Desde hace un tiempo se habla en el entorno laboral sobre el cambio como única constante en los mercados. Pero lo que está ocurriendo hoy, no es solo que todo esté cambiando, sino la velocidad con que está pasando. Los estudios sobre el cambio del mercado laboral indican que las ocupaciones (especialmente las que incorporan IA) están cambiando un 66 por ciento más rápido que años anteriores. El trabajo dejó de ser estático y empezó a moverse con una intensidad que impacta sectores, trayectorias y decisiones profesionales en todo el mundo.
En enero de 2025, el escenario de la Cooperación Internacional se mostraba como un mercado fuerte y estable. Sin embargo, en poco tiempo se cambiaron las reglas del juego y, como lo mencioné, aunque era de esperarse, el problema radicó en la velocidad con que pasó todo: se cerraron proyectos, se acabaron instituciones y las organizaciones tuvieron reestructuraciones profundas con una pausa de contrataciones de aproximadamente 230.000 personas en el mundo. Muchas de ellas tenian trabajos especializados y diseñados exclusivamente bajo la lógica de la cooperación, por lo que no tenían similitudes en otros mercados laborales. Al final del día, desaparecieron.
Este escenario no es ajeno a otros mercados. Con la llegada de la IA y desarrollos de nuevas tecnologías que optimizan procesos, diferentes sectores han empezado a hacer despidos masivos de manera rápida y poco humana.
Todas estas situaciones han hecho que cambiemos el nombre del juego y ahora lo llamemos ‘reinventarse’.
La RAE define la palabra reinventarse como “inventarlo de nuevo”, aunque sinceramente creo que ‘intentarlo de nuevo’ captura mejor su esencia. Tomando lo aprendido, reorganizándolo y buscando maneras de aplicarlo en otros contextos. Porque reinventarse no es hacerse de nuevo, no podemos perder nuestra esencia y la identidad que hace parte de lo que somos.
El hablar de reinventarse parece sencillo y podría serlo si lo vemos desde un punto de vista racional o si ha sido una decisión propia. Pero a veces esas condiciones no se dan: no siempre ocurre cuando tienes claridad, decisión, estabilidad o te has preparado, más aún teniendo en cuenta lo que ya hemos hablado de las velocidades de los cambios en el mercado laboral. Sin embargo, creo que es un proceso y como todo proceso, este toma su tiempo y tiene etapas. No siempre es igual para todos, ni se vive de forma lineal porque cada uno lo asume a su manera.
Lo primero es el impacto. Entender y creer que es lo que está pasando, la sensación de que el suelo donde estabas firme se está moviendo o se cayó. Luego viene una etapa más silenciosa de la que pareciera un tabú hablar: el duelo profesional. No solo se pierde un trabajo, se pierde una identidad, una rutina, un círculo cercano, un lugar donde uno se definía. Luego viene eso que llamamos resignificarse, coger todo lo que teníamos en la maleta, lo aprendido, lo bueno, lo malo y empezar a organizarlo para respondernos cómo puede tener sentido en otros contextos y finalmente el movimiento. Reinventarse es intentarlo de nuevo.
La velocidad probablemente no va a disminuir. Incluso es posible que sea mayor. Los mercados laborales seguirán moviéndose y transformándose, la tecnología avanzará, tendremos posiciones nunca antes vistas. Lo que sí podemos hacer es decidir cómo vamos a vivir esos procesos. Si reinventarse se ha convertido en una nueva habilidad, entonces necesitamos aprender a atravesar, con mayor conciencia, mayor aceptación social y con conversaciones más honestas sobre lo que implica.
No se trata de movernos rápido sino prepararnos mejor para hacerlo sin perder lo que somos en el intento.
