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| 6/17/2019 8:34:00 AM

El amargo debate sobre la industria azucarera

Los ataques de Gustavo Petro al poderoso sector azucarero del Valle y Cauca no son aislados. Detrás de esas puyas, consideradas populistas por algunos, se esconde una estrategia que cautiva a miles de vallecaucanos y minorías étnicas que luchan por la tierra.

el debate sobre el azúcar y Gustavo Petro El amargo debate sobre la industria azucarera Foto: Archivo particular

Cuando Gustavo Petro critica al sector azucarero del Valle y Cauca se arma un alboroto, lo llaman oportunista porque pone a hablar al país de un gremio considerado como la joya de la corona de la industria colombiana. A los pocos días la discusión se diluye y el senador de la Colombia Humana vuelve y aparece con otra idea que alborota el avispero. Lo acabó de hacer la semana pasada cuando en uno de sus acostumbrados trinos se preguntó: “¿Sabían ustedes que el azúcar es una droga más dañina que la marihuana o la cocaína?”. Y en la misma publicación añadió: “Tenemos 250.000 hectáreas sembradas para producir una de las peores drogas de la historia de la humanidad”.

Como era de esperarse, el trino armó una tormenta y se levantaron las voces de rechazo. La discusión giró en torno a la comparación, no de los daños a la salud que causaría el producto, sino de una economía legal contra una ilegal. Catalina Ortiz, representante a la Cámara por el Valle, le dijo: “Todo es debatible. No hay temas vedados. Pero que Gustavo Petro insulte al Valle equiparando nuestro principal producto a la coca es populismo, antagoniza con empresarios que aportan al desarrollo y se cierran puertas para encontrar soluciones. Debates sí, populismo no”.

“Todo es debatible. No hay temas vedados. Pero que Gustavo Petro insulte al Valle equiparando nuestro principal producto a la coca es populismo, antagoniza con empresarios que aportan al desarrollo y se cierran puertas para encontrar soluciones. Debates sí, populismo no”, Catalina Ortiz, representante a la Cámara por el Valle.

Lo mismo hizo Dilian Francisca Toro, gobernadora del Valle: “Son dos debates que no podemos comparar. (…) yo como mamá, pues no voy a preferir que mi hijo se coma una cucharada de azúcar, a que se coma una cucharada de coca, eso no lo podemos comparar”. Incluso, el senador del Polo, Jorge Robledo, le salió al paso al tema y expresó: “Es cierto que el azúcar, en exceso y como ocurre con otros alimentos, le hace daño a la salud. Pero por diferentes razones, no cabe la exageración de compararla con la cocaína”. Y hasta Sintrainagro, una entidad sindical con sede principal en Medellín y que agremia a los trabajadores de la industria agropecuaria, sacó un comunicado catalogando de “irresponsable la actitud del senador Petro” y respaldando a los azucareros.

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Pero el discurso del Senador no es un saludo a la bandera, está dirigido a una audiencia específica que se sintoniza con los reclamos al sector azucarero.  El suroeste del país y en especial Cauca y Valle son las regiones donde hay una fuerte militancia de izquierda —allí nacieron movimientos revolucionarios como el Quintín Lame, el M19 y el Movimiento Republicano Bolivariano— y el tema de la tierra es central, pues mucha recae en varias manos, no predomina el latifundio, lo que se debe a la existencia de numerosos resguardos indígenas y consejos comunitarios.

“Es cierto que el azúcar, en exceso y como ocurre con otros alimentos, le hace daño a la salud. Pero por diferentes razones, no cabe la exageración de compararla con la cocaína”, senador Jorge Robledo.

Para no ir muy lejos, en las elecciones presidenciales del año pasado, Petro le ganó al uribismo en los cinco departamentos del suroccidente colombiano (Valle, Cauca, Nariño, Chocó y Putumayo). Y para rematar, en el histórico conflicto por la tierra entre los indígenas de Cauca y los ingenios azucareros, como era de esperarse, Petro se ha puesto del lado de los nativos.

Hay que recordar la frase que dijo cuando era candidato presidencial en el municipio caucano de Puerto Tejada: "Bonito sería el gesto de que (Ardila Lulle) decidiera vender su hacienda de Incauca al Estado, para que el Estado la entregue al pueblo campesino y al pequeño productor agrario para producir alimentos". Como era de esperarse, la propuesta levantó ampolla, y aunque el mismo Petro trató de matizar y explicar el alcance de su iniciativa, nada evitó que la misma fuera rotulada como una advertencia de expropiación, hecho que siempre negó.

Para muchos está claro que el líder de la oposición encontró en los ataques a los azucareros un nicho para cautivar audiencia. También llama la atención que las críticas aparezcan en medio de un año electoral. “Como el voto urbano está alejado de las posiciones de izquierda, ahora Petro le apuesta al centro político y tiene razones de peso para hacer crecer ese caudal electoral. Lo paradójico es que lo haga atacando a un sector que justamente emplea a mucha gente de bajos recursos”, explicó el politólogo Álvaro Benedetti.

Para muchos está claro que el líder de la oposición encontró en los ataques a los azucareros un nicho para cautivar audiencia. También llama la atención que las críticas aparezcan en medio de un año electoral.

Más allá de las consideraciones científicas y los evidentes estudios que existen alrededor de lo nocivo para la salud que resulta el consumo de azúcares libres, tal como lo advierte desde hace varios años la Organización Mundial de la Salud (OMS), lo cierto es que, de ser una estrategia de cálculo político, sería muy costosa para la región y el país.

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Ni la OMS que ofrece el sustento científico para cuestionar algunas industrias frente a su impacto negativo en la salud de las personas, se atreve a recomendar lapidaciones públicas y por el contrario se enfoca más en acciones gubernamentales como la creación de impuestos para desestimular el consumo.

Esa prudencia no es gratuita, ya que desde cualquier orilla política es posible advertir que por muy nociva que sea una industria, su desmonte debe ser gradual y pensando en el impacto social.

Esa es justamente una de las preocupaciones con el sector que critica el senador Petro, ya que no se trata de cualquier industria sino de una que aporta el 38% al PIB agrícola del Valle y un 0,7% al PIB nacional; emplea a más de 286.000 personas entre directas e indirectas en 51 municipios de seis departamentos, aunque el grueso de su impacto está en Valle, Cauca y Risaralda.

Es tan importante la economía azucarera para la nación, que el presidente Iván Duque, con motivo de los 60 años de existencia de Asocaña (gremio que aglutina a la industria) dedicó un discurso que aparece en el reciente informe anual de gestión, en el que reitera su compromiso por mantener las ayudas para el gremio: “Estos instrumentos son herramientas imprescindibles para la sostenibilidad del sector y, lejos de pensar en acabarlos, haremos lo que esté a nuestro alcance para fortalecerlos durante nuestro mandato”.

Juan Carlos Mira es el presidente de Asocaña y aunque su actitud frente a las críticas del senador Petro ha sido la de guardar prudente silencio y no hacerle el juego a la polémica, recordó que un estudio de Fedesarrollo de 2019 “indica que en 50 municipios donde tiene presencia el sector, hay una mejor cobertura en educación y salud, así como mejores niveles salariales, además de un PIB per cápita mayor”.

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Similar postura expresó Yitcy Becerra, directora ejecutiva de Acopi para la región: “Nos sentimos desconcertados con los ataques a un sector estratégico. Si hiciéramos un balance de los impactos negativos que causan ciertos sectores en todo el país, no habría industria. Todo debe hacerse con una mirada sensata”.

Seguramente ninguna de estas consideraciones hará que el senador Petro cambie o suavice su postura en torno a ese sector; pero lo que sí se puede anticipar es que en un año electoral el tema continuará como un amargo debate a la industria azucarera.

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