En 2026 se cumplen 21 ediciones del Hay Festival en el país (en Jericó desde este fin de semana, el 27 y el 28 en Medellín, y en Cartagena desde el 29 de enero, con encuentros de enorme interés), pero es la primera de todas en la que la posibilidad de una guerra mundial no es descartable. Y esto tendrá efectos en un foro de pensamiento que ya tuvo su dosis de polémicas por cuenta de la invitación a María Corina Machado (una participación que, vale anotar, solo ha ganado más pertinencia periodística). Es inevitable que la geopolítica sea invitada, deseada o no, en casi todas las charlas, pues una superpotencia global está en modo bully, amenazando a países más débiles, y sí, ahora también a Europa. En ese contexto, antes del Hay Festival, Arcadia contactó a dos prolíficos autores que visitan el país en el marco del evento, para hablar de sus recientes libros y, claro, del mundo que, como bien lo expresó el primer ministro canadiense, “vive una ruptura”.

Por un lado, Arcadia habló con Jane Teller, novelista danesa, quien trabajó en resolución de conflictos en las Naciones Unidas hasta que tomó el camino de las letras en 1995 (publicando desde entonces varias novelas y ensayos). Teller regresa al Hay a presentar Justicia, editado por Seix Barral, un libro que demoró 20 años en escribir, y el primero de sus escritos traducidos al español que considera estrictamente para adultos. En este, su narrador, Teodor Merlin (un experimentado diplomático de las Naciones Unidas), agota los conductos regulares para buscar la verdad sobre la muerte de su hija Joanna, activista, ocurrida durante una misión de paz en Oriente Medio. Con ese drama personal que refleja el contraste entre la negociación hablada y la acción del activismo, con el conflicto palestino-israelí de fondo, Teller toca temas que hace tres años hubieran sido atacados, pero que hoy el mundo confronta, pues ya no tiene cómo refutar.


Del otro lado, Philippe Sands, prestigioso autor británico de no ficción, profesor y litigante en la Corte Penal Internacional, que se tomará un tiempo del proceso que lleva actualmente (Gambia vs. Myanmar, por el genocidio de la comunidad rohinyá), para regresar a Colombia y hablar de Calle Londres 38, el tercer libro de una trilogía editada en español por Anagrama. La nueva entrada revela los lazos del criminal nazi Walter Rauff con el régimen de Augusto Pinochet. Rauff acabó viviendo en Punta Arenas, en la Patagonia chilena, y no fue coincidencia. Esa misma Patagonia ahora está ardiendo en llamas, incendiada por humanos, lo cual tampoco es coincidencia.

Sands ha venido 15 veces al país y uno de sus grandes amigos es Juan Gabriel Vásquez, con quien hablará en el festival. “Nos encanta explorar juntos la relación entre derecho y literatura, entre hecho y ficción, dónde se trazan las líneas y cómo se cruzan”, cuenta. Y si bien está pendiente lo que sucede en la región –con las amenazas proferidas por Trump y la crisis en Venezuela–, le preguntamos por Chile, un país central en su nuevo trabajo.
A pesar de haber experimentado una dictadura cruenta, con conocidas injerencias extranjeras en el golpe de Estado que la instauró y libros como el que él publica, que muestran los vínculos del poder en ese país con el nazismo, Chile votó por una opción de extrema derecha en sus últimas elecciones. ¿Qué le dicen estos hechos? “Me dicen que el mundo es un lugar muy complejo y curioso”, responde Sands. “Siempre he pensado que esto es un juego largo: un paso adelante, uno al costado, uno hacia atrás y otro hacia adelante. Hoy recibí mensajes que indicaban que el nuevo presidente de Chile, hijo de un miembro del Partido Nazi, ha nombrado como ministro de Justicia a uno de los abogados de Augusto Pinochet. La historia toma giros inesperados. La gran pregunta es qué aprendemos, si es que aprendemos algo, de la historia”.

Sobre escribir libros como los que escribe, Sands comparte un consejo que recibió de un editor en Nueva York: “El lector no solo quiere saber qué se encontró, sino cómo se encontró”. Por eso la gente los lee, dice, porque “funcionan como una historia detectivesca, en la que una pista lleva a la siguiente y luego a una persona y luego a otra”. ¿Su propio consejo para quienes consideran una ruta en la no ficción? “No hacer nada demasiado rápido. Hay que tomarse el tiempo, dejar que las ideas se cocinen lentamente”, exhorta. “Vivimos en una sociedad que quiere resultados inmediatos, pero avanzar con calma tiene un gran valor. Mi consejo es no apresurarse. Las ideas necesitan tiempo”.

Philippe comparte que su libro siguiente abordará el ecocidio actual (lo considera el peor crimen) y asegura que entonces escribirá su primera novela. Mientras tanto, mencionamos la palabra impunidad, que aparece en su libro y marca los tiempos: “Vivimos en una era de impunidad, pero existen fuerzas contrarias. Siempre recuerdo el caso de Pinochet, que viajó a Londres creyéndose seguro y recibió una inesperada palmada en el hombro mientras estaba hospitalizado (Sands formó parte del proceso en contra del dictador).
Para Putin, Netanyahu o miembros de Hamás, nadie sabe qué ocurrirá. El sistema de justicia internacional, creado en 1945, está bajo ataque, pero no va a desaparecer y seguirá produciendo consecuencias inesperadas. A los jóvenes les diría: no se rindan, mantengan sus principios y luchen por ellos. Es un juego largo”. En medio de la zozobra, Sands encuentra aún esperanza en que el sistema de abogados y jueces que, cree, sabrá responder al llamado en Estados Unidos y a nivel global.

En una nota más humana, Sands explica que “el corazón de este libro, y de muchos otros, es que los seres humanos necesitan historias y les gusta contarlas. Y una vez que comienzan a hablar, les resulta difícil detenerse. Mi experiencia como litigante me ha enseñado que el vínculo entre un juicio y un libro son las historias”.

Jane Teller, por su lado, viene de vivir desde Dinamarca lo que Colombia vivió hace poco: ser el blanco de las amenazas de Trump. Le mencionamos el optimismo moderado de Philippe Sands y replica que es optimista porque, si no, moriría de desesperanza. “Intento ser realista”, añade.

“El rumbo es impredecible. Estamos viendo un mundo gobernado por el poder, solo por el poder. Antes era importante, pero al menos existían reglas e ideales con los que se podía evaluar a los poderosos. Trump retira a Estados Unidos de más de 60 tratados y lanza la idea de tomar Groenlandia, invade Venezuela y apoya a Netanyahu sin importar el genocidio, y así nos deja en un mundo donde los poderosos hacen lo que quieren. Putin puede decir: “Si Trump toma Groenlandia, entonces nosotros tomaremos parte de Ucrania” y China querrá su parte.
En paralelo, anota: “Veo dos movimientos simultáneos: oligarcas y autócratas construyendo un mundo de extrema derecha basado en el poder, y al mismo tiempo muchas personas organizándose para crear un contrapeso. No tenemos el dinero ni el poder, pero somos muchos”.

A diferencia de numerosos líderes del Viejo Continente e integrantes del Parlamento Europeo, que solo ahora, cuando los toca, denuncian el matoneo global, Teller desnuda la hipocresía: “Ustedes tienen un presidente valiente en Colombia que se atreve a hablar contra Trump y contra el genocidio en Israel. Y todo está conectado. Si el mundo cerró los ojos durante años ante lo que ocurría en Palestina, ¿cómo decir ahora que nadie debe tocar Groenlandia? Hemos aceptado durante demasiado tiempo políticas que contradicen las reglas que nosotros mismos establecimos”, sentencia la escritora.


Y es que en su nuevo thriller, la ocupación y el genocidio atraviesan el relato y establecen contrastes entre sus personajes: “Pude expresar los argumentos activistas a través del personaje de la hija y hacer que el padre representara ese mundo diplomático que ‘sigue hablando mientras la gente muere’, como dice la hija (reflejando la inacción de instituciones como la ONU). Ese conflicto entre padre e hija me permitió reflejar el conflicto en torno a cómo se aborda lo que ocurre en Israel y Palestina”.
¿Refleja también ese contraste su propia vida en distintas etapas?, le preguntamos. “Sí. De algún modo soy ambos personajes. Vengo del mundo diplomático y valoro el proceso de diálogo, negociación y elaboración de documentos. Pero también tengo la impaciencia de los activistas”, explica.
Janne confiesa que el largo proceso de este libro (que le implicó dejarse envejecer, madurar, como su narrador principal, para poder terminarlo) también dejó una conclusión certera: “Al escribir el libro entendí que estas dos fuerzas no son opuestas: se necesitan y se complementan. Ninguna puede generar cambios profundos sin la otra”.










