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| 3/25/2019 8:45:00 AM

¿Cuál es la organización que está detrás del paro indígena?

Detrás de la minga se encuentra el Consejo Regional Indígena del Cauca (Cric), la organización comunitaria más importante del país, que, tras casi 50 años de trabajos, se fortalece cada vez más, ¿por qué?

Consejo Regional Indígena del Cauca (Cric) detrás del paro  indígena en Cauca La guardia indígena constituye la fuerza de choque de la organización. Foto: LUIS MURCIA - SEMANA

Desde hace más de 20 años no hay presidente que no haya tenido que enfrentar las mingas y bloqueos de la vía Panamericana, hechos por los indígenas del departamento del Cauca. Tampoco hay un Gobierno que no haya tenido que sentarse a negociar y firmar acuerdos para poner fin a los bloqueos y protestas. Incluso, en su momento, Álvaro Uribe Vélez, cuya administración se caracterizó por no negociar bajo presión, tuvo que ir a La María (Cauca) para escuchar a los líderes indígenas.

Ahora, el presidente Iván Duque ha tenido que hacerle frente a la primera minga indígena de su gobierno, al bloqueo de la Panamericana, a los choques con la fuerza pública y a las consecuencias que deja en millones de personas la interrupción entre el sur y el centro del país. Como en otras ocasiones, los indígenas han pedido la presencia del presidente y el cumplimiento de los acuerdos firmados en administraciones anteriores. Por su parte, el Gobierno, pese a haber afirmado que no negociaría bajo presión, ya ha tenido que sentarse con los líderes de las manifestaciones y lo más probable es que al final haga lo mismo de sus sucesores: concertar un paquete de acuerdos. En esto coinciden analistas consultados por SEMANA.

Feliciano Valencia, senador del partido Mais, uno de los líderes más visibles del Cric.

¿Cómo ha podido este movimiento indígena convertirse en el más fuerte e importante del país por encima del sindicalismo, incluso del propio Fecode o Asonal? La respuesta a estas y muchas otras preguntas apuntan al Consejo Regional Indígena del Cauca (Cric), una asociación de casi medio siglo, que agrupa a la mayoría de las etnias de ese departamento.

El Cric apareció en 1971 tras una reunión de las comunidades nasa y guambiana del norte del Cauca, justo en medio de las duras tomas de tierras, consideradas invasiones por los terratenientes y por el Estado. Estas acciones buscaban (y buscan) recuperar el territorio que perdieron durante la conquista y la colonia, algo tan polémico y profundo que a veces confronta el ordenamiento jurídico y político del Estado. La asociación contó en su nacimiento con el apoyo de líderes e intelectuales de izquierda, investigadores extranjeros y sacerdotes.

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Aída Quilcué Vivas, líder indígena nasa, dijo a SEMANA que el éxito del Cric radicó en articular la lucha por la tierra con otros elementos, como recuperar la cultura ancestral, establecer alianzas con sectores no indígenas y crear una estructura organizativa basada en las tradiciones. “Muchos creen que nosotros solo sabemos protestar y bloquear vías, pero no se dan cuenta de que vamos más allá de eso, que contamos con un proceso organizativo de décadas. Alrededor de la tierra hemos creado programas políticos, económicos, culturales, educativos y en derechos humanos, que fortalecen nuestra unidad e independencia”, dice la líder indígena.

De hecho, el Cric pasó de agrupar 7 cabildos en 1971 a 126 cabildos en la actualidad, y 11 asociaciones de cabildos de 10 pueblos indígenas (nasas, yanaconas, totoroez, kokonucos, kisgós, ambalueños, polindaras, ingas y eperaras–siapidaras). Solo no participan en el Cric los misaks o guambianos. En total, el consejo reúne a 375.000 personas, el 22 por ciento de la población del Cauca.

Las comunidades del Cauca han usado la lucha por la tierra como Leitmotiv para organizarse como pueblo indígena.

Como expresaron personas cercanas al movimiento indígena caucano, sin el Cric y el alto grado de organización que tiene sería imposible hacer las mingas y los cierres de la Panamericana. “Bloquear una de las vías nacionales más importantes del país y resistir por días a la fuerza pública no se hace de la noche a la mañana. No es llamar a una gran cantidad de indígenas para que pongan piedras y palos en una carretera; se necesita de una profunda organización y planificación, que va desde cómo se va a alimentar a los manifestantes hasta qué se va a negociar, cómo y quienes van a ser los voceros ante los medios de comunicación, cuestión que solo lo puede hacer con una organización con una tradición como el Cric”, dice una de estas personas cercanas a este consejo.

Al contrario de lo que se suele pensar, el Cric y muchos de sus miembros y líderes hablan de una tradición jurídica que se remonta a la colonia. Ellos reconocen a Juan Tama y a Quintín Lame como guías de su lucha. Lo interesante de ambos personajes, el primero en el siglo XVII y el segundo en el siglo XX, es que recurrieron a las instancias legales de la época para proteger sus resguardos y obtener nuevas tierras. Se dice que Juan Tama, a punta de argumentos legales, consiguió que la Corona española reconociera legalmente los territorios indígenas. Por su parte, Quintín Lame, antes de liderar el levantamiento de estas comunidades, se la pasaba en estrados judiciales con documentos coloniales en busca de que los terratenientes de la región les devolvieran los terrenos.

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Las luchas por la tierra también han creado una nueva geografía en el Cauca. En la actualidad, existen más de 100.000 minifundios en manos de indígenas y mestizos, sin contar con otros 80.000 en las de campesinos con ascendencia indígena. Esto ha consolidado una agricultura, unas formas de producción y una economía particular, muy diferente a la del Valle del Cauca o parte del valle del Patía, donde imperan el latifundio y la agroindustria. Y todo esto también se ve en la política: en estos territorios, la clase tradicional del Cauca, asentada en Popayán, tiene poca o ninguna influencia en esta región desde hace un par de décadas. De ahí que algunos se atrevan a hablar de un departamento que son dos.

Por otro lado, el éxito del Cric se debe a las estrategias educativas y de relacionamiento con otros sectores sociales, en especial con intelectuales. De acuerdo con Luis Évelis Andrade, líder embera y expresidente de la Organización Nacional de Colombia (Onic), a la par de fortalecer la educación étnica, cultural y de las lenguas nativas (el Cric tiene en Popayán la primera universidad indígena del país), han hecho énfasis en formar a varios de sus líderes en carreras tradicionales como Derecho, Economía, Antropología, Sociología o Comunicación Social. De ese modo, han construido una intelectualidad indígena que tiene lazos con profesores, académicos e instituciones nacionales.

Sin embargo, el factor que más ha influido en la fortaleza del Cric radica en la lucha por la autonomía. Mauricio Archila, profesor titular de Historia de la Universidad Nacional, explica que esta organización nació ligada al movimiento campesino, pero poco a poco se ha independizado para formar una plataforma política indígena. “Al contrario de lo que muchos creen, el Cric ha emprendido fuertes luchas contra grupos que los han tratado de instrumentalizar: el Estado, los partidos políticos de izquierda y en especial las organizaciones guerrilleras. Eso es importante decirlo porque, pese a los intentos de las Farc y del M-19 de ganarse la simpatía de los indígenas del Cauca, esas intenciones no terminaron muy bien para ellos, precisamente porque no se dejaron instrumentalizar”. Pese a que en el actual paro los indígenas han recibido el apoyo de miembros del partido Farc y de la izquierda, ellos mantienen su independencia.

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La otra cara de la moneda, la capacidad y fortaleza del Cric, se puede ver en la carretera Panamericana y a cientos de kilómetros de distancia de los bloqueos. Allí, transportadores, comerciantes, agricultores, ganaderos y ciudadanos del común sufren las consecuencias del paro y su desespero usado en favor del movimiento indígena.

Estos y otros elementos han hecho del Cric la organización indígena y social más importante del país. Solo basta compararla con lo que ha pasado en los últimos 50 años con muchos sindicatos y las confederaciones obreras. Lo que está ocurriendo en Cauca, pero también en Nariño y otras regiones con las comunidades indígenas, invita a que el grueso de los colombianos rompan los prejuicios y entiendan el derecho que tienen a organizarse como pueblos y pedir reivindicaciones, tal y como hacen muchos otros sectores de la sociedad. Solo que usan vías de hecho y la fuerza para lograrlo.

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