A medida que el nivel del mar aumenta en las zonas costeras, el agua salina puede avanzar hacia el interior del territorio, un fenómeno que pone en alerta el equilibrio de gran parte del planta.
Este fenómeno, denominado intrusión salina, se produce cuando las marejadas ciclónicas o las mareas elevadas superan áreas de baja altitud.
Asimismo, puede presentarse cuando el agua salada se filtra en los acuíferos de agua dulce, lo que provoca un aumento del nivel freático bajo la superficie del suelo.

En la región noreste, el nivel del mar se incrementa aproximadamente 3 milímetros por año. Sin embargo, en la zona del Atlántico medio este fenómeno ocurre con mayor rapidez, ya que el terreno también experimenta un proceso gradual de hundimiento.
Además, esta tendencia muestra señales de aceleración, lo que intensifica progresivamente el problema de la intrusión de agua salina.

Diversos estudios científicos indican que las tormentas de gran intensidad se presentan con mayor frecuencia que en el pasado.
Como consecuencia, las mareas altas penetran cada vez más tierra adentro y el agua salada se desplaza por los acuíferos de agua dulce con una velocidad superior a la observada en décadas anteriores, según un informe del Departamento de Agricultura de Estados Unidos.

A este panorama se suman los periodos de sequía, los cuales pueden empeorar la situación al disminuir la disponibilidad de agua dulce necesaria para arrastrar o diluir las sales presentes en el suelo y en las reservas subterráneas.
Las zonas agrícolas situadas en gran parte de la costa noreste son especialmente vulnerables debido a su escasa altitud.
Como consecuencia, cada año se pierden numerosas hectáreas de cultivo porque los suelos se vuelven excesivamente húmedos y salinos, lo que dificulta la producción agrícola.
Además, las plantas de marisma (ecosistemas de humedales costeros) adaptadas a la sal avanzan progresivamente hacia el interior y ocupan antiguos terrenos agrícolas, un fenómeno conocido como migración de marismas.

Aunque muchos agricultores consideran este proceso un inconveniente, también puede representar nuevas oportunidades de gestión ambiental.
Por ejemplo, estas áreas podrían destinarse a servidumbres de conservación de humedales, donde la plantación de especies nativas ayudaría a frenar la expansión de plantas invasoras.
Asimismo, la vegetación autóctona puede aportar importantes beneficios ecológicos para el entorno.
Por otra parte, la presencia de agua salada puede deteriorar la calidad del agua, ya que favorece la liberación de nutrientes procedentes de fertilizantes agrícolas. Estos compuestos pueden desplazarse a través de canales de drenaje hasta ríos, arroyos y marismas costeras, provocando una proliferación excesiva de algas.

Cuando estas algas se descomponen, consumen gran parte del oxígeno del agua, lo que puede causar mortalidad de peces, pérdida de hábitats y otros impactos negativos en los ecosistemas costeros.
