OPINIÓN

Maribel Córdoba Guerrero

La suerte que salva vidas: cuando jugar también es cuidar

En esta columna, la autora reflexiona sobre el papel de los juegos de suerte y azar como fuente de financiación del sistema de salud y destaca cómo, bien gestionados, pueden traducirse en beneficios concretos para la ciudadanía.
1 de abril de 2026 a las 4:44 p. m.

Hablar de loterías generalmente evoca el azar, los números y la ilusión de un premio. Sin embargo, en Cundinamarca, ese imaginario ha evolucionado bajo un principio claro: por mandato constitucional y legal, la suerte también salva vidas. Cada billete no solo representa una oportunidad, sino un mecanismo legítimo para cerrar brechas y garantizar derechos fundamentales como la salud.

Este propósito no es simbólico, está respaldado por cifras contundentes. Según Coljuegos, las transferencias del sector de juegos de suerte y azar a la salud alcanzaron los $17,9 billones en 2025. De ese total, las 15 loterías del país aportaron cerca de $1 billón, evidenciando su papel estructural en la financiación del sistema. En este escenario, la Lotería de Cundinamarca se consolida como un actor clave, con transferencias superiores a $33.000 millones destinados a la salud de los cundinamarqueses en los últimos dos años.

Este modelo tiene un fundamento sólido en el artículo 336 de la Constitución Política de Colombia, que establece que los monopolios rentísticos deben destinar sus recursos exclusivamente a los servicios de salud. No es una opción, es una obligación: los juegos de suerte y azar existen como un instrumento para captar recursos con fines sociales, y su destinación específica es garantizar la sostenibilidad del sistema de salud.

Este impacto cobra aún más relevancia cuando se conecta con decisiones estratégicas del territorio. Bajo el liderazgo del gobernador Jorge Emilio Rey Ángel, el departamento ha demostrado que la salud no admite improvisaciones. Un ejemplo claro fue la intervención oportuna frente a la crisis del Hospital de Girardot, donde el cierre de 54 servicios ponía en riesgo la atención de toda una región.

Lejos de la inacción, se tomó una decisión de fondo: el Hospital Universitario de la Samaritana asumió la operación de la ESE de Girardot y su jurisdicción. Con una inversión cercana a los $38.000 millones, se garantizó la reactivación de servicios, la adecuación de infraestructura y la continuidad del talento humano. Esta medida evitó una crisis mayor y devolvió la tranquilidad a miles de familias.

A este esfuerzo se suma la adquisición de 23 ambulancias de Transporte Asistencial Básico, con una inversión superior a los $6.000 millones, fortaleciendo la capacidad de respuesta en municipios como Anapoima, Albán, Cajicá, Chocontá y Suesca, beneficiando a cerca de 480.000 habitantes.

Pero también hay espacio para la innovación. El Hospital San Rafael de Facatativá fue reconocido con el galardón Top Bench en grado oro de la Fundación Guayacanes por su proyecto “Sofía”, una iniciativa que incorpora inteligencia artificial en los procesos de atención, seguimiento y control de recuperación de los pacientes. Este avance demuestra que la salud en Cundinamarca no solo se sostiene, sino que evoluciona hacia modelos más eficientes, humanos y tecnológicos.

Lo realmente valioso de este modelo es entender cómo todo está conectado: la confianza ciudadana, la legalidad en el juego, la gestión pública eficiente y la inversión estratégica. Es un círculo virtuoso donde cada decisión tiene impacto directo en la vida de las personas.

Este panorama también refleja una realidad nacional: cuando los recursos se administran con transparencia y propósito, los resultados se traducen en bienestar colectivo. Cundinamarca es hoy una muestra concreta de cómo las transferencias del sector pueden convertirse en soluciones reales para la gente.

Por eso, el llamado es claro: apostarle siempre al juego legal. Solo a través de canales autorizados se garantiza que cada peso llegue a donde debe llegar: a salvar vidas, a fortalecer hospitales y a construir un sistema de salud más justo y oportuno.

Porque, al final, la verdadera suerte no está en ganar un premio. Está en saber que detrás de cada apuesta hay un país que se cuida, un sistema que responde y una vida que puede ser protegida.

Maribel Córdoba Guerrero, gerente general de la Lotería de Cundinamarca