A una decisión difícil se tendrá que enfrentar en marzo la ministra de cultura de Francia. Un producto conocido a nivel mundial, que ha estado prácticamente en la mesa de casi todas las familias del mundo, el pan baguette, entró en el ramillete de productos alrededor de los cuales está hecha la solicitud formal para que entren a ser parte de los tesoros culturales de la Unesco (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura).

Tres candidatos están en la mira en una especie de competencia local (en Francia), antes de ir a la Unesco. Además del pan baguette, también compiten los techos de París (cincados) y la fiesta vitícola de Arbois. Todos, con méritos suficientes para ser elegidos como patrimonio cultural, con el objetivo de ser conservados para ser transmitidos a las generaciones futuras.
En el caso de los techos, lo que se busca es un reconocimiento al saber de los constructores y restauradores de los techos en zinc. Entre tanto, el ‘Biou de Arbois’, la fiesta que se celebra en Jura (al este del país), proviene de la Edad Media. Se celebra el primer domingo de septiembre y es todo un ritual para augurar una cosecha próspera.
El pan baguette parece un candidato sencillo en medio de las ‘beldades’ que aspiran a tener el codiciado rótulo. Se trata de una mezcla sencilla, de harina de trigo, agua, levadura, sal y, para completar la fórmula netamente francesa, tiene una pizca de savoir-faire (saber hacer). Este último ingrediente es el que le da el toque tradicional que lo diferencia de los panes que se producen a escala industrial, según Mickael Reydellet, propietario de ocho panaderías francesas, citado en una publicación de CNN.
La verdad es que el pan baguette es tan cotidiano en la vida de ese país como la misma torre Eiffel. Solo que el pan le ha dado la vuelta al mundo. Los panaderos dicen que el alimento hace parte de un ritual en la cultura francesa, pero su preservación está siendo amenazada por productos congelados de fabricación a granel.

Es por esa razón que la Confederación de Panaderos Franceses presentó la solicitud para que el pan baguette sea incluido en la clasificación de tesoros intangibles de la ONU.
La aspiración de los panaderos es que el pan resulte elegido, de manera que pueda quedar protegido, para que siga pasando de generación en generación.
Hay que recordar que una declaratoria como patrimonio cultural inmaterial de la Unesco puede recaer sobre tradiciones orales, artes escénicas, rituales, artesanía tradicional y prácticas sociales.

Colombia, por ejemplo, tiene en la prestigiosa lista de patrimonio de la humanidad las murallas de Cartagena.
Otros ejemplos del mundo, que podrían tener una mayor similitud con la petición de los panaderos franceses, son las cervezas de Bélgica, al igual que el arte napolitano de hacer girar la pizza.
En un intento local por proteger el pan baguette, en el año de 1993, el Gobierno emitió un decreto. El dictamen fue contundente: el pan tradicional de este país solo debe estar hecho con los cuatro ingredientes clásicos, mientras que la masa debe ser fermentada de 15 a 20 horas, además de cuidar los pocos minutos y los grados de cocción que requiere.
Datos citados por CNN muestran que en Francia a diario se venden seis millones de baguettes. No obstante, desde que empezó el boom de la elaboración del pan en cualquier lugar, principalmente en los supermercados, más de 30.000 panaderías especializadas en el producto (desde la década de los cincuenta) han salido del escenario.
Es por ello que los panaderos abogan por la salvación del pan baguette, con la venia, primero de la ministra de cultura francesa, y luego, con el aval de la Unesco.
