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100 años de la Primera Guerra Mundial: ¿cuáles fueron las lecciones ?

Los embajadores de Francia, Gautier Mignot, y de Alemania, Peter Ptassek, recuerdan que sus países, luego de dos guerras catastróficas, lograron consolidar el proyecto europeo. SEMANA habló con ellos sobre la conmemoración del centenario.

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10 de noviembre de 2018 a las 12:30 p. m.
Los embajadores de Francia y Alemania hablaron con semana sobre las lecciones de la Primera Guerra Mundial, a 100 años del armisticio que le dio fin.
Los embajadores de Francia y Alemania hablaron con semana sobre las lecciones de la Primera Guerra Mundial, a 100 años del armisticio que le dio fin.

SEMANA: ¿Qué condiciones llevaron al mundo a esa primera guerra?

Gautier Mignot: Ya había tenido lugar una guerra entre Alemania y Francia en 1871. Ese antecedente creó en Francia una voluntad de revancha por recuperar Alsacia y Lorena. Y hay que recordar el contexto del imperialismo y colonialismo de entonces. Pocos años antes casi estalla una guerra por Marruecos. Además, existía esa dinámica infernal de las alianzas, en las que en un conflicto entre dos entrarían los demás.

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SEMANA: ¿Cómo se veía desde Alemania?

Peter Ptassek: En ese tiempo, las relaciones entre los Estados llevaban a pensar que el poder de un país dependía de lo que le quitaba al otro. La competencia en Europa hizo insostenible el desbalance de poder entre Alemania y el resto. Todos creían que la única forma de operar era si yo gano, alguien tiene que perder, y viceversa.

SEMANA: ¿Qué tanto tuvo que ver la competencia por la presencia colonial en África y otros países?

G.M.: No fue el motivo principal, pero sí fue importante. Sobre todo, propició la rivalidad en los años anteriores a la guerra. Francia involucró tropas coloniales y vinieron soldados de África a combatir. Ellos se preguntaban: ¿por qué estarán peleando los franceses con los alemanes? ¿Será que se robaron unas cabras? ¿Unas mujeres? No, se están peleando por nosotros. Es una reflexión interesante.

SEMANA: ¿Y el factor militar?

P.P.: En ese rubro es común pensar que se tiene que ser siempre más fuerte. Creo que lo más importante, al menos en Alemania, es que eso se hizo porque no querían sufrir un puñetazo por la espalda. Por tanto, si querían la supremacía política, era necesaria la supremacía militar. Al teórico Carl von Clausewitz lo entendieron mal cuando dijo que “la guerra es una continuación de la política”. Él decía: “No olviden que las armas son una parte de la política”.

SEMANA: ¿Los líderes de 1914 tienen la responsabilidad de no haber entendido la gravedad de sus actos?

G.M.: Creo que más grave fue el error al final. Ellos sí que entraron a esa lógica de castigar y humillar a los vencidos. Era difícil prever en 1914 que se iban a lanzar a una guerra de cuatro años tan terrible. Pero esas lecciones no llegaron a los estadistas de 1919 cuando firmaron el Tratado de Versalles.

P.P.: Para los líderes fue muy simple decir que el instrumento para cuidar la paz era el castigo y la humillación. Y esto hace mucho más difícil pensar en la dimensión de quién fue el responsable de la Segunda Guerra Mundial. La impresión para todos es que la forma en que acabó la primera era injusta, ya que no se establecieron responsabilidades ni hubo confesiones. Y la gente pregunta: ¿se puede aprender de la historia? Por lo visto, no. Podemos ver esos errores regresar. Admiro la inteligencia de los aliados tras la Segunda Guerra Mundial para configurar una paz que permitiera a Alemania reconstruirse. Sin embargo, los elementos para mantener la paz llegaron juntos: una asociación que no permitiera humillaciones, reconciliación y la confesión de las responsabilidades.

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SEMANA: Eso nos lleva a que las heridas resultantes de las dos guerras comenzaron a cerrar con el Plan Marshall y la Unión Europea.

G.M.: Luego de la Segunda Guerra Mundial, el gran acto revolucionario fue la Declaración Schuman en 1950, que sentó las bases de la Unión Europea, en un contexto de odio contra los alemanes. Algunos decían: el problema fue que no fuimos suficientemente duros con ellos. Otros entendieron que había que reintegrarlos en la comunidad europea.

P.P.: Tengo la impresión de que Alemania sentía que volver a la lógica de antes de la guerra no era una opción. Pensaron que no era posible una paz sostenible sin una entidad más grande. Entendimos la independencia como la libertad que se encuentra en un área determinada que uno escoge y define por sí mismo y eso fue algo que aprendimos desde el inicio mismo de la Unión Europea. Francia nunca tuvo una ruptura en la narrativa de su identidad, siempre fue Francia. Alemania en ese rubro, en cambio, antes de 1871 era un caos total. Creo que como alemanes encontramos nuestro lugar en el mundo dentro de la Unión Europea.

SEMANA: Sin la marca de las guerras mundiales, ¿podríamos decir que las nuevas generaciones no ven un peligro, como en aquella época?

G.M.: Creo que hoy en día las amenazas son las mismas. Como ya no existe un temor latente de una guerra abierta como en 1914, creen que la amenaza ya no existe. Hoy día los miedos pasan por las ciberguerras, las manipulaciones para socavar las democracias, el cambio climático y la pérdida de biodiversidad. Todo esto puede desembocar en violencia, exclusión y discriminación, pero si bien no estamos confrontados con los peligros de hace 100 años, sí estamos en una situación comparable.

P.P.: Hay razones para tener miedo por cuenta de que nunca antes el mundo cambió tan rápido como ahora. Esto, por un lado, abre oportunidades a gran escala. Por otro lado, hay gente que no se ha beneficiado de lo bueno que el mundo ofrece y siente que se ha quedado atrás. El ejemplo de Trump y su política exterior hace entender cómo la gente de Medio Oriente siente que retrocede mientras otros avanzan. Si dejamos grandes poblaciones a la deriva, las perderemos.

SEMANA: Emmanuel Macron, presidente de Francia, habló sobre la necesidad de crear un ejército “verdaderamente europeo” para defenderse de Rusia e incluso mencionó a Estados Unidos. ¿Qué tanto preocupa eso?

G.M.: Francia viene apoyando desde hace varios años la construcción de una defensa europea, por independencia estratégica frente a potencias que pueden ser agresivas como el nuevo rumbo de la política norteamericana. Durante muchos años en Europa el debate se centró en que no necesitábamos defensa porque Estados Unidos nos protegía, pero hoy esa protección no es garantía. Sin embargo, lo importante es el Foro de Paz en París el 11 de noviembre inaugurado por Macron, la canciller Ángela Merkel, el secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, y más de 80 jefes de Estado. Con ese evento pretendemos dar visibilidad a soluciones globales para la gobernanza mundial. No podemos solamente hablar del pasado, también necesitamos elementos narrativos nuevos.

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P.P.: El ‘ejército europeo’ se ha discutido durante mucho tiempo y creo que es un proyecto difícil por cuenta de la gran presión que puede generar, lo cual no haría sino demorar su implementación. Sin embargo, creo que es una buena iniciativa porque tenemos industrias e intereses nacionales que tienen que sobrevivir en la Unión Europea. Lo único que espero es que no lo necesitemos demasiado pronto.

PODCAST.

El primer conflicto entre las potencias globales industrializadas mató a 10 millones de soldados y mutiló a más de 21 millones más. Tanto la guerra como la paz que siguieron han marcado al mundo de manera indeleble. Especialmente a Europa. ¿Se puede repetir? Descúbralo en esta edición del podcast internacional de Semana con los comentarios del escritor e historiador Enrique Serrano, profesor de la Universidad del Rosario.