OPINIÓN

Shenny González

Cuando el país tiembla, el liderazgo femenino también tiene que moverse

El terremoto en Colombia dejó al descubierto vulnerabilidades ya existentes, y con ellas, una pregunta para quienes ocupan posiciones de liderazgo: ¿basta con la empatía, o hace falta convertirla en decisiones concretas? El liderazgo femenino y el mercado de capitales tienen la responsabilidad de mirar más allá para cerrar esas brechas.
1 de septiembre de 2026 a las 12:02 a. m.

Hay momentos en los que un país deja de reflejarse en las cifras y se mira en el rostro de su gente. El terremoto que sacudió a Colombia hace unos días fue uno de ellos.

Pero mientras las imágenes de la emergencia ocupaban las noticias, en lugares como Chocó el terremoto encontró una vulnerabilidad ya presente. Comunidades con dificultades de conectividad, infraestructura precaria, colegios destruidos y enormes distancias frente a las oportunidades, la ayuda incluso tardó en llegar. La tragedia hizo más visibles las brechas. Y esa realidad debería interpelarnos especialmente a quienes tenemos posiciones de liderazgo.

Ser mujer líder hoy nos debe invitar a reflexionar sobre lo que podemos lograr en posiciones de influencia, cómo podemos abrir camino y transformar lo que nos rodea. La empatía, por ejemplo, es un buen punto de partida, pero no puede ser el punto de llegada.

El país entero se ha movilizado conmovido por las imágenes, expresando solidaridad y enviando ayuda. Pero el liderazgo adquiere sentido cuando esa sensibilidad se convierte en decisiones, alianzas, inversión, conocimiento y oportunidades.

Colombia necesita que quienes tenemos capacidad de influir miremos más allá de nuestros círculos habituales, para preguntarnos qué ocurre en los territorios que no aparecen todos los días en nuestra agenda en Bogotá o en las ciudades principales, y para entender que una niña en Chocó, en el Amazonas o en La Guajira o en cualquier lugar del país, debería tener las mismas posibilidades de educarse, emprender, construir patrimonio y proyectar su futuro.

Desde el mercado de capitales tenemos también una responsabilidad, porque movilizar capital no es solamente financiar empresas o proyectos, es contribuir a construir el país que queremos. Un mercado de capitales más profundo, competitivo e incluyente debe ser capaz de conectar el ahorro y la inversión con proyectos que generen empleo, infraestructura, productividad y oportunidades en las regiones.

Esto exige que hablemos de inclusión desde una perspectiva más amplia. No basta con que las personas tengan acceso a servicios financieros; necesitamos que tengan oportunidades reales para participar en la economía, construir patrimonio y beneficiarse del crecimiento del país.

Quizás el terremoto nos deja una pregunta incómoda, ¿qué estamos haciendo, desde los lugares que ocupamos, para que el próximo desastre no encuentre al país tan vulnerable?

Las mujeres que hemos llegado a posiciones de liderazgo tenemos una responsabilidad que va más allá de nosotras mismas. Debemos utilizar nuestra voz para visibilizar, nuestra experiencia para abrir puertas y nuestra capacidad de decisión para transformar.

Porque liderar no es estar en un sitio donde se observa lo que sucede. Es tener la empatía para entenderlo y la determinación para hacer algo al respecto.

Y cuando un país tiembla, quizás esa sea nuestra mayor responsabilidad: no quedarnos quietas.

Por: Shenny González Uribe, presidenta de Asobolsa