HASTA QUE LA PLATA LOS SEPARE

El multimillonario Rupert Murdoch afronta el negocio más costoso de su vida: el divorcio de su esposa Anna.

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31 de agosto de 1998, 12:00 a. m.

El magnate de los medios Rupert Murdoch, de 67 años, ha tenido que sentarse en la mesa de negociaciones con todo tipo de personajes: desde curtidos hombres de finanzas hasta inquisidores funcionarios de impuestos. Lo que nunca imaginó es que algún día tendría que sacar a relucir sus grandes habilidades de negociador para enfrentarse con un miembro de su propia familia.
Se trata de su esposa Anna, de 53 , quien presentó demanda de divorcio después de 31 años de matrimonio y tres hijos. Aduciendo diferencias irreconciliables la escritora y filántropa pidió la terminación del vínculo matrimonial y la separación de los bienes comunes y exigió una mensualidad para su sostenimiento que podría llegar a la suma de 200.000 dólares.
La primera jugada en esta partida parece haberla ganado Anna, pues al entablar la demanda en Los Angeles _el lugar en donde vive la pareja_ podrá obtener muchos más beneficios económicos que en cualquier otra parte del mundo. De acuerdo con la legislación de esta ciudad el cónyuge tiene derecho al 50 por ciento de los bienes de la pareja sin importar si ha contribuido a conseguirlos o no. Esto significa que Anna puede aspirar a la mitad de la fortuna del magnate, estimada por la revista Forbes en 5.300 millones de dólares.
Este será, sin duda, un golpe duro para Murdoch, cabeza de News Corp., uno de los emporios más importantes en el mundo de los medios y las telecomunicaciones. La empresa es dueña de estaciones de televisión, periódicos, estudios de cine y empresas editoriales en todo el mundo. Entre sus propiedades más conocidas se encuentran la cadena de televisión Fox, el tabloide The Sun, el equipo de béisbol Dodgers de LOs Angeles, el estudio 20th Century Fox y la empresa de televisión satelital Sky. Pero su gran mérito no radica tanto en el hecho de poseer uno de los conglomerados de medios más grandes del mundo sino en haberlo hecho a pulso, a partir de un modesto periódico familiar en Adelaida, Australia, el cual heredó de su padre en 1950.
Como en casi todos sus negocios, en el matrimonio parecía no haber ningún saldo en rojo. La pareja se había conocido hace más de tres décadas cuando Anna hacía su práctica como reportera en uno de los periódicos de Murdoch, en Australia. El, por su parte, era un recién divorciado que ya se perfilaba como un peso pesado en el negocio de los medios de comunicación. Anna fue asignada para entrevistar al empresario en su residencia y desde entonces se volvieron inseparables.
Con el tiempo los Murdoch se convirtieron en un matrimonio modelo. A diferencia de otros millonarios famosos, su vida siempre estuvo alejada de los flash y las cámaras y gracias a esto lograron formar una familia ejemplar, basada en la unidad y los principios religiosos católicos. Sus tres hijos, Lachlan, James y Elizabeth, son hoy ejecutivos claves en el negocio.

El principio del fin
Pero haciendo justicia al viejo refrán 'de buenas en el dinero y de malas en el amor', la desmedida pasión de Murdoch por los negocios fue creando fisuras irreparables en la relación. Para llenar los vacíos del matrimonio Anna creó un espacio propio. Y mientras su esposo multiplicaba su fortuna ella logró hacer fama como escritora de novelas. Pero la falta de tiempo, los constante viajes y las reuniones interminables se convirtieron en un obstáculo cada vez más grande para tener una vida de pareja normal.
Pese a que Anna pidió a Murdoch que permaneciera más tiempo en casa y delegara algunas de sus responsabilidades en los hijos, ella siguió siendo la segunda en la lista de prioridades. En vista de que sus peticiones no fueron escuchadas en abril decidió partir cobijas. A pesar de que vivían separados ella siguió siendo miembro de la junta de News Corp. y las relaciones entre los dos se mantuvieron en los mejores términos. Esto era un augurio de que la separación no tendría ningún efecto en el manejo de la compañía y que se trataba más de una situación temporal que una cuestión definitiva.
Pero la decisión de poner fin al matrimonio ante la ley cambió el panorama de claro a oscuro. La demanda de divorcio implicará inevitablemente un examen riguroso de cada una de las ramificaciones en la enmarañada red de holdings que el magnate de los medios tiene en el mundo. También supondrá una negociación entre él y su esposa para lograr un acuerdo en la división de los bienes.
Este último aspecto es el que más impacto ha causado en los círculos financieros. Los expertos temen que si Murdoch divide con su esposa el 31 por ciento de la participación que tiene en News Corp. perderá el control sobre su emporio. El peor escenario sería que él se las diera y ella las vendiera a otros accionistas. También se especula que él tenga que vender acciones para obtener liquidez y pagar su divorcio.
Pero otros analistas opinan que las probabilidades de que esto suceda son pocas pues Murdoch ha puesto la mayor parte de sus acciones en fideicomisos a nombre de sus tres hijos. Aunque recibiera las acciones Anna, que fue capaz de separarse del magnate, sería incapaz de hacerlo de un negocio tan lucrativo como el de su esposo. Además el bolsillo de Murdoch es tan amplio que muchos confían en que será capaz de hacer un convenio justo sin que la compañía sufra mucho.
Por ahora todas las teorías que se tejen sobre el acuerdo final son meras especulaciones. Lo único cierto desde ya es que este asunto _debido a la jugosa suma que está en juego_ será el negocio más importante en la carrera de Murdoch y probablemente el divorcio más costoso de la historia.


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