OPINIÓN

Angélica Cantillo

¿Y si esta vez sí rompemos el techo de cristal?

La posibilidad de que Colombia tenga una mujer presidenta vuelve a poner sobre la mesa la discusión sobre el techo de cristal y las brechas de género que aún persisten en el ámbito laboral. Aunque ha habido avances en la participación femenina en espacios de liderazgo, continúan las diferencias en acceso a cargos directivos, reconocimiento profesional y remuneración.
29 de mayo de 2026 a las 10:00 p. m.

Hoy, más que nunca, la posibilidad de que Colombia tenga una mujer presidenta parece real. Las encuestas muestran varios liderazgos femeninos tomando fuerza y eso, más allá de la política o de por quién vote cada persona, abre una perspectiva interesante sobre algo que todavía sigue muy presente en el mundo laboral: el techo de cristal.

Porque, aunque las mujeres han avanzado en muchos espacios de liderazgo, las brechas siguen existiendo. Siguen apareciendo cuando una mujer necesita demostrar más experiencia para acceder a un cargo directivo, cuando las posiciones de mayor poder económico siguen siendo ocupadas mayoritariamente por hombres o incluso cuando ser reconocida como referente todavía parece más difícil. Hoy sigue siendo más común ver hombres siendo entrevistados como voces expertas en economía, política o deportes aún en sectores donde existen mujeres con la misma experiencia o trayectoria y algo similar ocurre en los deportes donde muchas atletas reciben menos reconocimiento.

A pesar de todos los esfuerzos las cifras muestran diferencias muy importantes. Según la OCDE las mujeres en países miembros siguen ganando en promedio alrededor de un 11% menos que los hombres por trabajos de tiempo completo. Eso significa que una mujer gana 89 centavos por cada dólar que gana un hombre.

Por eso sería interesante mirar qué ha pasado en países donde el liderazgo femenino ha alcanzado los máximos espacios de poder político y cómo ha influido eso en el tema laboral y social.

Alemania, Noruega, Nueva Zelanda, Islandia o Finlandia son algunos ejemplos de cómo la llegada de mujeres a espacios altos de poder coincidió con avances importantes en temas relacionados con equidad laboral, participación femenina en liderazgo, acceso a oportunidades y una conversación mucho más fuerte sobre el papel de las mujeres dentro de la economía y la toma de decisiones.

Islandia, por ejemplo, lleva varios años apareciendo como uno de los países con mayores niveles de igualdad de género del mundo. Hoy tiene una de las tasas más altas de participación laboral femenina y ha impulsado muchas políticas enfocadas en generar más equilibrio entre la vida laboral y familiar. Noruega, se convirtió en un referente importante después de tomar medidas para aumentar la participación de mujeres en juntas directivas, logrando que actualmente más del 40% de esos cargos sean ocupados por mujeres.

Y obviamente estos cambios no solo ocurrieron porque hubo mujeres liderando el gobierno, los cambios sociales ocurren por muchos factores, pero también es claro que cuando las mujeres llegan al poder ciertos temas empiezan a tener más presencia en las conversaciones de la agenda pública.

Temas como equidad laboral, participación femenina, diversidad e incluso bienestar dejan de verse únicamente como conversaciones secundarias y empiezan a discutirse también desde la perspectiva de la economía, el desarrollo y el futuro del trabajo.

Y tal vez por eso la posibilidad de una presidenta termina relacionándose con el mundo laboral. Porque inevitablemente abre conversaciones sobre la forma en que seguimos entendiendo el liderazgo y quienes creemos que están preparados para el poder.

No se trata de elegir una mujer solamente por ser mujer, tampoco pensar que una mujer presidenta va a solucionar automáticamente las desigualdades de género del país. Pero sí de entender que cuando una sociedad empieza a ver mujeres en los espacios más altos de poder, también empieza a cambiar la forma en que entiende quién puede liderar, quién puede tomar decisiones, quién puede ser escuchado como referente y quien tiene derecho a ocupar esos lugares.

Porque el verdadero cambio no ocurrirá el día en el que una mujer llegue al poder. Ocurre el día en que eso deja de parecer excepcional.

Angélica Cantillo es consultora en Recursos Humanos