Desde lo más profundo del Cauca, donde la presencia del Estado es poca, las disidencias de las Farc al mando de Néstor Gregorio Vera Fernández, alias Iván Mordisco, máximo cabecilla de una de estas facciones, se encuentran craneando cada una de las expediciones criminales a otros territorios.

No se detienen en su accionar con el fin de poder ‘exportar’ la guerra desde el suroccidente colombiano a otras zonas de esta región, azotada por los ilegales. SEMANA conversó con un experimentado oficial de la inteligencia militar, quien precisó que estas estructuras, con el pasar de los meses, perfeccionan su modelo para ganar territorio.

“El proceso comienza con el reclutamiento de menores de edad, quienes son trasladados a zonas específicas de entrenamiento”, explicó la fuente. Al mismo tiempo, agregó que en el sector del Naya, entre Valle y Cauca, adiestran a menores de edad para disparar, manejar drones y hasta colocar explosivos. “Lo que hay en esta zona (Naya) es impresionante, porque allí se concentran menores de edad (niños) junto con jóvenes que son obligados a ingresar a sus filas a cambio de falsas promesas. En ese lugar los entrenan en el manejo de armas, fusiles y tácticas de combate”, detalló el oficial.

En dicho adiestramiento, varios experimentados criminales revisan las habilidades de cada uno y clasifican a lo que ellos mal llaman “talentos”, usados para la barbarie. “Todo está milimétricamente cuadrado porque hacen un perfilamiento detallado: identifican quiénes pueden ser cabecillas, quiénes sirven para manejar drones, explosivos o quiénes se quedarán como combatientes rasos. Es una clasificación completa del potencial de cada menor de edad, que incluye mujeres. Quien lo ve cree que es ficción, pero se está registrando en Colombia”, sostuvo.

El oficial le dijo a esta revista que, en otras oportunidades, los menores de edad eran sometidos a simulaciones de campos minados, carros bomba en zonas alejadas, pero hoy la realidad es otra. “Les ponen pruebas reales. Por ejemplo, instalar explosivos en ciudades como Cali o en zonas del Valle y Nariño. También los envían a territorios en disputa, como Guaviare. Si logran cumplir, avanzan en la estructura y obtienen un grado de reconocimiento, lo que los hace sobresalir y obtener un nombre dentro de las mismas disidencias de las Farc”, afirmó.

Luego de esta etapa de pruebas criminales y sanguinarias, los menores y jóvenes son enviados a puntos clave para el narcotráfico y otras actividades, como El Plateado, en el Cauca, donde les entregan su misión para otras zonas de Colombia. Todo esto es liderado por un sujeto conocido con el alias de Marlon, señalado cabecilla de la estructura Carlos Patiño. El oficial de la inteligencia militar recuerda que la guerra de los drones comenzó en el Cauca, donde entrenan y preparan a estos jóvenes para poder seguir en la guerra.

“El Cauca es el epicentro. Allí no solo entrenan combatientes, también forman especialistas en explosivos y en el manejo de drones. La guerra con drones en Colombia comenzó en esta región. Las ‘exportaciones’ de estos menores y jóvenes se dan hacia Antioquia, Chocó y el Catatumbo, donde pretenden ser más fuertes por estrictas órdenes de alias Iván Mordisco”, aseguró el oficial. Lo que explica el analista de inteligencia militar se puso de manifiesto en la operación Malaquías, cuando dieron de baja a varios integrantes de estas disidencias. Entre ellos se encontraba Erlinson Echavarría Escobar, alias Ramiro y alias Richard o el Mexicano, señalado como enlace entre el Cauca y el Estado Mayor Central. Esto deja al desnudo sus nexos al margen de la ley para poder conquistar otros departamentos de Colombia.
