La relación entre Colombia y Estados Unidos atraviesa una fase de redefinición, marcada por episodios recientes de tensión diplomática, declaraciones cruzadas y contactos directos al más alto nivel.
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Este escenario se inscribe en un cambio más amplio en la política de Washington hacia América Latina, caracterizado por un menor énfasis en alianzas de largo plazo y una mayor inclinación por relaciones de carácter transaccional.
Esa es la lectura que comparten Michael Shifter, expresidente de Diálogo Interamericano, y Adam Isacson, director del programa de Veeduría de Defensa de la Oficina de Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA), dos de los analistas más influyentes de la política estadounidense hacia la región. El próximo 4 de febrero, ellos participarán en Bogotá en el Gran Foro Colombia 206, convocado por SEMANA y Dinero, y organizado por Foros Semana.
Como antesala a lo que será su participación en el más importante e influyente foro de perspectivas país, Shifter le explicó a SEMANA que, “ante el enfoque agresivo e intervencionista de la administración de Donald Trump en América Latina, la región puede posicionarse estratégicamente de la mejor manera, diversificando y expandiendo sus socios económicos y diplomáticos a nivel global”. Recomendó priorizar los acuerdos regionales o subregionales para fortalecer la influencia.
De acuerdo con el experto, Colombia puede buscar nuevas oportunidades para estrechar lazos con Estados Unidos, “no solo a nivel de Gobierno nacional, sino también a nivel estatal y local, y, en particular, mediante asociaciones con el sector privado y la sociedad civil. Es crucial aprovechar al máximo la sólida trayectoria de cooperación entre ambos países”.
Isacson, por su parte, explicó a qué se refiere cuando afirma que la actual administración estadounidense es transaccional.
“No le importan los principios ni los valores compartidos, le importa hacer tratos (deals) basados en intereses”. Entre ellos mencionó garantizar el acceso al petróleo, los minerales y otros recursos; detener y revertir la migración; combatir el narcotráfico de manera punitiva —al estilo de los años ochenta—, sin reducción de daños ni corresponsabilidad; y minimizar la influencia de China y otras potencias externas.
“Busca ‘acuerdos’, no alianzas ni socios”, puntualizó. En este contexto, advirtió que su deseo constante de mantener la ventaja significa que ningún deal es definitivo, y ningún arreglo, predecible o sostenible. Por lo tanto, en vista de que los términos siempre pueden modificarse, los Estados deben estar preparados para volver a la mesa de negociaciones en cualquier momento.
“A menos que los líderes latinoamericanos estén en armonía ideológica casi perfecta con Trump y su programa, siempre existirá la amenaza latente de medidas punitivas, como aranceles, recortes de ayuda, denegaciones de visados e incluso advertencias de ataques militares”; y esto incluye a Colombia.
Al respecto, señaló que incluso si este país llegara a ser gobernado por un líder trumpista, podría verse obligado a elegir la “opción menos mala” cuando Washington, guiado por su nueva estrategia de seguridad nacional basada en el dominio hemisférico, plantee exigencias dolorosas. “Para tener éxito, Colombia deberá ser clara, coherente y firme en cuanto a los intereses más fundamentales en los que no puede ceder”, dijo.
Otro aspecto que no debe perder la región de vista es que ser de la derecha política no es suficiente: “Para mantener una relación de trabajo fluida, parece necesario que los presidentes sean MAGA (Make America Great Again), como Bukele o Milei”.
Finalmente, planteó que, si las relaciones con Estados Unidos parecen prometer más pérdidas que ganancias, los Estados tendrían un fuerte incentivo para diversificar sus relaciones comerciales, diplomáticas y de seguridad en un mundo cada vez más multipolar. “Eso sería desastroso para Estados Unidos, pero racional para la región”, precisó el representante de WOLA.
“Colombia y otras naciones del hemisferio deben decidir cuánto de ese riesgo están dispuestos a aceptar entre ahora y 2029. ¿Deben doblegarse, inclusive cuando ello vaya en contra de los intereses nacionales y los derechos de sus ciudadanos? ¿Deben desafiar abiertamente y arriesgarse a sufrir represalias? ¿O deben mantenerse firmes en sus intereses y principios fundamentales, sin grandilocuencia, y ceder en otros puntos, como Sheinbaum y Lula?”, concluyó Isacson.



