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| 2/10/2018 10:15:00 PM

Las temibles confesiones de los sicarios de Puntilleros

A pesar de las múltiples revelaciones de asesinatos y negocios de narcotráfico, la Justicia inexplicablemente no actúa contra el jefe de esta banda. Tanto, que algunos de los sicarios podrían quedar en libertad.

Helber Marín Romero: confesiones del sicario de la banda puntilleros Las temibles confesiones de los sicarios de Puntilleros

“Puntilla Pachón es una persona demasiado peligrosa, es muy asesino y no dudará en mandar a matar a mi familia por vengarse de mí”. Quien pronunció esta frase en una declaración ante la Fiscalía estaba realmente asustado. No se trata de cualquier persona fácilmente intimidable. De hecho, es un curtido sicario que confesó varios asesinatos.

Se llama Helber Marín Romero. Y la persona a la que se refiere con tanto temor es Mauricio Pachón, alias Puntilla, para quien trabajó durante muchos años coordinando homicidios y embarques de droga. “Yo conocí a Puntilla más o menos para el año 2000. Para los ochenta trabajó como palafrenero de los hermanos Ochoa en Medellín y fue ascendiendo y empezó a traquetear para México y España, tenía negocios en los Llanos Orientales y ahí es donde se hizo más poderoso”, contó Romero a la Fiscalía en una amplia declaración.

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“Con el tiempo, la relación con Puntilla pasó a ser más de amistad y me mandaba a la costa a estar pendiente de los embarques de coca y caletear”, contó Marín a la Fiscalía. “Yo viajé a Maicao y recibí en un parqueadero 720 kilos de cristal. Ahí los revisé y se los entregué a alias Guajaro y él los enviaba en lanchas rápidas para Honduras. Como a los 20 días recibí 550 kilos de cristal de Puntilla. Esa mercancía la llevaban de laboratorios de Puerto Boyacá”, dijo en su relato.

Pero tal vez lo más escabroso de todo lo que contó a la Justicia vino después. “Alexander Sánchez, alias Carraspalda, trabajaba para Puntilla, pero lo mandó matar por un supuesto robo. Le metieron un disparo en la cabeza con una escopeta calibre 12 y lo arrojaron al río Cusiana, a los días apareció el cuerpo orillado. Ya estaba comido por los chulos”, afirmó.

Como este asesinato Marín contó con lujo de detalles muchos más, entre ellos el homicidio de Edwin Pachón, un ciudadano norteamericano, y de Julio Monroy. En cuanto a este, “hubo una revolución porque ese era un ganadero sano. Puntilla muchas veces dijo que quería matar a los hijos de Julio Monroy”, afirmó en su declaración.

Ante las autoridades también contó cómo funcionaba y quiénes integraban el aparato sicarial. “Cepillo, el Flaco Brehiner y Capullo eran las personas encargadas de conseguir las armas para cometer los ilícitos que ordenaba Puntilla, es decir, homicidios, desplazamientos, desapariciones, seguridad para mover los cargamentos de droga y mover el dinero producto del tráfico de drogas”, contó Marín.

Él no ha sido el único en revelar las atrocidades ordenadas por este hombre, señalado por las autoridades de encabezar la banda criminal los Puntilleros, considerada la segunda en importancia en el país después del Clan del Golfo. “Él estaba sentado con dos muchachas, la orden era matar a ese señor y a las dos muchachas. Yo tomé la decisión de solo matar al señor, a las muchachas no les hice nada gracias a Dios. Maté al señor que me dijeron y después resulté involucrado por no matar a esas dos muchachas. Me iban a dar 70 millones y me salieron con 4”, contó también a la Fiscalía alias Gorgojo, otro curtido asesino que relató varios crímenes.

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Puntilla tuvo durante varios años a las autoridades antinarcóticos tras él. Lo consideraban uno de los últimos grandes capos y el reemplazo de Daniel ‘el Loco’ Barrera, extraditado en 2012. Con varios procesos penales en su contra, Puntilla cayó en abril de 2016. Sin embargo, la alegría de los agentes antidrogas de Colombia y Estados Unidos por tener a este hombre recluido en la cárcel de Cómbita terminó convertida en una gran frustración.

Cuando iba a cumplir un año detenido, y en un hecho incomprensible, la Fiscalía nunca lo llevó a juicio por los procesos de homicidio, concierto y tráfico de narcóticos que había en su contra. Y en no pocas oportunidades los fiscales no iban ni siquiera a las audiencias. Por eso, un juez ordenó su libertad.

Poco después de quedar en la calle, en abril del año pasado la Policía capturó a cuatro de sus principales hombres, los más peligrosos y sanguinarios. Una vez más, y a pesar de las declaraciones de Marín, Gorgojo y otros tantos, sorprendentemente estos cuatro asesinos podrían quedar en libertad en poco tiempo. La razón es la misma por la que quedó suelto su jefe Puntilla: la falta de acciones de la Fiscalía, que hará inevitable el vencimiento de los términos. De ese modo, los hombres que dejaron una estela de muerte en Bogotá y los Llanos volverían a las calles, con su consecuencia de vendettas y baños de sangre.n

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