En el marco del Hay Festival de Cartagena, este 28 de enero se entregan los Premios Gloria Triana, un reconocimiento que trasciende lo simbólico para convertirse en una declaración sobre el papel del arte y la cultura en la construcción del país. Impulsados por la Fundación BAT Colombia, los premios rinden homenaje a una figura esencial de la cultura nacional. “Gloria Triana es la mayor representante, a lo largo de la historia, del conocimiento de las culturas populares colombianas”, explica Ana María Delgado, directora de la fundación.
Investigadora audiovisual pionera, Gloria Triana recorrió el país registrando comunidades, rituales y saberes cuando aún no ocupaban un lugar central en la agenda cultural. “Empezó a hacer un registro de Colombia en todos los territorios. Era increíble cómo tenía acceso a todas las comunidades porque se ganó un respeto y un reconocimiento muy profundo”, recuerda Delgado. Documentales como Yuruparí, Aluna y Alecuma se convirtieron en archivos vivos de la diversidad cultural del país.
Ese legado fue determinante en la creación de la Fundación BAT Colombia en el año 2000. “Gloria fue la primera que ayudó a formular todos los lineamientos de la fundación”, explica Delgado. Desde allí se impulsó uno de los proyectos más significativos: llevar las fiestas populares de las regiones a Bogotá, en un momento en el que lo popular aún era visto como periférico.
“La gente decía: ‘eso es del pueblo, yo no voy’. Lo que logramos fue traer la esencia de los carnavales, la gastronomía, la literatura y la música de todas las regiones al centro del país”, señala.
Ese trabajo se consolidó con más de 28 lanzamientos de fiestas populares y puestas en escena que transformaron la manera de entender la cultura tradicional.

Más adelante, en 2004, nació el Salón de Arte Popular. “Buscamos artistas empíricos en todo el país, personas desconocidas que no solo hacían artesanía, sino que trabajaban todas las técnicas”, explica Delgado. El resultado fue revelador: “En el primer salón encontramos 1.425 artistas. Fue una locura”.
Los Premios Gloria Triana surgen como una extensión natural de ese proceso. Concebidos hace más de tres años, fueron diseñados con la participación directa de la propia Gloria Triana. “Ella se puso muy contenta de que se creara un premio en homenaje a su trabajo y nos ayudó a establecer los lineamientos”, cuenta Delgado. Hoy, en su segunda edición, los premios reconocen a personas y organizaciones que han transformado comunidades a través del arte y la cultura.
¿Qué se premia?
Las categorías reflejan ese impacto: una vida dedicada al arte; proyectos que transforman vidas en contextos de violencia y exclusión; iniciativas que impulsan el desarrollo económico desde la cultura; propuestas que integran arte y medioambiente; y procesos educativos no formales. A ellas se suma este año un Premio de Honor, que será anunciado durante la ceremonia.
Detrás de las nominaciones aparecen historias que rara vez ocupan grandes titulares. “Es increíble la cantidad de gente maravillosa que hay en Colombia, personas que le han apostado todo a sus proyectos no para enriquecerse, sino para aportarle a las comunidades”, afirma Delgado. Recuerda, por ejemplo, una escuela de música en el distrito de Aguablanca, en Cali. “Es un remanso de paz. Los niños llegan y entienden que su vida vale la pena, que hacer música vale la pena”.
Para Delgado, el arte y la cultura siguen siendo un espacio de encuentro en un país fragmentado. “En un carnaval tú ves a la monja, al policía, al político, todos en el mismo sitio. Ahí no hay polarización”, dice. Por eso, insiste en que reconocer estas iniciativas es más necesario que nunca. “La cultura es un punto de unión, de diálogo, donde cabe la diversidad y donde la gente puede mirarse a los ojos”.

Más allá del reconocimiento simbólico, el impacto del premio es tangible. “Para ellos es muy importante que los reconozcan en vida, y más aún bajo la sombrilla de Gloria Triana”, afirma Delgado. Ese reconocimiento, dice, les da visibilidad, legitimidad y un nuevo impulso para continuar su labor.
El mensaje final de la Fundación BAT es claro: “Colombia no es un solo país, es un país de países”, concluye Delgado. Y es justamente en esa diversidad donde el arte y la cultura siguen demostrando que es posible convivir, dialogar y construir futuro.









