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| 5/4/2019 11:51:00 PM

Fin del novelón en el Senado con la JEP

En la discusión de las objeciones a la JEP en el Senado hubo de todo: polarización, tensiones, enfrentamientos y acusaciones de ‘mermelada’. Esto dejó uno de los debates más electrizantes de la historia reciente.

Debate de las objeciones a la JEP en el Senado: ¿en qué terminó? Desde la época en que se discutía la reelección presidencial, el Senado no vivía debates tan agitados como los de las objeciones a la JEP. En la foto, Roy Barreras, de La U, discute con Álvaro Uribe, quien asumió la voz del Gobierno en el Congreso, acerca de los procedimientos de la votación. Foto: LEÓN DARÍO PELÁEZ - SEMANA

El debate de las objeciones presidenciales a la JEP en el Senado ha sido uno de los más candentes en los últimos años. Desde la época en la que discutieron recuperar la figura de la reelección presidencial, no se veían encontronazos tan duros entre sectores tan definidos.

Así, en torno a las discusiones sobre la JEP, se enfrentaron dos grupos radicalmente opuestos. Por un lado los defensores de la integridad del acuerdo de paz, entre los que estuvieron los partidos de izquierda, La U, los liberales y Cambio Radical. Por el otro, los partidos de la coalición de Gobierno: conservadores, Centro Democrático, Colombia Justa Libres y Mira.

Ernesto Macías (centro) presidió las sesiones de manera controvertida. La U, los liberales, los verdes, el Polo y la Lista de la Decencia se unieron en un solo bloque opositor al uribismo.

Después de una semana de presionar para que el presidente del Senado, Ernesto Macías, agendara la discusión de las objeciones, los congresistas se lanzaron a más de veinticinco horas de deliberaciones que solamente tuvieron salida en un acuerdo político. Este consistió en dejar en manos de la Corte Constitucional la decisión acerca del futuro de las objeciones. Eso está ligado a que este tribunal evalúe 1) si considera que lo objetado por el presidente se ajusta a las disposiciones constitucionales y 2) si la votación de 47 votos a favor de hundir las objeciones implica que el Senado las enterró, o no.

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Estas fueron algunas de las particularidades del debate que copó la agenda política de la semana, en el que no es fácil identificar ganadores y perdedores. La oposición a las objeciones tuvo mayoría pero no pudo ponerle el punto final al debate. Y el Gobierno perdió en la Cámara, en Senado no se impuso y no logró sacar las objeciones adelante.

1. La polarización estuvo a flor de piel. La dinámica de las sesiones del Senado se caracterizó por el enfrentamiento entre el uribismo y el resto de los partidos. El centro (La U, Partido Liberal y Cambio Radical) coincidieron con la izquierda (Decentes, Gustavo Petro, Polo Democrático y Alianza Verde), en rechazar las objeciones.

2. La defensa de la paz construyó su propia bancada. Sumando a la Farc, la mitad del Senado hoy en día defiende a ultranza los acuerdos de La Habana. Así mismo lo hacen los directivos de La U, Cambio Radical y el Partido Liberal: Aurelio Iragorri, Germán Vargas y César Gaviria. Si bien en La U varios congresistas respaldaron la postura del Gobierno, en los tres partidos se impuso disciplina a favor de la paz.

3. El Gobierno no tiene las mayorías en el Congreso. El panorama en la Cámara fue nefasto, pues las objeciones perdieron en forma contundente (110 votos en contra y 44 a favor), Y en el Senado no logró las mayorías. Una primera votación sobre las objeciones arrojó que 47 estaban a favor de hundirlas y 34 a favor de aprobarlas.

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4. No hubo consensos, ni siquiera en torno a los acuerdos. La dificultad para llegar a una conclusión demostró que los niveles de polarización los afectan. Para salir del impase las fuerzas políticas acordaron no repetir la primera votación del informe que negaba las conclusiones (pues no era concluyente), y delegar la decisión a la Corte Constitucional. El Centro Democrático y el Gobierno asumen que de esa forma salvaron las objeciones, mientras los defensores del acuerdo de paz dicen que se hundieron.

5. Los ministros tuvieron poco protagonismo. En el recinto estuvieron la ministra del Interior, Nancy Patricia Gutiérrez; la de Justicia, Gloria María Borrero; el canciller, Carlos H. Trujillo; el consejero Jaime Amín y el comisionado de paz, Miguel Ceballos. Pero poco se les vio dialogando con parlamentarios no uribistas. La ministra del Interior avaló el acuerdo final de enviar las objeciones a la corte. Sin embargo este, en el fondo, fue un acuerdo de origen parlamentario.

6. La oposición estrenó su estatuto. La discusión de las objeciones en el Senado se postergó por varios días, y fue posible agendarla gracias a que el lunes la llamada ‘bancada alternativa’ (Polo, Alianza Verde y Decentes) hizo uso del derecho que le da el Estatuto de la Oposición de definir el orden del día de tres sesiones en una legislatura. De otra forma, eventualmente las objeciones seguirían sin agendar.

Antanas Mockus fue el factor sorpresa. Descubrió que aún puede ejercer como senador y llegó a apoyar a la oposición.

7. Uribe se consolidó como la voz suprema del Gobierno en el Congreso: su papel trascendió el de los ministros. Propuso dos veces acuerdos en el Senado que supusieran aprobar al menos dos objeciones, las de reducir la competencia de la JEP en casos de extradición y la de quién define la lista de personas que entran a la justicia transicional. Sin embargo, en un contexto tan radicalizado, tampoco tuvo éxito.

8. Las expectativas de ‘mermelada’ siguen pesando. Uno de los escándalos de la semana llegó cuando la senadora Maritza Martínez, de La U, abandonó el recinto justo antes de la votación. Los medios divulgaron que el 26 de mayo el presidente nombró en el Consejo de Cormacarena a Orlando Barbosa, gerente financiador de la campaña de Martínez al Senado. Resulta delicado que Martínez había anunciado públicamente que votaría no a las objeciones en consecuencia con la decisión de su partido. En redes sociales circuló la foto de su cartera, abandonada en la curul, mientras ella se escapaba de la votación. La senadora argumenta que se fue molesta porque no le daban la palabra.

9. Antanas Mockus dio el factor sorpresa. El senador de la Alianza Verde apareció el primero de mayo en el Congreso para apoyar a la bancada defensora de la JEP. Lo hizo después de múltiples consultas jurídicas que concluyeron que, por varias causas, la nulidad de su elección aún no estaba en firme y podía seguir ejerciendo.

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10. El ‘filibuisterismo’ jugó un papel importante y lo aplicaron todas las orillas. El debate del martes estuvo caracterizado por una lluvia de recusaciones de lado y lado. El propio presidente del Senado, Ernesto Macías, recusó a Iván Cepeda argumentando que su esposa trabaja en la JEP y que eso lo inhabilitaba para votar. Roy Barreras recusó a Macías por haber puesto una tutela para tratar de desvirtuar el hecho de que la Cámara hubiera votado antes que el Senado. Y a Barreras lo recusaron por haber participado en la etapa final de la negociación de paz en La Habana. Finalmente la Comisión de Ética del Senado determinó que las recusaciones no tenían sustento, dio trámite a decenas de impedimentos, y tuvo lugar la sesión.

11. Hubo diferencias a la hora de determinar la mayoría absoluta en el Senado. Los partidos defensores de hundir las objeciones plantearon que se trata de 47 votos, puesto que consideran que supera la mitad más uno del quorum total que sería de 92 senadores (a los 108 que hay formalmente les restan los 14 impedidos, y las curules vacías de Aida Merlano e Iván Santrich). En contraste, los uribistas creen que la mayoría más uno exige 55 votos (la mitad más uno de 108). La Corte Constitucional tendrá que aclarar ese tema cuando analice el expediente de las objeciones.

12. La situación resultó tan confusa que ambos sectores se atribuyeron el triunfo. El Centro Democrático dice que las objeciones se salvaron con el argumento de que el Senado no las rechazó. Mientras tanto, el grupo defensor del acuerdo considera que fueron negadas en la Cámara y también en el Senado.

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