallecimiento. Más allá de contar con recursos para afrontar gastos inesperados, también resulta clave saber dónde están las cuentas, inversiones y seguros y quién podría gestionarlos si el titular ya no está.

Según Folionet, una de las primeras medidas consiste en centralizar en un archivo físico o digital la información sobre cuentas bancarias, inversiones, seguros, activos digitales, deudas y obligaciones, además de los contactos de las instituciones financieras. Esta organización puede complementarse con mecanismos como cotitulares, beneficiarios, poderes notariales, testamentos o fideicomisos, dependiendo de cada patrimonio.
La recomendación también es evitar compartir directamente las claves bancarias. Para las credenciales digitales existen herramientas como los gestores de contraseñas, que permiten establecer contactos de emergencia y administrar esta información de forma más segura.

Otro punto es contar con liquidez para responder ante gastos inesperados. La recomendación tradicional es mantener un fondo de emergencia de entre tres y seis meses de gastos; sin embargo, esta cifra puede variar según el perfil financiero y otras fuentes disponibles, como ahorros en dólares, inversiones líquidas de bajo riesgo o líneas de crédito previamente establecidas.
Los activos digitales también cuentan
La planificación patrimonial enfrenta además el reto de los activos digitales. Folionet señala que existe desconocimiento sobre su titularidad, el funcionamiento de las billeteras y qué ocurre con estos recursos cuando fallece su propietario.
De acuerdo con el dato compartido por la compañía, cerca del 14 % de los bitcoins existentes estaría en billeteras digitales de personas fallecidas, lo que equivale a más de US$175.000 millones. Estos activos pueden quedar inaccesibles cuando nadie dispone de las llaves digitales necesarias para recuperarlos.

Por eso, Folionet recomienda cinco acciones: centralizar y actualizar la información financiera; informar a una persona de confianza sobre la existencia del patrimonio sin entregar claves bancarias; revisar beneficiarios y cotitulares; contar con un fondo de emergencia y fuentes adicionales de liquidez; e incluir los activos digitales dentro de la planificación patrimonial.
La preparación financiera, concluye la compañía, no consiste únicamente en tener recursos disponibles, sino en saber qué se tiene, dónde está y cómo podrá gestionarse ante un escenario inesperado.
