Nunca es tarde para subirse al bus de una gran polémica, y eso es exactamente lo que se ha encendido en torno a la próxima edición del Hay Festival en Colombia, a finales de enero de 2026. Esta hace pensar, de alguna manera, en un dicho popular. “Si Pepito Pérez mete las manos al horno, ¿usted también?”.

La manzana de la discordia apareció en la facción cartagenera del próximo Hay, en un evento híbrido a realizarse el viernes 30 de enero, a las 7:30 de la noche, en el Auditorio Getsemaní del Centro de Convenciones. El entrevistador, Moisés Naím, hará presencia, mientras que María Corina Machado, la más reciente y polémica ganadora del Premio Nobel de Paz, se conectará desde algún lugar de su clandestinidad.
El Hay es un evento notable que, en 20 años en este país, había logrado casi exclusivamente congregar, incluso desde la diferencia de posturas (evitando de lejos polémicas como estas, ejerciendo su sentido de la sensatez). Pero no es exagerado decir que, como Ícaro, invitando a Machado, esta vez se acercó demasiado al sol. Hasta ahora, solo se ha quemado un poco, y quizá eso sea todo. Pero no se pueden descartar nuevos desarrollos. Así como no se puede descartar que la guerra a la que insta la nobel de paz arranque en cualquier momento.
En ese dramático escenario, donde además la discriminación y el odio vuelven a ser política de Gobiernos y fuerza electoral, en el que ya no hay necesidad de vergüenza porque el descaro factura mucho más, hay demasiadas opiniones extremas como para darles más eco y espacio del que ya encuentran en redes sociales, donde navegan rampantes.
Por eso impacta que esto suceda en espacios como el Premio Nobel y el Hay Festival, donde prima el intercambio de ideas iluminadas, donde el extremismo se combatía, no se propagaba. Porque si la idea es la de escuchar a todas las voces, no es lo mismo equilibrar el cartel con un cantautor cubano de izquierdas como Silvio Rodríguez que con un representante del Gobierno de Nicolás Maduro.
¿Hay injusticia ante lo que Moisés Naím pueda hacer con esta charla? ¿Se ignora su capacidad de llevarla a terrenos sensatos? El tiempo lo dirá. Pero la única manera de que esta decisión hubiera evitado las mencionadas consecuencias hubiera sido gestando una charla mediada entre Machado y uno de aquellos que desde el régimen la quieren presa. Imposible, probablemente...

Meter las manos al horno fue una elección. La Academia de Oslo escogió en María Corina Machado a una nobel de paz que ha librado una lucha contra un régimen dictatorial, una mujer muy valiente en un contexto de resistencia que muy pocos aguantarían. Pero la Academia pareció ignorar que, en esa misma resistencia, Machado habita otro lado del extremismo, que ha pedido la intervención militarista. Para librarse de Nicolás Maduro, le ha pedido a Donald Trump que invada a su país. Y, con todo el petróleo que esto significa, la idea le suena. El cerco con el que Iván Duque soñó, Trump lo hace real, y es de terror imaginar un escenario de conflicto.
Machado es un ser humano; esta es la postura que decidió asumir desde el lugar, la necesidad imperiosa y el momento que la vida la llevó a habitar, pero implorar por una invasión estadounidense liderada por un gobernante inescrupuloso va en contra de toda idea de soberanía. Es apelar a una ruta radical y devastadora. Desde sus palabras, la nobel de paz 2025 expresa que ese es un costo que ella estaría dispuesta a pagar, el de millones de vidas de venezolanos, colombianos y latinoamericanos también, sin garantía alguna de victoria para nadie (exceptuando los jinetes de la guerra). Y ya se va gestando estos días un viaje de M. C. Machado a visitar a Trump en la Casa Blanca, luego de su paso por Noruega.
Como se ha presentado 2025, que ha visto a una extrema derecha negacionista volver al poder en lugares de alto poder global, sería tonto fingir sorpresa. ¿O acaso no se les da espacios en ferias del libro a voces extremas y homofóbicas porque arrastran gente? Patas arriba es la nueva norma.

Y sí, casi no, pero llegamos al coletazo. Por cuenta de dicha invitación, varios escritores materializaron su desaprobación bajándose del bus. Laura Restrepo, Giuseppe Caputo y la dominicana Mikaelah Drullard, activista transgénero y escritora, se separaron de sus actividades. Restrepo, primera en expresarse, lanzó que “invitar como ponente a la señora Machado ha sido cruzar la raya. No se le puede dar tarima y facilitar audiencia a quien, como la señora Machado, promueve posturas y actividades a favor del sometimiento de nuestros pueblos y contra la soberanía de nuestros países”.
Después de la salida de Restrepo, Caputo y Drullard, el evento compartió un comunicado. En este expresó que el Hay “es una fundación sin ánimo de lucro que ofrece un espacio de reflexión y conversación plural, incluyendo en sus programas voces provenientes de distintas orillas, tradiciones y posturas”.
“Reafirmamos nuestra convicción de que el diálogo abierto, plural y constructivo sigue siendo una herramienta esencial para abordar realidades complejas y para defender el libre intercambio de ideas y la libertad de expresión”, añade. “Construimos nuestro programa desde el respeto a los derechos humanos, a la libertad de expresión y a la soberanía democrática; en ese marco, es importante precisar que el Hay Festival no se alinea ni suscribe con las opiniones, posiciones o declaraciones de quienes participan en sus actividades ni con sus posicionamientos políticos. Invitamos a la participación crítica de participantes y público en el festival".

La parte de la soberanía democrática se hace especialmente importante, porque desde una invitación de invasión a una fuerza extranjera, es esa soberanía la que Machado está borrando de tajo.
El comunicado concluye exponiendo que el Hay Festival respeta la decisión de las personas que han optado por no formar parte, expresando que “entendemos la cultura y el pensamiento como territorios donde el disenso, la reflexión crítica y la escucha respetuosa son fundamentales para la ciudadanía”. Quizá sea este un caso en el que hubo, y Hay, demasiado respeto...










