OPINIÓN

Johana Cerpa

Hacer negocio también es hacer país

Las empresas han dejado de ser entes aislados para convertirse en nodos vitales del tejido social de los países. No se trata simplemente de una tendencia, es una evolución necesaria del modelo de negocio.
6 de julio de 2026 a las 5:23 p. m.

En los últimos años he vuelto con frecuencia a una pregunta que parece sencilla, pero que resulta cada vez más relevante: ¿qué significa realmente que una empresa tenga éxito?

Durante mucho tiempo, la respuesta estuvo asociada principalmente a indicadores financieros, participación de mercado o rentabilidad. Y aunque esos resultados siguen siendo esenciales, hoy sabemos que son insuficientes para explicar el papel que desempeñan las empresas en una sociedad que cambia a una velocidad sin precedentes.

El crecimiento también tiene rostro de mujer

La tecnología transforma industrias enteras, las expectativas de consumidores y colaboradores evolucionan, los desafíos ambientales son cada vez más evidentes y los contextos económicos exigen una capacidad permanente de adaptación. En este escenario, la verdadera medida del éxito ya no depende únicamente de cuánto crece una compañía, sino también de su capacidad para generar valor compartido, fortalecer los territorios donde opera y contribuir al bienestar de las personas que hacen posible su crecimiento.

Esta una idea no es nueva. Hace más de una década, los profesores Michael Porter y Mark Kramer, de Harvard, introdujeron el concepto de valor compartido, para explicar que el éxito empresarial y el progreso social no son objetivos opuestos, sino profundamente complementarios. Hoy, esa visión parece más vigente que nunca.

Y como nos gusta hablar de cifras, la evidencia muestra que esta visión está dejando de ser aspiracional para convertirse en una práctica cada vez más extendida. Según el Índice de Inversión Social y Ambiental Empresarial (IISAE) 2025 de Arteaga Latam, las 1.000 empresas más grandes de Colombia destinaron cerca de $9 billones a inversión social durante 2024 y otros $10 billones a iniciativas ambientales. Además, la inversión social empresarial creció un 17 por ciento frente al año anterior, una señal clara de que cada vez más organizaciones entienden que generar valor para la sociedad es también una forma de fortalecer su competitividad y sostenibilidad.

La tendencia también se refleja en la más reciente Encuesta de Arquitectura Social Estratégica de la ANDI y su Fundación. El estudio encontró que las empresas afiliadas realizaron una inversión social voluntaria de $5,8 billones, la cifra más alta registrada hasta ahora, y que el 74 por ciento de las organizaciones ya alinean sus estrategias sociales con la operación de sus negocios.

Más que cifras, estos resultados reflejan una transformación en la manera de entender la competitividad. Hoy las empresas reconocen que su crecimiento depende de la calidad de los territorios donde operan, de las oportunidades que ayudan a crear y de la confianza que construyen con las personas que las rodean.

Lo vemos todos los días en Coca-Cola FEMSA Colombia. Nuestra operación es posible gracias a una amplia red de colaboradores, proveedores, clientes y comunidades. Trabajamos junto con miles de tenderos, uno de los motores más importantes de la economía colombiana; impulsamos iniciativas para fortalecer sus capacidades y acompañamos proyectos orientados a la protección de las fuentes hídricas y de los ecosistemas estratégicos que hacen posible el desarrollo de los territorios. Porque hablar de crecimiento económico sin hablar de sostenibilidad ya no es posible.

Al final, las empresas no prosperan en el vacío. Prosperan cuando también lo hacen las comunidades, las economías locales y el entorno del que dependen. Por eso sigo convencida de que hacer negocio también es hacer país.

Cada empleo generado, cada proveedor fortalecido, cada pequeño comercio que crece, cada iniciativa con las comunidades aledañas a las operaciones y cada proyecto que contribuye a proteger los recursos naturales tiene un impacto que trasciende los resultados de una organización. Son acciones que amplían oportunidades, fortalecen comunidades y ayudan a construir un país más competitivo y sostenible.

Quizás, entonces, la respuesta a la pregunta inicial sea más sencilla de lo que parece. Una empresa exitosa no es únicamente aquella que genera buenos resultados financieros. Es aquella que desarrolla la capacidad de adaptarse, crear valor para otros y contribuir positivamente al entorno del que forma parte.

Johana Cerpa, vicepresidenta Legal y de Asuntos Corporativos de Coca-Cola FEMSA Colombia