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Una mamá osa de anteojos y sus dos cachorros fueron vistos en Guasca

La Fundación Santuario del Oso de Anteojos recorrió la zona y aseguró que están en buen estado. Esta especie sólo habita en las zonas boscosas de cinco países de Sudamérica y en Colombia se estima que la población ronda los 8.000 individuos.

Habitantes de Guasca, municipio de Cundinamarca ubicado en la cuenca alta del río Bogotá, reportaron la presencia de una familia de osos de anteojos en el borde del bosque andino, a unos 100 metros de una vivienda de la zona rural.

El avistamiento le fue comunicado a la Fundación Santuario del Oso de Anteojos, organización sin ánimo de lucro ubicada la vereda la Concepción Piedra de Sal de Guasca y dedicada desde hace más de dos décadas a la conservación, investigación, protección y mantenimiento de este mamífero único de Sudamérica. 

Los dos cachorros estaban ocultos entre la vegetación del bosque andino. Foto: Fundación Santuario del Oso de Anteojos.

Al recorrer la zona, expertos de la fundación fueron testigos de un encuentro mágico con la biodiversidad: una madre con sus dos cachorros ocultos entre la densa vegetación del bosque andino. Los oseznos estaban camuflados entre ramas de los árboles cubiertas por musgos y barbas de viejo, especies insignias de los páramos.

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En la visita de verificación nos encontramos con una osa y sus dos hermosos cachorros. Bajo la tutela de la madre, los oseznos permanecieron semi camuflados bajo la protección materna. Queremos agradecer a la comunidad de Guasca por velar por la seguridad de esta familia de osos”, informó la fundación.

La madre no desampara a sus dos crías. Foto: Fundación Santuario del Oso de Anteojos.

El Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible también destacó el compromiso de la ciudadanía de Guasca al reportar a esta familia de osos e hizo un llamado para que seguir contribuyendo con la conservación de este mamífero, llamado el jardinero de los bosques. “La población puede apoyar con la manutención de los ojos de la fundación durante la emergencia sanitaria del coronavirus”.

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En las 54,9 hectáreas que conforman la reserva natural de la sociedad civil de la fundación, llamada El Páramo, habitan nueve osos de anteojos, más de 100 especies de aves y mamíferos como la comadreja, fara, conejo de monte, venado cola blanca, borugo, tigrillo y zorro.

El santuario tiene como objeto contribuir a la recuperación de las poblaciones silvestres de oso de anteojos y manejar los osos sustraídos del medio natural. También pretendemos generar la reproducción ex-situ de la especie y desarrollar programas de divulgación y educación ambiental en las comunidades en donde habita naturalmente”, dijo la fundación.

El oso de anteojos es una especie vulnerable a la extinción. Foto: Edimer Hernández (PNN).

Un jardinero en peligro

Según Parques Nacionales Naturales (PNN), el oso andino o de anteojos (Tremarctos ornatus) es el único oso que habita en Sudamérica. Hace presencia a lo largo de la cordillera de los Andes en países como Colombia, Venezuela, Bolivia, Ecuador y Perú. 

En Colombia está presente en 22 áreas protegidas que cuentan con ecosistemas de páramos y bosques andinos. “Aunque no todos consumen carne, algunos ejemplares oportunistas aprovechan encontrarse con animales enfermos o en descomposición para añadir nuevos alimentos a su dieta”, menciona PNN.

Esta especie está catalogada como vulnerable a la extinción según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), lo que para Parques Nacionales indica una importancia para trabajar de manera articulada en su conservación. “Su pervivencia depende del equilibrio ecosistémico que garantiza la provisión de servicios como el agua y el aire limpio”.

En Colombia no sobreviven más de 8.000 osos de anteojos en su hábitat natural. Foto: Edimer Hernández (PNN).

El Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) indicó que el oso de anteojos vive en bosques andinos ubicados desde los 1.000 metros de altura hasta los páramos. Los machos miden entre 1,5 y dos metros y pesan hasta 175 kilogramos. “Llegan a edad adulta entre los tres y cinco años. El tiempo de gestación dura entre seis y ocho meses, luego de los cuales la hembra pare hasta dos crías”.

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WWF cataloga al oso de anteojos como una especie en gran medida vegetariana. “Come sobre todo frutas silvestres, rizomas, bulbos y bromelias, aunque también llega a consumir carcasas de animales muertos. Transita por áreas muy amplias y un macho cubre hasta 61 kilómetros cuadrados”.

En Colombia, según el Fondo Mundial, podría haber hasta 8.000 osos de anteojos, una cifra que va en descenso por las actividades del hombre. “La ampliación de la frontera agrícola y la deforestación son unas de las principales amenazas que enfrenta. Hay cada vez más interacción entre los osos y los humanos, lo que provoca tensiones”.

La deforestación y la cacería son los grandes enemigos del oso de anteojos. Foto: Edimer Hernández (PNN).

Algunos campesinos lo cazan porque daña sus cultivos y puede llegar a atacar los animales domésticos. “A pesar de ser un animal huidizo, tímido y de que no hay registros de ataques contra humanos, algunos piensan que es peligroso. Hay también quienes matan a los osos para traficar su grasa y garras, por tener supuestos beneficios médicos. Todavía hay gente que los caza para tener trofeos”, dice WWF.

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El oso de anteojos es una de las 1.203 especies que se encuentran con algún grado de amenaza en Colombia, una etiqueta alarmante ya que cumple un rol fundamental en los ecosistemas. “Es llamado el jardinero de los bosques, porque al dispersar semillas sobre grandes superficies, garantiza el futuro de los bosques andinos. Su presencia es un poderoso indicador de la salud de los ecosistemas y dinamiza la vida de los bosques cuando derriba arbustos y ramas para buscar alimento”, anota la organización.

Para numerosos grupos indígenas, el oso de anteojos es un animal sagrado, un ser mágico que para algunas culturas es un mediador entre el bien y el mal. “También es una especie sombrilla. Su conservación beneficia la protección del páramo, de los bosques de niebla y de decenas de especies que habitan estos ecosistemas. De estos espacios viene el 70 por ciento del agua que consumen los colombianos”, concluye WWF.

Varias comunidades indígenas lo consideran como un ser sagrado. Foto: Parque Jaime Duque.

Sus características manchas alrededor de los ojos, hocico y pecho son distintas en cada individuo. Al igual que el panda y el oso malayo, no hiberna. Es un excelente trepador y sus garras les sirven para agarrar y manipular ramas de árboles, tallos de plantas o cavar en la tierra. 

Es uno de los mamíferos insignia de la cuenca del río Bogotá, con una amplia presencia en los páramos de Chingaza y Sumapaz. Según el Libro de Mamíferos, elaborado por los biólogos de la Universidad Nacional Rodrigo Mutis y Sara Acosta, las manchas de su rostro son similares a unos anteojos, lo que le da su nombre.

“Es muy tímido y no ataca al hombre, generalmente huye o se trepa al árbol más cercano al detectar algún peligro. Es diurno, solitario y terrestre. Tiene una dieta omnívora, alimentándose principalmente de plantas con preferencia por las puyas, pero su dieta es muy variada”.

* Este es un contenido periodístico de la Alianza Grupo Río Bogotá: un proyecto social y ambiental de la Fundación Coca-Cola, el Banco de Bogotá del Grupo Aval, el consorcio PTAR Salitre y la Fundación SEMANA para posicionar en la agenda nacional la importancia y potencial de la cuenca del río Bogotá y  sensibilizar a los ciudadanos en torno a la recuperación y cuidado del río más importante de la sabana.