OPINIÓN

Tatiana Salazar Barrientos

De la culpa al consumo: la trampa de la maternidad moderna

La maternidad actual se ha convertido en terreno fértil para una industria que sabe cómo explotar la culpa y el miedo de las madres. Entre comparaciones digitales y exigencias imposibles, el mercado ofrece soluciones que más que ayudar, alimentan inseguridades propias.
27 de agosto de 2026 a las 9:01 p. m.

Hay una industria que conoce muy bien una de las emociones más poderosas de una madre: la culpa.

No importa cuánto hagamos. Siempre parece existir algo que podríamos hacer mejor. Si trabajamos, sentimos que no estamos suficientemente presentes. Si nos quedamos en casa, podemos sentir que estamos renunciando a nuestra propia vida. Si nuestros hijos comen azúcar, nos preocupamos. Si no comen suficiente fruta, también. Si usan pantallas, culpa. Si no las usan, quizás nos estamos quedando atrás.

Y en medio de todas esas dudas aparece alguien dispuesto a ofrecernos la solución. El curso que nos enseñará a criar correctamente. El juguete que supuestamente estimulará mejor el desarrollo de nuestro hijo. El alimento que promete ser más saludable. El método que asegura que dormirá toda la noche. El producto que nos hará sentir que estamos haciendo ‘lo mejor’ por ellos.

Y no, no todo lo que existe alrededor de la maternidad es innecesario. Muchos productos, servicios y conocimientos pueden facilitar enormemente la vida de una familia. El problema comienza cuando dejamos de comprar porque queremos y empezamos a hacerlo porque tenemos miedo.

Miedo a equivocarnos, a no estar haciendo suficiente, a que una decisión tenga consecuencias irreversibles en nuestros hijos. Y ese miedo vende.

Durante años nos dijeron que para ser buenas madres teníamos que sacrificarnos. Ahora, además, parece que tenemos que estar permanentemente informadas, preparadas, estimulando, alimentando, educando y tomando las decisiones correctas.

La maternidad moderna no eliminó la presión. En muchos casos, simplemente la digitalizó.

Abrimos Instagram y vemos a una madre preparando loncheras perfectamente balanceadas. Otra nos explica cómo establecer límites. Otra muestra la rutina de sueño de sus hijos. Otra habla de estimulación temprana. Otra nos cuenta qué productos utiliza para que su bebé tenga determinada experiencia.

Y aunque racionalmente sabemos que estamos viendo apenas unos segundos de la vida de otra persona, por nuestras emociones podemos terminar comparándolos con nuestras 24 horas.

Entonces aparece el pensamiento: “¿Será que no estoy haciendo suficiente?”. Esa pregunta es oro para cualquier mercado.

Porque una madre que se siente tranquila puede decidir si necesita algo. Pero una madre que siente que está fallando buscará desesperadamente una solución.

Por eso creo que necesitamos aprender a distinguir entre información y presión; entre una herramienta que realmente nos ayuda y una necesidad que alguien acaba de crear en nuestra cabeza.

También necesitamos recuperar una idea que parece haberse perdido en medio de tanta información: nuestros hijos no necesitan madres perfectas. Necesitan madres presentes, capaces de equivocarse, aprender y volver a intentarlo.

No necesitamos convertir cada comida en una clase de nutrición. Cada juego en una sesión de estimulación. Cada momento libre en una oportunidad de aprendizaje. Cada decisión en una evaluación sobre nuestra capacidad como madres.

Y tampoco deberíamos sentir que comprar más, saber más o hacer más automáticamente significa amar más.

Quizás una de las formas más revolucionarias de maternar hoy sea aprender a decir: ‘Esto no lo necesito’. Porque detrás de una industria que ha aprendido a vendernos soluciones para nuestros miedos, también existe una oportunidad para nosotras: aprender a confiar un poco más en nuestro propio criterio.

La maternidad ya tiene suficientes desafíos como para convertirla también en una competencia.

Y tal vez nuestros hijos no necesiten que hagamos todo perfecto. Tal vez necesiten, simplemente, que dejemos de creer que para ser buenas madres tenemos que hacerlo todo.

Elizabeth Tatiana Salazar Barrientos, directora operativa de Brutal Marketing SAS