Ambiente

Proteger los humedales: la clave para frenar los efectos del cambio climático en Bogotá

En dos años, la administración distrital ha avanzado en la recuperación de más de 300.000 metros cuadrados de estos ecosistemas, fortaleciendo la capacidad natural de la ciudad para enfrentar lluvias intensas y sequías prolongadas.

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25 de febrero de 2026, 9:42 a. m.
La capital del país cuenta con 32 áreas protegidas (17 de ellas Reservas Distritales de Humedal).
La capital del país cuenta con 32 áreas protegidas (17 de ellas Reservas Distritales de Humedal). Foto: Alcaldía de Bogotá - API

Las lluvias cada vez más intensas y los periodos de sequía prolongados son algunos de los efectos del cambio climático. Para reducir su vulnerabilidad y fortalecer su capacidad de adaptación frente a este fenómeno, Bogotá decidió apostar por soluciones basadas en la naturaleza, que protejan a sus más de ocho millones de habitantes.

La capital del país cuenta con 32 áreas protegidas (17 de ellas Reservas Distritales de Humedal), que en este contexto se convierten en infraestructura ambiental clave para reducir riesgos y enfrentar el cambio climático.

Los humedales son aliados clave para la vida en la ciudad. Funcionan como esponjas naturales.
Los humedales son aliados clave para la vida en la ciudad. Funcionan como esponjas naturales. Foto: Alcaldía de Bogotá - API

Durante los dos primeros años de la Alcaldía de Carlos Fernando Galán, la administración ha avanzado en la restauración de más de 317.000 metros cuadrados de humedales, equivalentes a 44 canchas de fútbol.

“Los humedales son aliados clave para la vida en la ciudad. Funcionan como esponjas naturales: en épocas de lluvia almacenan agua y ayudan a prevenir inundaciones, y en tiempos de sequía la liberan gradualmente”, explica la secretaria de Ambiente de Bogotá, Adriana Soto.

“Además, limpian el agua y el aire, capturan carbono y son hogar de una gran diversidad de especies. En una ciudad como Bogotá, recuperarlos no es solo una decisión ambiental sino una necesidad para el bienestar y la calidad de vida de la gente”, añade la funcionaria.

Iniciar un proceso de restauración en un humedal es devolverle la vida: limpiar lo que lo afecta, sembrar especies nativas, controlar plantas invasoras y recuperar el movimiento natural del agua para proteger a la ciudad frente a inundaciones y sequías.

Se trata de una apuesta histórica: invertir en biodiversidad como herramienta clave para que Bogotá esté mejor preparada frente a un clima cada vez más impredecible.

Espacios de convivencia

Los humedales son escenarios donde confluyen la ciencia, la gestión pública y la ciudadanía para demostrar que es posible una ciudad que convive con la vida silvestre. Once de estos espacios cuentan con el sello internacional Ramsar, un reconocimiento que destaca su biodiversidad y que también implica un compromiso permanente de conservación.

“Es fundamental fortalecer el sentido de pertenencia de quienes viven cerca de estos ecosistemas”, afirma Soto. “Son espacios de recreación pasiva y educación ambiental: recorridos para avistar garzas y tinguas, o caminatas nocturnas para observar búhos y murciélagos. En medio del entorno urbano ofrecen aire más limpio, regulación térmica y contacto directo con la naturaleza”, complementa.

Ser una ciudad de humedales significa contar con un sistema ecológico que protege a la ciudad, reduce riesgos, ofrece escenarios de aprendizaje y refuerza su identidad ambiental. Su valor no es simbólico, es vital para las generaciones presentes y futuras.