Siempre me dijeron que era muy difícil para un restaurante hacer un buen ajiaco, no por sus ingredientes, sino porque cada familia bogotana tenía su propia receta. Entonces, a nadie le iba a saber como el que preparaban en su casa. Eso es lo que llaman sabor adquirido.
Algo parecido pasa con las encuestas. No importa tanto cómo se hacen, sino que su resultado termine siendo parecido a la realidad. De nada sirve hacer una receta que todos tengan que utilizar, para que al final el resultado sea diferente a lo que piensa el pueblo colombiano.
A los congresistas se les debe repetir que zapatero a tus zapatos. Qué mal momento escogió el Congreso para inventarse una ley de encuestas en una época cercana a unas elecciones tan trascendentales para el futuro de nuestra nación. Haciendo un símil, es como si la receta aprobada del ajiaco solo se pudiera realizar con papa criolla cosechada en el municipio de Fómeque; si no es de allá, ese potaje no puede llamarse ajiaco. Lo peor es que quien pontificó sobre la obligatoriedad de las características específicas de la papa criolla es un médico cirujano de Albacete, España.
Entendiendo que la ley es para cumplirla y que los entes de control están creados para eso, es inadmisible que les coarten la libertad a los colombianos de estar bien informados en momentos que tanto se necesita. Lo que ha venido haciendo el Consejo Nacional Electoral (CNE) contra las compañías encuestadoras es vergonzoso. Se nota que están restringiendo la información de las que el resultado no les gusta o favorece a su candidato de su preferencia.
A mí, como colombiano, ¿qué me importa que se llame encuesta, sondeo o tracking, mientras refleje una realidad sobre la que estamos pensando en estos momentos?
Que las dos encuestadoras con más asertividad a nivel internacional estén de una u otra manera por fuera del mercado y no vayan a entregar datos en los últimos días antes de las elecciones es una muy mala señal.
Adicionalmente, se ha restringido dentro del país que se puedan ver las casas de apuestas que funcionan a nivel mundial sobre las elecciones en Colombia. Casas donde estas apuestas valen más de US$30 millones y con resultados que se han asemejado mucho a la realidad del desenlace en otros países. Esto tiene una razón de ser; los americanos dicen Put your money where your mouth is, esto traduce: poner el dinero donde está tu boca. Que no es más que demostrar lo que dices con hechos, con billete.
Esperemos que el daño que hace la restricción de información sobre las elecciones en un momento tan importante para el futuro de Colombia no termine saliéndonos caro. La realidad es que, con todos los avances tecnológicos y la globalización, la información se va a filtrar de una u otra manera. ¿O es que los entes de control no saben qué es el VPN o que las redes sociales terminan filtrando toda la información?
Así ya no haya sofá, todo se va a conocer.
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