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| 8/29/2004 12:00:00 AM

Episodios sobre la aprobación del voto femenino en Colombia

María Eugenia Rojas escribió sobre los 50 años del Voto Femenino y los derechos complementarios.

Episodios sobre la aprobación del voto femenino en Colombia Episodios sobre la aprobación del voto femenino en Colombia
Para la preparación de la Asamblea Nacional Constituyente se había creado la Comisión de Estudios Constitucionales -CEC -, cuya función era básicamente la de la organizar el acto, más que la de incluir preceptos modificatorios al único proyecto existente.

En los primeros días del mes de junio de 1953, una comisión de destacadas damas presentó ante el CEC un documento, respaldado por más de tres mil firmas femeninas pidiendo que se incluyera el estudio de los derechos de las mujeres en las urnas. El tema venía siendo agitado por un grupo de periodistas entre las cuales se debe recordar a Emilia Pardo Umaña y a Luz Solano Borrero. Además de ellas, significativas profesionales y escritoras como Aydée Anzola Linares, Bertha Hernández de Ospina, Isabel Lleras de Ospina, María Currea de Aya, Josefina Valencia de Hubach, Ofelia Uribe de Acosta, Esmeralda Arboleda de Uribe y otras destacadas mujeres.

Pero el consejo organizador de la nueva Constitución no le dio ninguna importancia al tema que se presentaba. El Presidente del organismo preparatorio, Rafael Bernal Jiménez, se negó de manera consecutiva a recibir las delegaciones femeninas y en forma constante trató con sorna los planteamientos de las mujeres colombianas, en relación con sus derechos.

Un amplio sector del liberalismo se oponía a que recibieran "esta prioridad", teniendo en cuenta que la influencia de la Iglesia podía colocar en condición de inferioridad dentro de las urnas a esta militancia. A su turno, dentro del partido conservador, los más ortodoxos dirigentes aseguraban que le presencia de la mujer en la política minaba la consistencia de la institución hogareña.

En medio de la discusión, el 13 de junio de 1953, el General Gustavo Rojas Pinilla asume la Presidencia de la República, que había quedado vacante por desaparición del titular, Laureano Gómez, en nombre de las Fuerzas Armadas. Desde sus primeras intervenciones el Presidente Rojas se muestra claramente partidario de la entrega de los derechos políticos a la mujer.

En diciembre de 1953, por insinuación del Primer Mandatario, se reestructura la Comisión de Estudios Constitucionales, con participación de miembros de los dos partidos tradicionales y con perentorias exigencias de escuchar a las delegaciones femeninas que reclamaban un auditorio de manera urgente. Carácter trascendental tuvieron las conferencias que allí pronunciaron Josefina Valencia, Bertha Hernández de Ospina, María Aurora Escobar y Esmeralda Arboleda de Uribe.

Un hecho entró a identificar de manera inconfundible la actitud del Gobierno y fue el nombramiento que en diciembre de 1953 se hizo a la Señora María Currea de Aya, como representante de Colombia ante la Comisión Interamericana de Mujeres reunida en Washington.

Sin embargo, dentro de la Constituyente aparecieron cuatro corrientes definidas para el tratamiento del caso. Una encabezada por Félix Angel Vallejo y sólidamente respaldada por Gilberto Alzate Avendaño y Augusto Ramírez Moreno que era partidaria de que se le concediera a la mujer los derechos de participación electoral. Otra que dirigía el doctor Abelardo Forero Benavides, que no se oponía a que el caso se estudiara, pero que exigía que el punto quedara para que el Legislador con posterioridad tomara las determinaciones convenientes.

Una tercera corriente estaba personificada en el doctor Rafael Bernal Jiménez que aceptaba una participación de la mujer únicamente en las votaciones para los cabildos y que pedía que de manera gradual, con el paso del tiempo, se pudieran entregar otros derechos como el de ser elegida a los propios concejos municipales y participar en lo referente a las Asambleas departamentales.

Una cuarta, absolutamente radicalizada en contra de la participación femenina estaba comandada, entre otros, por el Constituyente nariñense Carlos Albornoz.

Los ánimos se polarizaron en mayor medida cuando el periódico oficial de la curia "El Catolicismo", dirigido por el sacerdote Mario Rebollo, expresó la total oposición a que la mujer pudiera llegar a los puestos de votación. Esto enfrentó aun más los ánimos, dejando vigentes en la práctica dos corrientes: una que defendía el voto femenino donde se mostraban como sus más enfáticos defensores Alzate Avendaño y el Liberal Luis López de Mesa y otra totalmente contraria encabezada por los juristas Eleuterio Serna y Jesús Estrada Monsalve.

Pero el 12 de febrero de 1954, que entra a convertirse en una fecha histórica para la mujer colombiana, de manera intempestiva el Ministro de Educación, Daniel Henao Henao se presenta ante la Corporación y advierte en tono enfático que la opinión del Presidente de la República está consignada en mensaje verbal por intermedio suyo, en el que exige que la mujer debe recibir la totalidad de los derechos políticos, quedando en igualdad con los varones. Esto se ciñe a los compromisos internacionales que Colombia ha adquirido tanto en Chapultepec como en las Naciones Unidas.

El capítulo siguiente es la aprobación unánime del Acto Legislativo Número 3 de 1954 que entrega la totalidad de los derechos a la mujer para elegir y ser elegida. La irrupción femenina dentro del gobierno de Rojas es inmediata. La presencia de ministras, gobernadoras, y embajadoras se da con gran prontitud. Los cargos medios de la administración se equilibran y Poderes como el Judicial rápidamente es atendido por un amplio sector femenino.

DISCUSIÓN SOBRE EL VOTO FEMENINO EN LA ASAMBLEA CONSTITUYENTE

Mientras tanto, en la Comisión de Estudios Constitucionales se planteaba un punto fundamental dentro del criterio del gobierno: el voto femenino. La tesis del sufragio universal había sido presentada por el constituyente Félix Angel Vallejo queriendo interpretar el sentir del Jefe del Estado. La del sufragio limitado de autoría de Hernando Navia Varón, tendía a discriminar a la mujer y planteaba la posibilidad de que tan solo a un pequeño sector femenino se le hiciera acreedor al voto o de manera definitiva se suprimiera este proyecto. El empate en la comisión prácticamente hundía el eventual logro. La lucha contra el voto femenino había encontrado dos fuertes opositores uno en el sector liberal, el doctor Abelardo Forero Benavides, y otro en el conservador, un ilustre delegado del departamento de Nariño, el doctor Carlos Albornoz.

Los debates se desarrollaron sobre cuatro interrogantes convertidos en una polémica imposible de concluir: A) ¿El voto para la mujer debe ser integral o limitado? B) ¿Goza la mujer colombiana de suficiente capacitación política para ejercer ese derecho? C) ¿Tiene el país suficiente cultura política que aconseje la entrega del voto a la mujer? D) ¿Le conviene a la Nación colombiana y a la propia mujer esta reforma?.

Los enfrentamientos, si se quiere con un cierto tenor académico, se desarrollaron alrededor de importantes discursos; las figuras más destacadas eran los ya mencionados Forero Benavides y Albornoz además de Gilberto Alzate Avendaño, Daniel Henao Henao, Alvaro Copete Lizarralde y Rafael Bernal Jiménez. Aunque la discusión se desarrollaba dentro de la mayor ponderación parecía imposible frente a unas fuerzas totalmente equilibradas encontrarle salida al problema.

El diputado Guillermo León Valencia, quien se había manifestado opuesto de una manera fría, casi tímida si el término tuviera validez, expresó su aceptación obligado y presionado por la insistencia del Presidente de la República. Con el ánimo de complacer al Gobierno, resolvió consumir un trago amargo muy distante de su voluntad y de sus convicciones. La actitud de Valencia, con todo su desgano de por medio, causaba más daño que aporte. En el momento menos esperado, se puso en pie su hermana Josefina Valencia, quien recientemente se había posesionado como delegataria y en un enfático discurso, donde mostró al país sus capacidades y su integridad, se enfrentó con airado valor a su hermano, en ese momento Presidente del Directorio Nacional Conservador. Recojo de manera textual algunas de sus palabras:

"Lamento en esta intervención tener que hacer alusiones personales, pero desciendo como el diputado Valencia de Guillermo Valencia; hubiera preferido que su posición frente al voto femenino no hubiera sido plena galantería, sino de absoluta igualdad... En esta forma repudio la afirmación de que el voto femenino y la intervención de la mujer en la política, pueda destruir los hogares y pueda romper la paz de las familias colombianas ."

Josefina dio a conocer ese día, en forma pública, sus grandes capacidades que siempre la respaldaron en su gestión política. Era indudable el acierto del Gobierno al haberla convertido en la primera mujer miembro de la Asamblea Nacional Constituyente. Su brillante carrera, iniciada en ese momento, la llevaría después de la Gobernación del Departamento del Cauca, al Ministerio de Educación y al Senado de la República. En cada una de estas posiciones su capacidad de trabajo y sus calidades humanas la mostrarían como uno de los mejores ejemplos de la lucha a favor de entregarle a la mujer colombiana la plenitud de sus derechos políticos, entre otros el de elegir y ser elegida.

Sobre esta materia el Presidente de la República estaba resuelto a sacar adelante el Proyecto y colocar a la mujer en el mismo nivel que los hombres, en materia de posibilidades políticas. Aquella no fue una batalla fácil pero con posterioridad llegaría a ser una de las realizaciones del Gobierno que transformaría las estructuras de la indispensable participación ciudadana. Hasta este momento el concepto de democracia participativa se refería de forma exclusiva al juego de poderes desarrollado en los altos clubes sociales y de los cuales tan sólo participaba un sector directivo de la clase política y los regentadores del mundo financiero.

El viernes 12 de Febrero de 1954, el Ministro de Educación Daniel Henao Henao transmitió a la corporación la enfática postura del Presidente de la República, extensiva a la Comisión, en vista de la inquietud sobre la materia. En breve frase el Ministro Henao Henao advirtió de manera textual: "Su Excelencia es partidario del sufragio femenino universal". A partir de este momento el Presidente de la República libró la batalla para sacar adelante el que sería el Acto Legislativo Número 3 de 1954. La mujer no solamente adquirió los derechos políticos sino una serie de derechos jurídicos complementarios.

A pesar de mi juventud, participé entonces en las movilizaciones femeninas que presidí en compañía de mi madre y de las demás dirigentes femeninas en Bogotá y en todas las capitales del país las cuales respaldaron al Presidente Rojas y a la Asamblea Nacional Constituyente en este vital proyecto que ubicó a Colombia al mismo nivel de los países más avanzados del orbe.

El concepto de Rojas Pinilla sobre la participación femenina en materias políticas fue sin duda una de las grandes revoluciones en el terreno de la participación democrática. Hasta este momento, algo más de la mitad de la ciudadanía colombiana estaba privada del derecho de elegir y en mayor medida de representar a sus conciudadanos. A partir de la adquisición del derecho al voto, las mujeres pudieron ascender a las más altas posiciones dentro de la administración del Estado. En poco tiempo el poder judicial fue irrigado por la inteligencia, la idoneidad y la honestidad de múltiples abogadas que vieron perspectivas interesantes en una profesión en la cual con anterioridad se les miraba, como una curiosidad de museo. El país incorporó a partir de este momento una formidable fuerza creadora cuyo resultado en los años posteriores fue factor definitivo en el sostenimiento de la estabilidad social, particularmente, en los tiempos de la más dura lucha contra la violencia. La mujer colombiana adquirió un compromiso histórico con Rojas Pinilla en lo referente al reconocimiento de sus derechos y a la tarea indomable para imponerlos como fórmula de igualdad, aplicación democrática y justicia social.

ACTO LEGISLATIVO Nº 3 DE 1954

El 25 de agosto de 1954, la Asamblea Nacional Constituyente, que durante todo el Gobierno del General Gustavo Rojas Pinilla actuó en su carácter propio y en el de Órgano Legislativo, concedió a la mujer colombiana el derecho al voto universal, sin diferencias de razas, credos políticos o identificaciones partidistas. El Proyecto había sido presentado y defendido por el régimen por tratarse del derecho de representación popular más importante en toda la historia de la República.

Solamente, durante el gobierno del General Rojas Pinilla, la mujer adquiere en plenitud sus derechos políticos y civiles y llega a los más altos cargos del Estado, tales como los ministerios, la Constituyente, embajadas, gobernaciones, gerencias y alcaldías. El Acto Legislativo número 3 del 25 de Agosto de 1954 que le concede los derechos a la mujer representa, el más trascendental de todos los avances de participación popular en la historia del país. Fue una lucha de insistencia argumental para convencer a los partidos políticos, que por medio de sus representantes en la Corporación se oponían obsesivamente a entregar unos derechos a la mujer, que rompían con la tradición electoral colombiana. Figuras destacadas de la propia Iglesia Católica se oponían también al proyecto.

La consecución del voto femenino fue en su momento una de las más significativas manifestaciones de evolución dentro del estado de orden y de derecho. Era una expresión revolucionaria, en el más auténtico sentido de la palabra. A partir de entonces las normas constitucionales y legales recogieron la igualdad de la mujer en Colombia y, bajo el respaldo de la gran transformación jurídica la Nación, encontró la inigualable experiencia intelectual de sumar la inteligencia de la mujer, sus dones y virtudes a la solución de todos los problemas y conflictos.

Lo digo con orgullo y sin arrogancia: la historia tiene una deuda de exaltación a la memoria del Presidente Rojas Pinilla en terrenos múltiples y significativos. Uno de ellos, indudablemente, es su concepto de lo que debe ser la representación ciudadana a partir del momento en que le entregó a la mujer todos los alcances jurídicos para su activa participación.

Cuando en 1957 el país fue a las urnas, el 1º de diciembre para votar el Plebiscito que tenía fuerza de reforma constitucional, la mujer estaba dotada de cédula de ciudadanía, que le había entregado el General Rojas Pinilla y gracias a ese documento que la integraba como ciudadana con derechos totales, pudo hacerse presente en las urnas. A mi madre le correspondió la cédula número 20.000.001 y a mí la número 20.000.002.

La lucha política y social me impuso una presencia sin descanso como dirigente, en las plazas públicas y dentro de las corporaciones. El Concejo de Bogotá, la Cámara de Representantes y el Senado de la República me significaron una ratificación permanente de mi compromiso con la ciudadanía y en particular con el sexo femenino. Posteriormente, me correspondió ser la primera mujer colombiana que en el debate de 1974 asumió la candidatura presidencial enfrentada a las estrellas de los partidos tradicionales, los doctores Alfonso López Michelsen y Alvaro Gómez Hurtado. Obtuve el 10% de la votación, lo que equivaldría ahora a 1'500.000 votos. La mujer ejerció más el machismo que los hombres pero ha venido superando ya esa etapa.

La Carta Constitucional de 1991 penetró de una manera más exigente y mucho más complementaria en los aspectos de la representación y participación de la mujer. El Artículo 40 en el último inciso del numeral 7 dice a la letra: "Las autoridades garantizarán la adecuada y efectiva participación de la mujer en los niveles decisorios de la administración pública". Y a su turno el Artículo 43 establece el principio de que "La mujer y el hombre tienen iguales derechos y oportunidades". Este mismo Artículo estipula otros derechos para la mujer eliminando posibilidades de discriminación y contemplando situaciones especiales en las obligaciones de asistencia y protección del Estado.

He tenido la satisfacción inmensa de madre y colombiana de ver que mi hijo Samuel, Senador de la República fue posiblemente el primero de los Legisladores que en esta materia intentó reglamentar la actual Constitución presentando trascendentales Proyectos de Ley como fue aquel que reza: "Por el cual se reglamenta la participación de la mujer en la administración pública de acuerdo con las exigencias y el espíritu de la Constitución Nacional" que exigía una observancia jerárquica y escalonada que permitiera la máxima responsabilidad administrativa en la participación de la mujer dentro de los cargos del Estado a todos los niveles y en todos los lugares del país. Lamentablemente, este no fue aprobado.

Por este mismo proyecto se intentó entregar a la mujer una más amplia posibilidad de participación en la vida legislativa, buscando mayor respuesta económica para aquellas listas electorales que atendieran la justa presencia femenina.

Y me enorgullece que hubiera sido también el Senador Moreno Rojas el primero de los Legisladores que intentó conseguir para las madres comunitarias, esa hermosa institución que conmueve mis sentimientos maternos, una sólida y equitativa posición dentro del panorama laboral y social de nuestra colectividad.

El papel de la mujer dentro de la lucha por la consecución de mayores seguridades sociales tiene características muy propias. Hoy en día, cuando ya se alcanzaron principios de avanzada laboral y de seguridad común, el combate por lograr un mejor porvenir social está sostenido sobre los avances que tienen al hogar como columna vertebral. Es el derecho a la vivienda, a la educación, al trabajo, y a la salud de los hijos, es la tranquilidad de encontrar que quienes no están preparados para la guerra no tengan que ir a librarla porque una disposición arcaica así lo exige. Es un nuevo sentido de la consolidación social de la familia. Es una batalla que nos corresponde librar a todos los colombianos que tengamos principios de confraternidad. Yo diría que hay que hacer patria con un gran acento femenino, el que ponen las madres, las esposas, las hijas, las hermanas y las novias de los hombres de nuestro país.

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