
Balto, Nueva York
En 1920 una epidemia se desató en Nome, Alaska y este husky siberiano fue capaz de conducir un trineo a través de 1.000 km hasta la población de Nenana, para transportar la medicina necesaria para salvar a los niños menores de cinco años que estaban enfermos. Aunque Balto no lideró toda la cruzada, se convirtió en el representante de todos los perros que afrontaron esa dura misión y su estatua se encuentra en el Central Park.

Hachiko, Tokio
Todos los días Hachiko acompañaba a su amo, el profesor Eisaburo Ueno, hasta la estación de trenes de Shybuya en Tokio, donde el maestro tomaba un metro para ir a la Universidad de Tokio. Un día Ueno falleció en el claustro y Hachiko lo esperó en Shybuya por 10 años. En el aniversario 80 de la muerte de Hachiko, dicho centro educativo levantó una nueva estatua dentro del campus en la que el perro por fin se encuentra con su amo.

Greyfriars Bobby, Edimburgo
Bobby era un Skye terrier que pasó más de 14 años en la tumba de su dueño, un policía de Edimburgo llamado John Gray. De 1858 a 1872 Bobby fue alimentado por la gente que iba al cementerio a conocer su increíble historia. Después de que el perro muriera, una aristócrata de la región mando a esculpir la estatua a William Brodie. Hoy se es posible visitarla al sur del Puente George IV, ir a su tumba de granito rojo en el Cementerio de Greyfriars, o ver su plato y su collar en el Museo de Edimburgo.

Zinneke Pis, Bruselas
Esta escultura de un perro orinando no tiene tanta historia como el resto, pero representa algo común en las estatuas de Bruselas, Bélgica. Fue inaugurada en 1998 en el cruce de la Rue des Chartreux con la Rue du Vieux Marche Aux Grains, y se sumó a Manneken Pis y a Jeanneke Pis, un niño y una niña orinando que están ubicados en diferentes puntos de la ciudad.










