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| 7/28/2018 5:30:00 PM

Los planes expansionistas de China en el mundo

El gobierno chino construye la Ruta de la Seda del siglo XXI. Sus dirigentes, por medio de inversiones a gran escala en todos los continentes, buscan posicionar a China como la primera potencia mundial.

Planes expansionistas de China en el mundo En Johannesburgo, el presidente chino Xi Jinping se reunió esta semana con los mandatarios en los países Brics. Xi logró sumar a las cuatro potencias emergentes a su guerra comercial contra el presidente estadounidense Donald Trump. En la foto aparecen, de izquierda a derecha Xi, el indio Narenda Modi, el sudafricano Cyril Ramaphosa, el brasileño Michel Temer.

El presidente de la República Popular China, Xi Jinping, estuvo esta semana de gira por varios países africanos antes de llegar a su cita en Johannesburgo en la X Cumbre de los Brics. En ella, los presidentes de las cinco mayores potencias emergentes presentaron una declaración contra el proteccionismo y en defensa del libre mercado. A pesar de que no nombraron a Donald Trump, la declaración iba dirigida directamente contra sus políticas exteriores.

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Para China, sin embargo, la declaración significó un espaldarazo a su liderazgo mundial. El gigante asiático aprovechó en las últimas semanas la mala hora de Trump. Su intención, a mediano plazo, es posicionarse como la primera potencia mundial. Y para lograrlo, está desarrollando un macroproyecto de infraestructura que unirá sus mercados con el resto del mundo.

Xi presentó en 2013 el proyecto One Belt One Road (OBOR), en Astaná, Kazajistán, para crear “la nueva Ruta de la Seda”. Entonces OBOR era apenas una declaración de intenciones, y muchos lo criticaron por ser abstracto y poco convincente.

Pero desde ese día, su gobierno ha gastado en infraestructura aproximadamente el doble de lo que han invertido Estados Unidos y la Unión Europea sumados. Al año siguiente, China creó el Asian Infrastructure Investment Bank (AIIB), del cual hacen parte 41 países. A pesar de ser solo para infraestructura, su presupuesto es de la mitad del que tiene el Banco Mundial. China proyecta que la nueva Ruta de la Seda, financiada en parte por el AIIB, cubra el 55 por ciento del PIB mundial, transporte el 75 por ciento de las reservas energéticas del mundo y acoja al 70 por ciento de la población del planeta.

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Las cifras son escandalosas y cada día más grandes, y este momento resulta clave para que el proyecto se consolide. La incomprensible actitud de Trump frente a sus aliados europeos, de la mano de sus promesas de aislacionismo comercial, le han dado un impulso impensado a Beijing. Lo inconcebible años atrás es ahora una realidad. Estados Unidos, por años representante del liberalismo económico en el mundo, pareciera perder ese liderazgo. Y el gigante asiático, que crece tres veces más rápido, se posesiona como su defensor.

El centro del proyecto chino está en Asia, su zona de influencia comercial y cultural. De hecho, al lanzar el OBOR, Xi aseguró que el objetivo principal era reactivar la antigua Ruta de la Seda, a través de la cual “hace más de dos milenios, las personas diligentes y valientes de Asia exploraron y abrieron vías de intercambios comerciales y culturales que unían las principales civilizaciones de Asia, Europa y África”. Sin embargo para China es más importante construir una red de rutas que lo conecte con los otros dos continentes que mencionó Xi: África y Europa (ver mapa).

La incomprensible actitud de Trump frente a sus aliados europeos, de la mano de sus promesas de aislacionismo comercial, le han dado un impulso impensado a Beijing.

África ha estado parcialmente excluida del proceso de globalización. Sus gobiernos no han logrado que sus economías participen en el mercado global. Sus dos principales socios comerciales en las últimas décadas fueron Estados Unidos y Europa. Y ambos basaron su relación con los africanos –como con el resto del mundo– en defender su modelo democrático, al menos en apariencia. A China, no obstante, poco le interesa quién maneja los países ni cómo lo hace. Pero sí espera que tengan la posibilidad de conectarse con el comercio internacional. Para lograrlo, dentro del OBOR planea construir 16 puertos marítimos, 5 de ellos en las costas de Tanzania y Kenia sobre el Índico. Como se observa en el mapa, también prevé un gasoducto que una a Sudáfrica con las costas de Tanzania, y a Kenia con el golfo de Adén. Además, los planes chinos contemplan varios ferrocarriles y oleoductos para el segundo continente más poblado del mundo.

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Los dirigentes africanos se han plegado a la participación china en su continente, y esta semana Xi posó al lado de los mandatarios de Senegal y de Ruanda. La gira comenzó dos meses después de que 14 funcionarios de gobiernos y bancos centrales africanos se reunieron con representantes del gobierno chino. El objetivo era convencer a los africanos de las ventajas de cambiar sus reservas nacionales al yuan. Una medida que tendría enormes repercusiones, pues constituiría la primera amenaza directa a la supremacía del dólar.

Para muchos críticos África se está convirtiendo en la finca del gobierno chino, del cual consigue los recursos naturales que necesita para su industria. Algunos llaman a sus políticas y a su proyecto “la segunda lucha por África”, en referencia al periodo colonial europeo.

Gigantescas máquinas hacen avanzar las obras vertiginosamente. Esta, conocido como el monstruo de hierro,transporta e instala las vigas de los viaductos. 

La conectividad con Europa también presenta retos para el gobierno chino. Solo cuentan con una ruta terrestre que los une. Está en Asia Central, pasa por Kazajistán y se ramifica en Rusia antes de llegar al Viejo Continente. También construirá una vía férrea que conecte a Teherán, capital de Irán, con Budapest, y por ahí derecho con toda Europa. Así, a la vía que pasa por Rusia se le sumaría otra ruta de comercio que integre a Turquía y a los países de la península balcánica.

Para el comercio marítimo con Europa, China tiene el objetivo principal de crear un puerto en Venecia. Así, con los otros dos puertos planeados en el estrecho de Malaca y en el golfo de Adén, crearía una ruta directa desde sus costas hasta Italia.

En América, Estados Unidos tiene más relaciones con China que sus vecinos. El año anterior, el 21 por ciento de las importaciones norteamericanas llegaron de China. Y a ese país llegó el 9,2 por ciento de sus exportaciones. Ambos dependen del otro. No obstante, su relación no pasa por su mejor momento. Los dos se aplicaron sanciones económicas luego de que Trump subió los aranceles a algunos productos chinos hace dos meses.

Por su parte, con América Latina y el Caribe, China ha hecho acercamientos para buscar políticas conjuntas y estratégicas. Según el Economic and Economic Policy in Latin America Initiative, desde 2007 hasta 2017 la inversión china en la región pasó de menos de 25.000 millones de dólares a unos 230.000.

Dé clic en la imagen para ver la infografía completa

El proyecto busca integrar los mercados chinos con el resto del mundo. Las inversiones en infraestructura del gigante asiático doblan las de Estados Unidos y la Unión Europea sumadas.

Sin embargo, China no tiene su mira en la región. Como dijo a SEMANA el sinólogo catalán Carles Braso, a pesar de que “tiene la ambición de integrar a cuantos más países mejor(...) esto no quiere decir que América Latina sea, ahora mismo, una prioridad para China”. Si América Latina quiere hacer parte de este gran proyecto de infraestructura global, deberá aprovechar bien la inversión china que, como en el resto del mundo, aumentará en los próximos años. Crear una ruta estable desde el Pacífico hasta el Caribe y el Atlántico cerraría el mapa de rutas comerciales para China. Se conectaría, por vía directa, con todo el mundo. Los países latinoamericanos podrían participar activamente del comercio no solo chino, sino asiático. Para muchos, el nuevo centro económico mundial.

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